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Crítica:LAS VENTAS

Un atisbo de primavera

Entretenida la corrida del Domingo de Ramos en Las Ventas. El ganado de Los Recitales era grandón y no muy rematado, pero embistió y no se cayó más de la cuenta. Sobre todo los dos primeros, que, por desgracia, les pillaron fríos a Uceda y Abellán y no acabaron de aprovecharlos. Uceda pensaba en las torrijas que hacen en su casa en Jueves Santo y decidió que nada le iba a impedir comerse unas cuantas; desde luego, los puñales con los que amenazaba el primero de la tarde, no.

A pesar de todo, el toro era tan boyante que al enésimo envite hasta se decidió a estirarse por la derecha, dada la claridad de su embestida y lo poquito feo que hacía. En su segundo fue otro cantar, y ahí sí le compensó arriesgar ante la calidad del pitón izquierdo de su enemigo. Y vimos al mejor Uceda torero-escultor pegar-esculpir tres series de naturales hondos y templados, barriendo el albero con la muleta, y sintiendo el trance, como debe ser. Les faltaron algo de limpieza y un poquito de continuidad, pero verle cargar la suerte a paso de Macarena fue toda una premonición de la época procesional en la que estamos. El estocadón que recetó tras un pinchazo fue de monumento.

Los Recitales / Uceda, Abellán, Juan Bautista.

Seis toros de Los Recitales, que dieron buen juego en general. Bravos primero y segundo.

Uceda Leal: estocada (saludos desde el tercio); pinchazo y estocada (ovación y aludos). Miguel Abellán: media tendida y cuatro descabellos (silencio); estocada (silencio). Juan Bautista: estocada (ovación y saludos); pinchazo hondo y descabello (silencio).

Plaza de toros de Las Ventas. Domingo, 16 de marzo. Media entrada.

Abellán continúa en la misma actitud descentrada e incierta que se le vio en la temporada anterior. Al primero, ni lo vio, a pesar de estar tan encima de un animal que pedía sitio a gritos. En el segundo estuvo más voluntarioso, pero su enemigo no tenía las mismas cualidades de su primero y la cosa quedó en eso: voluntad.

Lo más interesante de la tarde lo hizo, sin duda, Juan Bautista a su primero. Un colorado que acudió al caballo y a las telas, pero que, en llegando a ellas, perdía su fijeza y punteaba sin cesar. Hizo el francés un trabajo casi de orfebre, puntilloso y detallista, y con su excelente técnica enseñó a embestir al burel con cuidado y temple. Así aprovechó al máximo las embestidas para mostrarse cadencioso y suave como una promesa de la primavera. Las condiciones del toro no eran para que el respetable se electrizara, pero sí para admirar el meticuloso trabajo que se tomó el francés para meterlo en el canasto y hacer con él lo que le apeteciera.

La palabra "maestro" se venía a las mientes con facilidad, aunque aquello no conectara del todo con los tendidos. El estocadón que recetó no logró levantar los ánimos del público más allá de obligarle a saludar desde el tercio, aunque, desde luego, mereció la vuelta al ruedo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 2008