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Berlusconi rectifica y renuncia a criminalizar a los 'sin papeles'

La inmigración ilegal no se considerará delito, como anunció el Gobierno italiano, pero sí agravará en un tercio una condena por otros motivos

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, volvió a sorprender ayer a propios y extraños al dar marcha atrás a una de las medidas más polémicas con las que se ha estrenado su Gobierno: la tipificación como delito de la inmigración ilegal. "Personalmente creo que no se puede perseguir a nadie por permanecer irregularmente en nuestro país condenándolo a una pena, pero sí puede ser una agravante si se comete un delito", afirmó Berlusconi tras reunirse en el Palacio Chigi, sede de la Presidencia del Gobierno, con el jefe del Estado francés, Nicolas Sarkozy.

Berlusconi no pareció sentirse concernido por el hecho de que esta reforma figure en el proyecto de ley que su Gabinete ha enviado al Parlamento, como parte de un paquete de medidas para endurecer la lucha contra la inmigración ilegal y atajar la inseguridad ciudadana. Las críticas le habían llovido en los últimos días desde los más distintos ámbitos, del Vaticano a la ONU. "El Parlamento es soberano y decidirá con buen sentido", se limitó a declarar el primer ministro.

Decisión inesperada

La rectificación de Il Cavaliere dejó estupefacto a su propio ministro del Interior, Roberto Maroni, quien recordó que el primer Consejo de Ministros presidido por Berlusconi, celebrado el pasado 21 de mayo en Nápoles, aprobó por unanimidad esta reforma, que preveía castigar con una pena de entre seis meses y cuatro años de cárcel "a todo extranjero que se encuentre en el país en situación irregular". No menos desairado queda el Parlamento, que deberá rechazar una iniciativa de su propio Gobierno. El Pueblo de la Libertad y sus aliados gozan de mayoría absoluta en las dos cámaras.

En realidad, el agravamiento en un tercio de la pena para los inmigrantes que sean condenados está ya en vigor, pues se aprobó por decreto, y suscita al menos tanto rechazo entre los juristas como el delito de inmigración ilegal, debido a su carácter discriminatorio.

Berlusconi recibió a Sarkozy como anfitrión de la cumbre de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), que reúne en Roma a medio centenar de jefes de Estado y Gobierno. En ese marco, mantuvo una entrevista de poco menos de media hora con el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, la primera entre ambos tras el regreso de Berlusconi al poder y tras la polémica levantada por las críticas de miembros del Gobierno español a las medidas de corte xenófobo del Ejecutivo italiano. "Nos hemos visto y hemos aclarado inmediatamente que no hay nada entre nosotros. ¡Faltaría más! Somos dos países amigos y los dos responsables del Gobierno también lo somos. No hay ninguna sombra en nuestras relaciones", declaró el primer ministro italiano en una breve comparecencia conjunta.

Aunque sellaron su reconciliación con un apretón de manos, Zapatero se distanció de la política migratoria de su anfitrión. "A mí no me verán anunciando grandes reformas legislativas, pero sí multiplicando la ayuda al desarrollo", explicó en una posterior rueda de prensa, flanqueado por la ministra de Medio Ambiente Rural y Marino, Elena Espinosa, y por la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Leire Pajín. Zapatero evitó criticar la política de Berlusconi, pero puso en duda su eficacia. "Ojalá bastara una ley nacional

[para solucionar el problema]", dijo, tras recordar que él ha aplicado la misma ley de Extranjería vigente en la etapa del PP y, pese a ello, ha duplicado las repatriaciones de indocumentados.

"Seguramente no estaremos de acuerdo en todo", admitió Zapatero, tras invitar a Berlusconi a trabajar juntos para abordar este problema. La aprobación de un pacto sobre inmigración es uno de los principales temas que Sarkozy ha incluido en la agenda de la presidencia francesa de la UE, en el segundo semestre de este año. El presidente francés ha eludido criticar las reformas italianas pero, en una entrevista en La Repubblica, incidía en el fortalecimiento de la agencia europea de fronteras, Frontex, y en la renuncia a las regularizaciones masivas, como la que realizó España en 2005.

Furia en la Liga Norte

La inmigración ilegal sólo será agravante, no un delito. Silvio Berlusconi, que hasta ahora no había pronunciado la palabra inmigración, reventó ayer en un minuto sus propios planes y sobre todo los de la Liga Norte, impulsora del llamado paquete de seguridad que ha sido la bandera del Gobierno en los primeros días de legislatura. El partido del ministro del Interior, Roberto Maroni, que el día anterior había declarado en la fiesta mayor de la Padania que la Liga no retrocedería "un milímetro" en su política migratoria, se ponía ayer furioso al conocer la posición de Berlusconi.

La marcha atrás del primer ministro satisfizo al líder de la principal fuerza de la oposición, el Partido Demócrata, Walter Veltroni: "Berlusconi da la razón a todo lo dicho por la oposición y a otras voces críticas". La ex ministra Rosy Bindi fue más cáustica: "O Berlusconi ha cambiado de idea después de oír a la ONU y a la Iglesia, o ha engañado a muchos electores, sobre todo de la Liga".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de junio de 2008

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