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Crítica:La lidia | Feria de San Isidro

Herido muy grave El Ruso

El drama volvió ayer a la plaza de Las Ventas en forma de cornada al subalterno granadino Juan José Rueda, El Ruso -un gran banderillero, por otra parte-, que fue perseguido por el primer novillo tras pasar en falso en un par de banderillas hasta que lo alcanzó, lo arrolló y le produjo una herida en la región anal con rotura total del esfínter, desgarro del recto de 15 centímetros y lesión isquiorrectal de 20 centímetros. Además, sufrió fractura del coxis y una contusión en la región parietal izquierda. El pronóstico es muy grave.

Hubo tres novilleros con muchas ganas, desigual fortuna y compartida inexperiencia. A ninguno de los tres se les puede acusar de falta de entrega. Y seis novillos con cuajo de toros que ofrecieron un juego muy variado. Al cuarto se le dio la vuelta al ruedo, un honor que no mereció por su mal comportamiento en el caballo, pero derrochó casta, codicia y fijeza en la muleta; muy noble fue el quinto, pero una voltereta lo dejó lisiado, y algo parecido le ocurrió al sexto, al que le pegaron en varas tras derribar al picador, y quedó para el arrastre. Pero fue una novillada interesante, a la que tres chavales plantaron cara con valentía e ilusión.

Guadaira / El Sombrerero, Rodríguez, Más

Novillos de Guadaira, bien presentados; mansos y descastados los tres primeros; encastado el cuarto, al que se le dio la vuelta al ruedo, y nobles los dos últimos.

Manuel Ocaña El Sombrerero: cuatro pinchazos —aviso— y un descabello (silencio); estocada perpendicular y caída y un descabello (oreja).

Juan Luis Rodríguez: estocada (división de opiniones); cuatro pinchazos —aviso— y tres descabellos (silencio).

José Manuel Más bajonazo (ovación); estocada (silencio)

Plaza de Las Ventas. 26 de mayo. 19ª corrida de San Isidro. Casi lleno.

La lotería le tocó a El Sombrerero -este rancio apodo no parece el más afortunado para un torero del siglo XXI-, con el cuarto de la tarde, un novillo que le ofreció la posibilidad de dejar de vender sombreros, si es que los vende, y firmar las escrituras de un cortijo mientras luce un sombrero de ala ancha. Grosero se llamaba de nombre y era una máquina de embestir, con una codicia admirable, fijo y largo en la muleta, incansable de principio a fin.

El Sombrerero se puso en el sitio adecuado y lo toreó con limpieza y largura en varias tandas de magníficos derechazos, corriendo bien la mano, aunque siempre sobresalió la calidad del novillo sobre la profundidad de los muletazos. Destacó también por naturales, aunque no era el izquierdo el mejor pitón del toro, y en unos ayudados finales henchidos de elegancia. Mató mal, y quedó en el ambiente la sensación de que el claro vencedor había sido su oponente. Es decir, tuvo la mala suerte de que le tocara un novillo encastado en Madrid. Siete años lleva el chaval como novillero, y ayer perdió la oportunidad de su vida.

Se presentaba Juan Luis Rodríguez, que maneja con soltura y gracia los engaños, y así lo demostró ante el noble quinto, y volvía José Manuel Más, que se encontró con el lote más inservible. Tiene, no obstante, maneras de torero elegante y sentido del temple, que no es poco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2008