OPINIÓNColumna
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'Animal spirits'

En su comparecencia en el Congreso para analizar la crisis económica, Zapatero habló ante todo de dar confianza. Era muy difícil que lo consiguiera porque, como él mismo señaló, esa crisis se ha instalado "en las sensaciones y temores de los ciudadanos", lo que es "un intangible tan importante o más" que los datos objetivos.

En el mundo de la economía, la psicología prima muchas veces sobre las cifras. La psicosis (al paro, a la pérdida del poder adquisitivo, a la reducción del valor de las propiedades, sean viviendas o acciones...) retroalimenta el ciclo. Es lo que Keynes denominó los "animal spirits" en su Teoría general: el factor irracional, la variable anímica en la determinación del nivel de actividad económica general. Las expectativas de los inversores o de los consumidores se forman basándose en el temor o la confianza comunes. Ese comportamiento son los animal spirits.

Las expectativas se conforman en el temor o la confianza comunes. Por ello es tan útil recuperar la última

Los mismos son difícilmente mensurables. Pero se intenta su medición. El último índice de confianza de los consumidores del Instituto Oficial de Crédito (ICO) -que se elabora consultando a una muestra de un millar de personas-, correspondiente al mes de agosto, manifestaba un cierto respiro en el pesimismo, contra todo pronóstico, por la bajada del precio del petróleo. Pero no es suficiente muleta como para presumir -como hizo Zapatero en el mismo acto- de que los índices de confianza "muestran una notable recuperación de las expectativas de los españoles, de su confianza en el futuro". Si en vez de contemplar un dato tan coyuntural como el de un solo mes se repasa lo sucedido en el último año, la confianza ha bajado abisalmente, nada menos que 35 puntos (del 86,5% al 51,4%).

Ahora que se ha cumplido el séptimo aniversario de los atentados terroristas del 11-S en Nueva York y Washington es buen momento para reflexionar sobre el miedo que se ha instalado en muchas democracias maduras. No sólo miedo al terrorismo, como muchas veces se predica intencionadamente, sino también el temor a la velocidad de los cambios (la globalización) y a la inseguridad económica. Ese "anhelo de seguridad" que los europeos sentían después de las dos guerras mundiales y de la construcción del Estado de bienestar -del que también escribió Keynes- se va diluyendo poco a poco. Y va acompañado por el estupor de que quienes tienen la autoridad y los votos han perdido el control de la situación en favor de fuerzas que están más allá de su alcance. Es difícil teorizar que si España ha pasado en poco más de un semestre de un crecimiento lento al estancamiento, y probablemente a la recesión, no se puedan tomar muchas más medidas de las ya anunciadas por el Gobierno.

Es de ello de lo que se sirven algunas formaciones políticas para sacar provecho electoral. Por ejemplo, propiciando una línea más dura contra el otro, el extraño, el inmigrante ilegal. No sólo en nuestro país y no sólo la derecha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 13 de septiembre de 2008.

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