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Musharraf cuelga el uniforme para seguir en el poder

El principal líder opositor de Pakistán dice que la decisión llega tarde

Pakistán recibió ayer casi con indiferencia la decisión de Pervez Musharraf de quitarse el uniforme y traspasar el mando del poderoso Ejército paquistaní a su hasta ahora número dos, el general Ashfaq Pervez Kiyani. Para muchos, como el líder de la Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N), Nawaz Sharif, "ya es demasiado tarde" y lo mejor que podría hacer Musharraf es abandonar el poder y dejar que se celebren elecciones "limpias, democráticas y sin interferencias".

Pakistán recibió ayer casi con indiferencia la decisión de Pervez Musharraf de quitarse el uniforme y traspasar el mando del poderoso Ejército paquistaní a su hasta ahora número dos, el general Ashfaq Pervez Kiyani. Para muchos, como el líder de la Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N), Nawaz Sharif, "ya es demasiado tarde" y lo mejor que podría hacer Musharraf es abandonar el poder y dejar que se celebren elecciones "limpias, democráticas y sin interferencias".

Musharraf, que ha permanecido nueve años al frente del Ejército -llevaba un año cuando dio el golpe de Estado de 1999- se despidió ayer en una solemne ceremonia en el Cuartel General de Rawalpindi (la antigua capital, muy cercana a la actual) de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire. "El sistema continúa, unos van y otros vienen, todos tenemos que irnos, todo llega a su fin, todos somos mortales", dijo lloroso al abandonar una institución en la que entró hace 43 años.

La ex primera ministra y líder del Partido Popular de Pakistán (PPP), Benazir Bhutto, consideró el fin del régimen militar como "un paso" en el proceso de democratización del país. Bhutto, que aún no ha decidido si boicoteará las elecciones previstas para el 8 de enero, volvió a exigir el fin del estado de emergencia y la restauración de la Constitución, suspendida el día 3.

Musharraf, de 64 años, jura hoy como presidente civil, después de que el Tribunal Supremo, con los nuevos jueces nombrados por él, validara el resultado de las elecciones presidenciales del 6 de octubre. Los votantes fueron los diputados de la Asamblea Nacional y de las cuatro provinciales, dominadas por el partido fundado por Musharraf en 2002, la Liga Musulmana de Pakistán-Q (PML-Q).

La dictadura, y sobre todo estos últimos 10 meses, ha destruido los poderes Legislativo y Judicial y dejado al país es una situación muy inestable. Pakistán se encuentra sumido en una profunda crisis política -los partidos están mutilados-, sociológica -con un aumento del radicalismo islámico- y económica -se ha ampliado la brecha entre ricos y pobres, que forman el 74% de los 165 millones de habitantes.

Un grupo de oficiales en la reserva, entre los que se encuentran dos ex jefes de la Fuerza Aérea, uno de la Marina y seis tenientes generales, pidieron ayer a Musharraf que abandone definitivamente el poder. Muchos de los representantes diplomáticos occidentales también consideran que "lo mejor que podría hacer por el país es dejar la presidencia".

En un duro editorial, The Nation asegura que "una amplia parte del país se siente traicionada" por Musharraf. El diario critica sus "métodos represivos" y el "uso excesivo de la fuerza".

"El hecho de que cuelgue el uniforme no afectará a la guerra que mantenemos contra el terror. El objetivo de nuestra política es la eliminación de los terroristas, que continuará adelante sin problemas", afirmó el portavoz del Ministerio del Interior en funciones, el comandante en la reserva Yaved Iqbal Chima. Ajeno a las críticas, Musharraf pronunció un emotivo discurso en el que aseguró que Pakistán "no puede sobrevivir sin su Ejército".

El nuevo hombre fuerte

Después de la enorme impopularidad de Pervez Musharraf, el ascenso del general Ashfaq Pervez Kiyani, de 55 años, ha sido acogido con satisfacción por el poderoso Ejército paquistaní. Kiyani es un militar muy respetado no sólo en las filas castrenses sino también en los distintos círculos del poder y de la sociedad, tal vez porque hasta ahora se ha mantenido al margen de la política. Se le atribuye una "lealtad absoluta" a quien ayer le cedió el mando, pero también fue consejero militar del primer Gobierno de la líder opositora Benazir Bhutto (1988-1999) y fue quien negoció el acuerdo Musharraf-Bhutto, roto tras la declaración del estado de excepción, el pasado día 3.

Su carrera militar la hizo en EE UU, que le considera un "moderado". Recientemente se manifestó más partidario de impulsar el diálogo en las talibanizadas zonas tribales que de los bombardeos sistemáticos impuestos por la guerra contra el terrorismo financiada por Washington. Entabló buenas relaciones con los servicios de inteligencia estadounidenses destacados en los años en que los talibanes luchaban contra los soviéticos (1979-1989), pero luego fue jefe del ISI, muy criticado por la Administración de Bush por su afinidad con el islamismo radical.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de noviembre de 2007

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