Reportaje:

Traiciones y falsos amigos entre letras y fotogramas

Un curso analiza las relaciones entre cine y literatura

"Ustedes saben que las cabras comen de todo, ¿verdad? Pues estaban dos cabras en un basurero comiendo todo lo que encontraban y una de ellas estaba engullendo un celuloide. Cuando terminó, le preguntó la otra: '¿Te ha gustado la película?'. 'Me gustó más la novela', le contestó su compañera". Este cuento lo narró ayer el escritor Manuel Vicent como presentación del Curso sobre cine y literalidad (Del texto a la imagen), que se inauguró en Comillas (Cantabria) y que, a lo largo de toda la semana, irá desmenuzando las relaciones, lealtades y traiciones entre el cine y la literatura.

La sesión de ayer contó con víctimas y verdugos, en palabras del director del curso, Manuel Gutiérrez Aragón, es decir, con escritores y cineastas. Moderados por el periodista Ángel Sánchez Harguindey, los realizadores José Luis García Sánchez, José Luis Cuerda y Mario Camus se enfrentaron a un solo enemigo, Manuel Vicent, quien explicó el papel del autor en las adaptaciones cinematográficas. "Lo último que tiene que hacer un escritor es cabrearse, discutir con el director o el guionista. Lo único que podemos desear es buena suerte", aseguró Vicent, delante de García Sánchez, que llevó al cine su obra Tranvía a la Malvarrosa, con guión de Rafael Azcona. Vicent, amante del cine, aseguró que muchos escritores piensan en imágenes cuando escriben. "Todo es cine, todo son imágenes".

"Lo último que debe hacer un escritor es discutir con el director", dice Vicent

García Sánchez quiso aclarar que habría que hablar mejor de películas y novelas, antes que de cine y literatura. El director de Divinas palabras se lamentó de que el cine como fenómeno colectivo esté desapareciendo. "Las emociones compartidas se han perdido".

Mario Camus resaltó la complicación económica a la hora de hacer cine "en un país colonizado y con unos presupuestos ridículos". "En el cine de hoy hay mucha fe y pasión, pero poco dinero", dijo el director de Los santos inocentes, adaptación de la obra de Miguel Delibes, o La colmena, de Camilo J. Cela. "Nunca he tenido problemas con los autores pero sí con sus parientes y herederos", añadió.

Para José Luis Cuerda, que inició su carrera como realizador adaptando para la televisión El túnel, de Ernesto Sábato, y cuya última película rodada es Los girasoles ciegos, basada en la obra de Alberto Méndez, no hay que traicionar la obra original aunque tampoco dejarse encerrar por ella. Cuerda explicó cómo en Los girasoles ciegos, que se estrenará el 29 de agosto, Rafael Azcona y él, autores del guión, decidieron adaptar tres de los cuatro relatos de la obra original y hacer algún cambio necesario para su mejor comprensión en el cine.

Y entre lealtades y traiciones, todos estuvieron de acuerdo en que tanto el cine como la literatura, como el resto de las artes, son cosa de dos, una "fusión erótica vital de dos" en palabras de Manuel Vicent, para quien, mientras la literatura debe dejar espacios navegables para que el lector pueda volar a través de su imaginación, el cine no la deja navegar. "Los personajes en el cine tienen un rostro, la acción es ésa y no otra, el paisaje es el que te enseñan. En el cine la historia te la tienes que creer, en la literatura te la tienes que imaginar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 07 de julio de 2008.

Lo más visto en...

Top 50