El futuro de la animación ya está aquí... y es en 3D

Jeffrey Katzenberg abandera una revolución "similar a la del cine sonoro"

El 3 de abril de 1994 Hollywood sufrió un terremoto del que aún se siente la onda expansiva. Ese día, Frank Wells, el número dos de la compañía Walt Disney, fallecía al estrellarse su helicóptero privado. En aquellos momentos, el gigante Disney se basaba en dos patas: una endeble, la división de las películas con actores de carne y hueso, y otra robusta, la de animación.

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Al mando de esta última división estaba Jeffrey Katzenberg (Nueva York, 1950) y bajo su batuta habían surgido ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, La sirenita, La bella y la bestia, Aladino y El rey león. "Vivíamos el inicio de la segunda edad de oro de la animación; la primera ocurrió con los clásicos de Walt Disney", rememora Katzenberg. Además, él mismo había liderado los acuerdos de compra de Miramax y de cooperación con Pixar. En definitiva, era el heredero natural de Wells. Pero Michel Eisner, el presidente, rehusó promocionarle. Katzenberg presionó, Eisner le pidió su dimisión y fueron a juicio. Resultado: una sentencia que indemnizó con 280 millones de dólares a Katzenberg. Con ese dinero, él, David Geffen y Steven Spielberg fundaron ese mismo año DreamWorks. Y nació un nuevo y poderoso estudio.

Han pasado 13 años. Hoy DreamWorks está dividida en dos partes, al estilo de la Disney de los ochenta. Estos días, Spielberg y Geffen buscan dinero en Bollywood para abandonar el paraguas económico de Paramount, que mantiene a flote la parte de películas normales. La división de animación, independiente desde 2004, vive, según Katzenberg, su consejero delegado, "exclusivamente de la taquilla". Atrás han quedado los malos resultados económicos de El príncipe de Egipto. "Nosotros no buscamos dinero, lo hacemos". Shrek, Bee movie, Madagascar o Vecinos invasores tienen la culpa. Es el triunfo de la animación por ordenador, la CGI.

Y desde el 11 de julio en España volverán a hacer caja con Kung Fu Panda, la historia de un panda patoso que, ironías del destino, va a convertirse en la última gran esperanza de las artes marciales en la China ancestral. Junto a Katzenberg, ayer estaban de promoción en Madrid Jack Black -con su doblador al castellano, Florentino Fernández- y Dustin Hoffman. "Kung Fu Panda es nuestra despedida de las dos dimensiones". Katzenberg se ha convertido en el profeta de la 3D. Claro que con su vehemencia es capaz de convencer a cualquiera de eso, o de todo lo contrario. "Cuando el público empiece en 2009 a ver el resultado, nada será igual. Es un cambio equivalente al salto del mudo al cine sonoro".

La punta de lanza es la animación, el primer género que vivirá tamaño huracán tecnológico. "Algunos exhibidores se resisten a modernizar sus proyectores y eso que el coste es mínimo. El tiempo de parlotear se ha acabado. Esto no es una evolución, es la revolución. Algunos creemos en ella, otros dudan y se quedarán atrás en cuanto lleguen los resultados". Katzenberg mete el dedo en la llaga económica. "La gente está dispuesta a pagar más por la experiencia 3D. Y quien salte primero al futuro será quien prospere más". Con este "quien", el cineasta se refiere a todos los responsables de la industria, desde exhibidores a cineastas, distribuidores, productores... "El mundo siempre ha funcionado igual: el primero que reacciona ante una oportunidad de negocio se forra". Katzenberg es de fiar como visionario: él encabezó el advenimiento de la animación por ordenador, la CGI, y actualmente ningún estudio dibuja a mano un filme. "La CGI es el género cinematográfico más popular en todo el mundo. Desde el estreno de Toy story en 1995, la media de beneficios de este género es de 450 millones de dólares. ¡La media! Nunca se ha visto nada igual en la historia". Por de pronto, ya augura que Kung Fu Panda estará entre los cinco filmes más taquilleros de esta temporada, junto a Magadascar: escape 2 Africa (también de su empresa) o Wall.e, el gran estreno de Pixar.

En este mundo de ordenadores, ¿dónde quedan la creatividad y los artistas? "Cada detalle de Kung Fu Panda ha nacido de la imaginación de un artista. Es una carta de amor a un precioso país, China, y a una hipnótica civilización. El ordenador es una herramienta". Por eso contratan a actores como Angelina Jolie o Dustin Hoffman: "No buscamos dobladores, queremos a los mejores intérpretes. ¿Quién rechazaría a Tom Hanks?". Katzenberg, define su trabajo como el de un entrenador de fútbol. Americano, por supuesto: "Antes era el quarterback, y en el futuro me empujarán al palco". También asegura que admira a sus rivales de Pixar: "Apoyé sus inicios. ¡Qué más puedo decir! Vivimos una sanísima competición por mejorar la animación. Hay sitio en las salas para todos". Y el profeta finaliza sus enseñanzas.

Jeffrey Katzenberg, ayer en Madrid promocionando <i>Kung Fu Panda. </i>
Jeffrey Katzenberg, ayer en Madrid promocionando <i>Kung Fu Panda. </i>CLAUDIO ÁLVAREZ

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 24 de junio de 2008.

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