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Crítica:EQUIPAJE DE BOLSILLO

Cómplices felices

El cine siempre ha buscado la alianza con la literatura. Con la novela. Ha sido un espejo con el que ha crecido. No sólo en su estructura y forma de contar historias, sino también para inspirarse en ellas. Una alianza que aumenta cada vez más. Y una manera de conocer sus orígenes es ir a las páginas que inspiraron películas actuales y que ya están en ediciones de bolsillo: No es país para viejos, Expiación, Hacia rutas salvajes y Canciones de amor en Lolita's Club.

Las dos primeras son novelas de dos de los mejores escritores contemporáneos: Cormac McCarthy (Estados Unidos, 1933) e Ian McEwan (Reino Unido, 1948). Obras popularizadas ahora por el cine, pero cuyo gran valor primigenio descansa en la creación literaria. Las dos son fieles reflejos de sus universos artísticos. En No es país para viejos, McCarthy muestra la cruda realidad del mundo fronterizo real y moral en que vive el hombre. De la corrosión del ser humano. Lo hace con pulso firme y diálogos memorables que liberan preguntas y dudas que escarban en la hondura del ser para mostrar lo feo y condenable. Un relato de aires sentenciosos que explora el lado marginal, delictivo, donde se trastocan y corrompen los valores; aquí desencadenados cuando un cazador y veterano de Vietnam descubre una matanza de narcos y en medio de ella un maletín con dos millones de dólares. A partir de ahí, McCarthy sigue el rastro de miedo y sangre que persigue a este cazador en su huida, y de un asesino, Chigurch, que intenta recuperar el dinero para sus jefes. Un thriller de resonancia filosófica, cuya versión cinematográfica firman los hermanos Coen, con Javier Bardem en el reparto, y ocho candidaturas a los premios Oscar que se entregarán el próximo día 24 en Los Ángeles.

En Expiación, McEwan explora en fronteras más íntimas; reconocibles. Las que pueden desatar el egoísmo, la incomprensión, el amor frustrado y el despecho, que nace de un malentendido y que sepultará una relación poco antes de la II Guerra Mundial. Una travesía literaria en la que el autor inglés ilumina los escondrijos de emociones y sentimientos humanos, y que le sirve para repasar momentos clave del siglo XX. Culpas íntimas y de la humanidad, expiaciones personales y colectivas, en una adaptación al cine que corre por cuenta de Joe Wright y que aspira también a ocho oscars.

De descubrimientos de la vida y del mundo va Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer. La historia de un muchacho que dona su fortuna para ir a pie en busca del paraíso perdido, de la vida natural, salvaje, rumbo a Alaska. ¿Un ingenuo? ¿Un insensato? ¿Un idealista? Una aventura que Krakauer escribió en un reportaje y que Sean Penn ha llevado al cine.

Por la parte española ya se pueden leer en ediciones de bolsillo Canciones de amor en Lolita's Club, de Juan Marsé, adaptada el año pasado por Vicente Aranda; y Soldados de Salamina, de Javier Cercas, filmada en 2003 por David Trueba.

Pero aunque el cine contribuya a la popularización de estos y otros libros, se trata de dos expresiones artísticas incomparables por tener diferentes soportes creativos. Un libro no puede ser mejor que una película, y sólo se puede comparar objetivamente con otro libro. Y una película sólo puede ser mejor que otra película o, en cualquier caso, compararse con otra adaptación. Lo que importa es la historia y cómo se cuenta. Si es eficaz ese argumento y ese cómo dentro del universo cinematográfico. Aunque la tentación de comparar es constante.

No es país para viejos. Cormac McCarthy. Traducción de Luis Murillo. Debolsillo. Barcelona, 2008. 242 páginas. 7,95 euros.Expiación. Ian McEwan. Traducción de Jaime Zulaika. Quinteto. Barcelona, 2007. 440 páginas. 8,50 euros. Hacia rutas salvajes. Jon Krakauer. Traducción de Albert Freixa. Bolsillo Zeta. Barcelona, 2008. 285 páginas. 10 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de febrero de 2008