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Reportaje:

300 alcaldes tienden puentes por la paz

Regidores de ciudades conflictivas de 70 países aprenden en La Haya a superar juntos sus problemas

El hermanamiento que unió a muchas ciudades francesas y alemanas, después de la II Guerra Mundial, ayudó a evitar futuros enfrentamientos bélicos. El gesto, entonces de gran carga simbólica, se ha convertido en un movimiento de gobiernos locales que aúnan fuerzas para prevenir conflictos, recuperar la convivencia y promover la paz. El grado de diálogo que ello requiere ha quedado patente durante la primera Conferencia Mundial sobre la Diplomacia de las Ciudades, que ha reunido esta pasada semana en Holanda a 300 alcaldes de 70 países. Nada más encontrarse en este nuevo foro, el regidor palestino de Belén instó al israelí de Lehavim "a tender puentes, en lugar de levantar muros".

La Haya hospedó y organizó la conferencia. Víctor Batarsé, llegado de los Territorios Palestinos, afirmó: "Todos los alcaldes queremos influir para solucionar un conflicto que repercute en la paz y estabilidad internacionales, no sólo de Oriente Próximo". A su lado, Eli Levy, procedente del sur de Israel, respondió: "Acercarse al ciudadano contribuirá a romper el nudo que nos separa". Ambos regidores buscaron con el resto de sus colegas un espacio que permita a todos cooperar sin invadir las competencias gubernamentales, con una labor reconocida, incluso por la ONU.

Abdul Kadum Judair Ayel, presidente de la Asociación iraquí de Gobierno Local, con 11 años de cárcel a cuestas por orden del ajusticiado dictador Sadam Husein, se miraba en Indonesia para resolver "el problema plural, ya sea sectario, político o religioso de Irak". En su opinión, Al Qaeda no ha conseguido doblegar a sus compatriotas porque en el corazón del país, las distintas etnias, los cristianos y los musulmanes están mezclados. "Y no se puede destruir con bombas la humanidad ni el amor".

Preparada también por la Organización Mundial de Gobiernos Locales y Ciudades (CGLU, radicada en Barcelona) y la Asociación de Municipios de los Países Bajos, la conferencia produjo una declaración final traducida al lenguaje llano por Josias van Aartsen, alcalde de la urbe anfitriona. "Se trata de animar desde dentro una cultura de la paz. Algo obligado para un lugar como éste, capital de la justicia internacional".

Jesús Ramírez (Teniente alcalde de Medellín): "Si la cocaína no gustara tanto, todo sería más fácil"

Jesús María Ramírez Cano sonríe sin sarcasmo cuando dice que "las guerras estallan donde hay recursos, ya sean petróleo o diamantes. Pero en Colombia, el conflicto armado lo alimenta el narcotráfico". Ramírez vive el flagelo de la droga desde la mejor atalaya, la ciudad de Medellín, con 2,35 millones de habitantes, de los que al menos 1,2 millones son pobres. La urbe colombiana en la que Ramírez ejerce como teniente de alcalde es la segunda receptora de desplazados por culpa del conflicto armado del país. Sólo le aventaja la capital, Bogotá. "Hay un problema grave de desigualdad. La gente llega en busca de refugio y oportunidades, y acaba instalada en las laderas del valle donde se asienta la ciudad. Como es la zona más deprimida, muchos jóvenes se convierten en la mano de obra de los narcos", señala.

En una urbe donde más del 30% de los habitantes no ha cumplido 25 años, "la inversión en educación, seguridad y salud han aumentado desde que ocupan el consistorio alcaldes independientes, como el actual, Alonso Salazar, libres de deudas con el pasado". Pero aunque los turistas empiezan a regresar y la seguridad ciudadana ha mejorado -de 96 asesinatos por cada 100.000 habitantes en 2003 se ha pasado a los 28 de 2007- Ramírez no se engaña. "Si la perica colombiana [coca] no gustara tanto en EE UU o en España, sería todo más fácil. Si bien legalizarla convertiría en un paria al país que lo intente, aprobarla y regularla a escala internacional tal vez contribuya a reducir la asimetría de las relaciones norte-sur", sugiere.

Herbert G. Williams (Alcalde de Freetown): "La pobreza que padecemos se deriva de la violencia"

Freetown, capital de Sierra Leona, una de las ciudades más sucias y violentas del planeta, acudió a la Conferencia Mundial sobre la Diplomacia de las Ciudades en busca de fórmulas para liberarse de ese peso. "Yo he nacido en Freetown y he vivido aquí siempre. Y puedo decirle que la pobreza que padecemos se deriva de la violencia", dice de entrada Herbert George Williams, el alcalde más animoso de la gran cita municipal. "Después de 11 años de guerra civil con miles de muertos y desplazados, donde antes había 400.000 personas viven ahora 1,8 millones, la mitad analfabetos. Y no hay suficientes casas, ni escuelas o agua potable para todos".

Sin perder la sonrisa, el alcalde de Freetown desgrana el resto de su abrumador glosario de datos deseoso de compartir sus problemas con el resto de alcaldes. "Éramos la ciudad más sucia y oscura del mundo, y la que tenía la mayor tasa de mortandad infantil de cero a cuatro años. Las cosas van mejorando, pero el 65% de nuestros habitantes tienen entre 18 y 25 años y el índice de paro es de un 52%. La mayoría son ex combatientes, y por eso pienso que experiencias de reconstrucción civil como las de América Latina nos serán muy útiles".

Entre los proyectos que él patrocina resaltan los trabajos temporales destinados a jóvenes sin autoestima después de tantos años de conflictos. "Nuestro reto es enorme, pero hay que mirar hacia delante. También tenemos las mejores playas del mundo, y cuando los turistas puedan disfrutarlas, sabremos que el cambio ha empezado a producirse", asegura esperanzado.

Abdul Ahad Sahebi (Alcalde de Kabul): "Los talibanes no encajan con la mentalidad afgana"

Lleva cuatro meses como alcalde de Kabul y ha vivido en Inglaterra y en Dubai, pero Abdul Ahad Sahebi, tiene claro quién echó a los talibanes de su ciudad. "Fue la gente. Se habían metido a la fuerza en la sociedad y el sentir general, pero la mentalidad de la ciudadanía, era otra. Ellos no encajan con la mentalidad afgana", asegura. Está convencido de que 30 años de lucha son demasiados para cualquier comunidad y las cosas sólo pueden mejorar.

"Aún no tenemos la libertad de los europeos, claro. Y no hemos recuperado ni una cuarta parte de la tasa de actividad de hace tres décadas, pero la vida en Kabul es mejor que hace un año". Según él, la esperanza se nota en la calle, y si bien faltan servicios y el resto del país aún va por detrás de la capital, "la presencia de las mujeres en la vida cotidiana, la actividad escolar y hasta el volumen de familias extranjeras residentes es notable".

Como sucede en otras urbes receptoras de refugiados de la violencia, Kabul rebosa de gente. "Estaba pensada para un millón de habitantes y alberga más de cuatro. La red eléctrica urbana, y la de suministro de agua tienen problemas, pero los avances en ambos servicios son imparables. Y en cuanto a la seguridad, se nota en la presencia de gente por la calle pasadas las 20.00 horas".

Holanda no sólo contribuye económicamente a la reconstrucción de Afganistán, sino que también tiene 1.200 soldados en el sur del país -como parte de la misión de la OTAN- para combatir a la insurgencia talibán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de junio de 2008

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