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El compromiso social de Mayorga logra el Nacional de Teatro

El jurado reconoce su influencia en la internacionalización de obras españolas

"Los premios, más que un refrendo de lo que has hecho, suponen una gran exigencia para el futuro, así que tengo claro debo trabajar mucho de aquí en adelante para merecer éste que me han dado. Siento que hay gente que tiene confianza en mí y no puedo defraudar". Así se expresaba ayer el filósofo, dramaturgo y matemático Juan Mayorga (Madrid, 1965) nada más conocer que había sido galardonado con el Premio Nacional de Teatro 2007, que anualmente concede el Ministerio de Cultura y está dotado con 30.000 euros.

Sus obras están hoy en teatros de París, Oslo, Sens, Buenos Aires y Bilbao

"Construimos ficciones desde las cuales la gente revisa su vida"

Estaba en Barajas cuando le llamó el ministro César Antonio Molina. Venía de Bilbao, donde se está representando hasta el día 24 Fedra, montaje protagonizado por Ana Belén y dirigido por José Carlos Plaza en una versión ideada por el propio Mayorga. Al igual que en todos sus textos, habla de la actualidad sin por ello hacer periodismo.

"Estoy realmente sorprendido, me alegra y me emociona, no paro de pensar en la gente que desde que soy muy joven me ha alentado y ha tenido paciencia, porque veía en mí pequeñas virtudes en vez de los muchos defectos. Me acuerdo, sobre todo, de los directores y actores que han hecho que mi literatura sea teatro, de aquellos que la convierten cada día en una experiencia escénica, ¡les estoy tan agradecido!", dijo Mayorga. El jurado ha valorado sobre todo "su decisiva contribución como hombre total de teatro a la presencia constante de la dramaturgia española contemporánea en los escenarios españoles e internacionales" y "su profunda implicación en el proceso generador de los espectáculos de los que es autor y adaptador".

Sólo unos datos que ilustran esta realidad. En París se está representando su obra Himmelweg, con dirección de Jorge Lavelli, quien también pondrá en escena dentro de unos meses en la ciudad del Sena El chico de la última fila. El mismo día del estreno en la capital francesa, llegaba a los escenarios de la Borgoña, en Sens, la versión francesa de Últimas palabras de Copito de nieve. Además, en Oslo se representa estas semanas Himmelweg con producción del Teatro Nacional de Noruega. Y desde hace cinco meses Mayorga cosecha un gran éxito en Buenos Aires con Cartas de amor a Stalin, con dirección de Enrique Dacal.

También son inminentes los estrenos de El gordo y el flaco, con dirección de Carlos Marchena, en la madrileña Sala Triángulo; La tortuga de Darwin, con puesta en escena de Ernesto Caballero, en el teatro de la Abadía, y La paz perpetua, con dirección de José Luis Gómez, en el Centro Dramático Nacional, donde también se ha empezado a ensayar su versión de El rey Lear, con dirección de Gerardo Vera y Alfredo Alcón como protagonista.

Este casi obrero de la escena, dice que el teatro cumple una clara función: "Modesta, preciosa e importantísima; desde los griegos, lo que hacemos es construir ficciones desde las cuales la gente pueda revisar su vida; son muchas las personas del teatro que se han comprometido con esa antigua y al tiempo renovada función y hay un público que lo ha entendido". Y añade: "Estamos viviendo un momento de compromiso por parte de grandes profesionales, de escritores que deciden acercarse al teatro, de actores que lideran proyectos, de directores muy imaginativos, y el público está respondiendo. Es un momento de encrucijada que debemos aprovechar y sólo lo podemos hacer desde la excelencia; tenemos que conseguir estar a la altura de nuestro tiempo".

También el Ministerio de Cultura concedió ayer el Premio Nacional de Circo 2007, que recayó en el malabarista Francisco Tébar Honrubia, Picaso Junior, por su trabajo en el Circo Roncalli.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de noviembre de 2007