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El conflicto colombiano

Alfonso Cano se hace con el control de la guerrilla

El nuevo jefe está considerado un intelectual con dotes de negociador

La muerte de Pedro Antonio Marín, Tirofijo, sorprende a las FARC en su peor momento político, militar y operativo en sus 44 años de existencia. Nadie duda de que su sucesor tendrá serias dificultades. Sobre todo porque el hombre designado por el Secretariado, Alfonso Cano, no tiene el carisma ni la proyección del fundador de las FARC. La biografía de Guillermo Sáenz, su verdadero nombre, ofrece el perfil de un comisario político curtido en las filas del Partido Comunista antes de empuñar las armas, hace casi tres décadas.

Cano ordenó el asesinato de 40 de sus hombres y diversos atentados

Jefe del Bloque Occidental, Cano, de 59 años, nacido en Bogotá y con estudios de Antropología, siempre fue considerado el "intelectual" del grupo armado. Figuró como negociador en los frustrados diálogos sostenidos desde 1991 y creó el llamado Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia y el Partido Comunista Clandestino (PC3), herramientas de infiltración y expansión política de las FARC. Por eso se le ha ubicado tradicionalmente en el ala política de la guerrilla, frente al ala militar, encabezada por Jorge Briceño, alias el Mono Jojoy, mano derecha de Tirofijo.

De ahí que algunos analistas vean en su designación una señal de esperanza para una eventual negociación. "Las posibilidades militares de las FARC están destruidas. Con Cano e Iván Márquez [otro miembro del Secretariado] se podría flexibilizar el tema del intercambio humanitario como puerta de entrada a un diálogo de paz", sostiene Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia. Lo cree también Carlos Lozano, director del semanario comunista Voz y con contactos en la organización, que predice que el nuevo jefe máximo "pondrá un acento más político a la conducción" de la guerrilla.

Otros analistas no ven las cosas tan claras. "No creo en esa división entre buenos y malos, entre unos líderes dialogantes y duros", señala desde París Eduardo Mackenzie, periodista experto en las FARC. "El Mono Jojoy nunca fue un hombre de diálogo, se le conoce por su brutalidad, ha ordenado el asesinato de secuestrados que no pagan rescate y el exterminio de un centenar de alcaldes que no se plegaron a las FARC. No tiene capacidad ni recursos intelectuales para manejar el diálogo. Y Cano es puro producto de las Juventudes Comunistas. Sí hay división, pero en cuanto a perspectivas militares a largo plazo".

El perfil intelectual de Alfonso Cano se entremezcla con episodios tenebrosos, como el asesinato de 40 de sus hombres, a los que sometió a un consejo de guerra, o con sus deseos de reforzar su liderazgo militar con atentados. Fue Cano, también, el primero en sugerir la desmilitarización de dos municipios como requisito para una negociación con Álvaro Uribe, algo que el Gobierno descarta por completo.

Sin embargo, la presión sobre la guerrilla puede llevar a la actual dirigencia a la búsqueda de una "salida realista". "La muerte de Tirofijo va a agudizar las tensiones que existen entre los miembros del Secretariado y entre el Secretariado y los frentes. Hay peleas entre ellos por el dinero del narcotráfico y por el poder", señala Eduardo Mackenzie.

Lo que parece evidente es que un futuro diálogo para la liberación de los secuestrados y la desmovilización se hará en las condiciones que marque el Gobierno, cuya propuesta de una zona de encuentro sin armas y con delegados internacionales no mereció siquiera la respuesta de las FARC. En abril pasado, Álvaro Uribe advirtió a Alfonso Cano, al que llamó "filósofo del terrorismo", que iban por él. Con el Ejército pisándole los talones, ahora le ha pedido que no desaproveche la oportunidad "y entre por la puerta del diálogo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de mayo de 2008