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Bob Wilson apuesta por el lenguaje visual en 'La dama del mar'

Bob Wilson, uno de los grandes nombres de la escena internacional, habló ayer en Sevilla de su forma de entender el teatro como un todo, "un lenguaje visual que es universal", para presentar el estreno de La mujer del mar, un texto de Susan Sontag basado en la obra de Henrik Ibsen, que podrá verse en el teatro Lope de Vega de Sevilla la próxima semana, del 12 al 15.

Y para explicar cómo el teatro occidental ha obviado lo visual y se ha centrado en la palabra, Wilson contó con la ayuda de una bailarina balinesa que puede mover los ojos de 250 maneras, de una cantante de la ópera de Pekín que hace hasta 700 movimientos con la manga de su kimono o del desaparecido ministro de Cultura francés André Malraux. El propio Wilson, con asombrosa capacidad para gestionar los tiempos y los silencios, fue ayer todos ellos en un híbrido entre conferencia de prensa y perfomance.

"El teatro occidental ha sido esclavo de la literatura"

El artista americano, autor de la ópera Einstein on the beach junto a Philip Glass, dirige una versión en castellano de La dama del mar que protagonizan Ángela Molina y Manuel de Blas y que también podrá verse en Madrid, en las naves del Matadero del 27 de marzo al 27 de abril. "André Malraux me dijo una vez que el teatro occidental ha sido esclavo de la literatura. Me costó un tiempo entenderlo, pero por fin lo hice: se cree que las obras son las palabras. Sin embargo, cuando ves el teatro de China, Japón, India, Indonesia, África o Brasil, te das cuenta de que todos tienen un lenguaje visual propio. Cada uno puede expresar de cientos de formas diferentes el llanto, la alegría o simplemente cómo caminar sobre el escenario y todos esos lenguajes son universales, porque la verdad es universal", explica Wilson, quien ha presentado en el teatro Central de Sevilla dos de sus espectáculos: Black rider, en 1992, y su monólogo Hamlet, en 1996.

Para recrear la historia de una criatura extraña que viene del mar, "quizás una sirena", Wilson, que firma la dirección, escenografía e iluminación, ha contado con la música de Michael Galasso y el vestuario de Giorgio Armani.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de marzo de 2008