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Reportaje:Primer plano

Argentina, contra sus propios fantasmas

La crisis internacional ya afecta a un país que también arrastra graves conflictos endógenos

General Motors despidió el 24 de octubre pasado a 435 obreros en Argentina, ante las menores ventas a Brasil, contagiado por la crisis mundial. Ese mismo día, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner le ordena que frene los despidos y negocie con el sindicato. Tres días antes, la intervención gubernamental había llevado a que Renault redujera de 620 a 300 el número de contratados que dejaba en la calle. La crisis internacional ya afecta a la economía de Argentina, que además arrastra conflictos endógenos.

"En Argentina, el tema central era la inflación, pero con la crisis internacional ha pasado a ser la actividad económica y el desempleo", observa el jefe local de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Bernardo Kosacoff. De una inflación del 22% o el 24% en 2008 se pasará a una del 14% o el 20% en 2009; de un crecimiento del 7% este año se bajará a uno del 1% al 5%, según los analistas.

"La crisis internacional contagió las expectativas", admite el ex ministro de Economía Aldo Ferrer, profesor de la Universidad de Buenos Aires, "pero la mayor parte de los problemas argentinos no son los que vienen de afuera, como la caída del precio de las materias primas o el impacto de la crisis financiera en Brasil, sino los que están dentro, como la continuidad del enfrentamiento del Gobierno y el campo, la inflación, la credibilidad del Instituto Nacional de Estadística y la nacionalización del sistema privado de pensiones".

La crisis financiera internacional no ha perjudicado directamente a la tercera economía latinoamericana, dado que el Gobierno de Fernández y la mayoría de las empresas argentinas ya carecían de acceso a los mercados voluntarios de deuda y no había fuertes ingresos de capitales como en Brasil. El sistema bancario argentino no se ha resentido porque apenas prestaba a corto plazo a las empresas y a las personas, según explica Osvaldo Cado, economista de la consultora Prefinex. Ese crédito escaso para comprar televisores o prefinanciar exportaciones se ha acotado en las últimas semanas.

Pero Argentina no es inmune a la crisis de la economía real del mundo. Le impacta en los precios de las materias primas, en la demanda de productos industriales, sobre todo los destinados a Brasil, y en las cuentas fiscales, cuyo superávit primario (antes del pago de deuda) depende de los impuestos a la exportación agrícola. Alfredo García, analista del Banco Credicoop, calcula que el superávit comercial de los últimos 12 meses, que fue de 15.000 millones de dólares, habría sido de 6.300 millones si los precios internacionales hubiesen sido los actuales. La soja, el maíz y el trigo se depreciaron entre el 35% y el 45%, después de las marcas históricas batidas en la primera mitad de 2008. Esta caída reduce el consumo y la inversión del sector agrícola.

El Gobierno reaccionó primero ante la depreciación de la soja con un giro hacia políticas ortodoxas para atraer capitales y reducir gastos. Aumentó las tarifas de gas y electricidad para evitar nuevas subidas de los subsidios. Anunció que iba a saldar las deudas impagas desde 2001 con el Club de París (19 países acreedores, incluida España) y con los bonistas que rechazaron el canje con quita de 2005. Pero la reapertura del canje se ha estancado por la crisis internacional. Tampoco se ha concretado el pago al Club de París, para el que se iba a usar reservas del Banco Central, ahora necesarias para afrontar la depreciación del peso ante la salida de depósitos bancarios.

Fernández, aconsejada por su influyente marido y ex presidente, Néstor Kirchner, optó hace dos semanas por abandonar la ortodoxia y anunciar la nacionalización del sistema de pensiones. La jefa de Estado adujo que se busca rescatar a los actuales y futuros jubilados, cuyos ahorros estaban licuándose por las inversiones en títulos públicos y acciones. Fuentes del Gobierno admiten que la nacionalización les facilita casi la mitad de los pagos de deuda de 2009. Para contrarrestar la caída bursátil que produjo la nacionalización, obligaron a los fondos de pensiones a la repatriación de sus inversiones en Brasil.

La nacionalización agravó la salida de depósitos y la compra de dólares (tradicional refugio del ahorrador argentino). En un principio, el Banco Central intentó evitar que el peso se devaluara tanto como el real para evitar más inflación y la fuga de depósitos, pero esta semana no pudo impedirlo, con lo que los industriales de su país consiguieron la protección cambiaria que reclamaban. -

Argentina

- Golpe. Los precios de la soja, el maíz y el trigo, principales productos de exportación, caen entre un 35% y un 45%.

- Ralentización. El PIB crecerá sensiblemente menos, tras la subida del 7% en 2007.

- El peso. La nacionalización de los planes de pensiones presiona a la baja la cotización de la divisa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2008

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