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Reportaje:

Obsesión desconocida

Por primera vez en España, se muestran algunas de las fotografías en las que Andy Warhol plasmó tantas veces su imagen

El fotomatón y la polaroid fueron su locura, sentía fijación por verse una y otra vez retratado, multiplicado. Andy Warhol creo su imagen a base de fotografías. Algunas se muestran ahora por primera vez en España.

Tuvo mil caras. Se inventó un mundo y una vida. Si queréis saberlo todo sobre Andy Warhol, mirad la superficie de mis pinturas y mis películas y allí me encontraréis. No hay nada detrás. Dejó una obra inmensa y 20 años después de su muerte continúa ganando batallas mientras bate records en las subastas de arte.

Andy Warhol fue también un maestro del aforismo. Sus boutades movían a los demás a interpretarle: Cuando yo me miro al espejo, lo único que sé es que no me veo tal como me ven los demás, o Quiero ser tan famoso como la reina de Inglaterra. Les ponía el caramelo en la boca. Artista, visionario, introvertido. El Picasso pop se fabricó un personaje a la medida. Quién piense aún que Warhol es un artista de consumo, sin mucha trascendencia, se confunde. Estrella de Diego, doctora en Historia del Arte y profesora de Arte Contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid, es una warholiana convencida. Ha estudiado a fondo las obsesiones por la serialización de un Warhol que, paradójicamente, nunca se repetía. Comisionaria de Warhol sobre Warhol, título de la muestra que se inaugura el próximo martes en la Casa Encendida de Madrid, ha rescatado algunas de las obras menos conocidas del gran público no sólo por las técnicas empleadas -polaroids, acetatos, fotomatones- sino también fotografías del artista tomadas por sus amigos, Duane Michaels, Brigit Berlin, Robert Mapplerthope o Beton. Un recorrido espectacular por la imagen de un artista imaginativo y vanguardista.

A lo largo de su vida, Warhol se construyó su imagen y su pasado. Sólo respetó a la señora Warhola, su madre. Juntos firmaron alguna que otra obra, como una serie -siempre serie- de dibujos de gatos de colores y posturas hilarantes. Ella adoraba a los felinos y los años en que vivió con su hijo en Nueva York compartieron sus siameses. Cuando murió, Andy se sintió el huérfano más infeliz de la tierra.

Su piel era demasiado blanca, el rostro mostraba granos, tenía una nariz un tanto gruesa. Hablaba inglés, con un fuerte acento polaco. Introvertido y tímido, borrar tantas huellas le llevó a Andy Warhol (Pittsburg, 1928, Nueva York 1987), muchos años. Pero cuando lo logró, la crisálida, convertida en mariposa, voló muy lejos, transformada en icono. Pat Hackett, la que fuera amiga, secretaria y a la que noche tras noche, durante 11 años, Warhol dictara su diario, intuyó mucho de lo que sucedió después: Andy cambió tanto con los años que cualquiera que le conociese en los sesenta y principios de los setenta podía preguntarse porqué ciertos aspectos de su personalidad no aparecen más en sus escritos, sobre todo la forma cruel y exasperante que él tenía de provocar a la gente (Diarios, Anagrama).

La idea de un Warhol visto como un héroe moderno dará al traste con quienes ven en él a un artista banal. La clave de la exposición, lo que la hace diferente a las realizadas hasta la fecha es la confrontación de los retratos y autorretratos. A través de las fotos de sus amigos y de sus autorretratos, vemos cómo va transformándose su rostro, hasta que al final se convierte en una máscara con peluca , comenta De Diego.

La exposición se ha articulado en torno a varias etapas de la vida del pintor. En la primera se muestra al artista cuando aún no sabe quién es ni qué imagen mostrar. En la década de los 50 un jovencito Warhol, con pinta de adolescente seguidor de la NBA, estudiante en la Escuela de Bellas Artes, aparece en retratos hechos por amigos. Warhol mira y observa. La fotografía es algo que aún le intriga. En aquella época viste de forma horrible, con un pelo repeinado hacia atrás y gafas de concha. En otras instantáneas aparece ya en Nueva York, trajeado de pana color claro, retratado por Otto Fenz, uno de sus grandes amigos. Queda todavía algunos años para que surja el Warhol de pelo platino desflecado, vestido de negro, con vaqueros y cazadora de cuero. Un Andy que va al gimnasio cada día para desterrar las redondeces de su cuerpo.

A lo largo de su vida. Warhol persigue el gesto, es un actor que no sabe aún interpretar. En las fotos de su primera época se ve cómo intenta definir su estilo. En las instantáneas de fotomatón se pinta flequillo, se estrecha la nariz gordezuela, se busca a sí mismo como lo haría un peluquero en un estudio de imagen. Es Warhol experimentando con el photoshop antes de que éste existiría. Cuando acepta que sus manos de dedos largos son bonitas, se retrata tapándose la cara con ellas. Ya ha descubierto una pose. Tiene algo que los demás desean. Muchos años después, capta sus extremidades en primer plano. Aparecen huesudas, deformadas por la edad, pero siguen siendo bellas, distintas.

Estrella de Diego y José Guirao, director de la Casa Encendida, han rastreado las huellas del artista en la Fundación que lleva su nombre y en el Museo de Pittsburg de donde han sacado verdaderas joyas. Durante el último año han ido recopilando material hasta conseguir más de 200 obras prestadas por cerca de un centenar de instituciones y coleccionistas.

En el proceso de trabajo de Warhol era decisivo intentar mostrar las diferentes técnicas con las que trabajaba y la importancia como dibujo preparatorio que tiene la técnica polaroid;, afirma Estrella de Diego. Es el working progress del taller de Warhol, algo que, asegura la comisaría, en España no se ha visto nunca. Su objetivo, huir de una exposición del Warhol de siempre. Tanto que sólo se exhibe un retrato de Marilyn -"como una concesión", aseguran-.

Otra de las novedades de la exposición serán los screen test, el modo de trabajar que empleó en La Factory. Warhol sentaba a a sus modelos, desde Susan Sontag a Lou Reed, frente a una cámara fija y así los filmaba durante horas. Las imágenes las utilizaba como pruebas para luego trabajar en los retratos. Hizo cientos. Warhol tenía alma de coleccionista, estaba obsesionado por la repetición. Instaló en el estudio una máquina de fotomatón y aquello fue una auténtica mina creativa. Muchas de sus pinturas seriadas salieron de ahí.

Durante los años setenta y hasta su muerte, la actividad principal de sus ayudantes fue conseguirle encargos de retratos, que eran su principal fuente de ingresos. Aunque estuviera haciendo otras cosas, siempre había retratos a medio hacer por su estudio. El modelo posaba mientras Andy le tomaba más de 60 polaroids. A continuación escogía cuatro y las mandaba al laboratorio. Cuando se las devolvían, seleccionaba una, la cortaba y la manipulaba. Una vez lista, ampliaba el tamaño y las serigrafiaba.

Warhol trabajaba como un artista del Renacimiento. Hacía que sus ayudantes le pintaran los lienzos con dos fondos, color carne para los hombres y más rosado para las mujeres. Los vendía a 25.000 dólares la primera copia y a 5.000 las siguientes. Esa idea de la serialidad le seguía a todas partes. En una ocasión, refiriéndose al pintor metafísico italiano Giorgio De Chrico, comentó: Me gusta la idea de que repitiera siempre las mismas pinturas No creo que lo hiciera porque la gente y los marchantes se lo pidieran, sino porque la idea le gustaba y veía en la repetición una forma de expresarse. Probablemente ése sea nuestro punto en común. Él repetía año tras año, yo repito el mismo día en el mismo cuadro. Todas mis imágenes son las mismas y al mismo tiempo son diferentes".

El día en que Estrella de Diego y Guirao aparecieron en el Museo Warhol de Pittsburg, Pensilvania, Matt Wrbican, archivero del centro, les descubrió un tesoro: cientos de cajas de cartón que el artista recopiló. Lo que llamaba "cápsulas del tiempo" (time capsules), llenas de detritus de su vida. Desde los objetos más corrientes (facturas, cartas, mensajes telefónicos) hasta botellas de su perfume favorito, Shalimar, de Guerlain, los guardaba en esas cajas selladas y lacradas.

"Ideó varios planes para venderlas, dice Matt Wrbican, como meter dentro de ellas algún dibujo suyo, de forma que sólo al abrirla el comprador sabría cuál era obra que le había tocado en suerte. La time capsule 21 destaca entre las demás. Incluye más de 200 retratos fotográficos, un certificado de la galería Leo Castelli de Nueva York donde se lee que el 8 de mayo de 1961, debía 200 dólares por un dibujo de Jasper Johns. Hay también una página de una revista donde se ha recortado una Jackie Kennedy de luto y el periódico que empleó para su obra 129 mueren en un jet; varias fotografías, entre ellas, retratos del torero El Cordobés, imágenes de Toledo. En otra cápsula guardó los enseres de su madre y escribió de su puño y letra: "Ropa de la madre de Andy Warhol". Una auténtica rareza.

Pero qué ocurría dentro de Warhol. Quién es ese hombre omnipresente en tantos retratos. Estrella de Diego cree en un Warhol melancólico, nostálgico, atrapado por la muerte (Tristísimo Warhol, Siruela) aunque la realidad es la de un ser que cambia por segundos, se mimetiza en otros, un hombre que se plantea continuamente la existencia de la verdad. Anda siempre con cámaras. Lo fotografía todo pero él se esconde detrás del objetivo. En 1976 ha logrado construirse una máscara. Ha adquirido los gestos y ya se ha transformado él también en una obra de arte. Cuando retrata su intimidad, quiere mostrar su estudio. Un caos en el que, entre un montón de revoltijos, están sus fetiches, el retrato de Jackie Kennedy o la sopa Campbell la que tomaba todas las noches de pequeño en su casa- . Ésa es la broma, el pequeño homenaje a las obras que se identifican con Warhol.

En junio de 1968 vio la muerte muy de cerca. Valerie Solanas, autora de un manifiesto feminista, le dispara tres tiros a quemarropa. Una de las balas entró por el costado derecho y le salió por la espalda. Sentí como si me quemaran por dentro, dijo. Salvó la vida, pero impacto le duró siempre: Si hubiera muerto ese día, hoy sería una figura de culto. No existen muchas fotos de las cicatrices.que le quedaron en el torso. Las pocas que hay se exhiben en la muestra, desde la clásica, tomada por Richard Avedon, hasta las captadas por una de las chicas de La Factory, Bridget Berlin. Con aquel atentado muere una etapa y comienza otra.

La década de los setenta es sombría para Warhol. Se da cuenta de que todo el glamour que busca fotografiando a las celebridades se muere. Poco a poco se convierte en un personaje algo lúgubre y se esconde cada vez más. Se parapeta detrás de su imagen. Pero algo va a salvarle. Un nuevo artilugio, la cámara Polaroid. Warhol se vuelve loco. Dispara y ve el resultado al instante. Inventa nuevas técnica e idea las fotos cosidas. En 1975, pinta a dos grandes artistas, Man Ray y Joseph Beuys.

En los años ochenta, los colores de sus pinceles se apagan. Por momentos parace que gira hacia el expresionismo abstracto. A Warhol ya no le interesan los famosos, busca a gente desconocida. Las secuelas del disparo permanecen, la muerte acecha. Ha entrado en la cincuentena y se siente vulnerable. Dibuja esqueletos, osamentas: en 1978 aparece con una calavera - el retrato de cualquiera- que compró en un vaje a París. Ha puesto en cuarentena al Warhol frívolo. Vuelve a sus orígenes de publicista y retrata bodegones de zapatos. Concuerdan con su ánimo. Qué hay más triste que un par de zapatos abandonados. Warhol en la década de los ochenta encuentra su sitio, afirma Estrella de Diego. Lo hace en una increíble sesión fotográfica de Christopher Makos, donde aparece travestido. Es la primera vez que protagoniza una performance. "Si en un momento, Andy se configura reflejándose en el mundo, en otro lo hace mirándose a sí mismo, porque él no quiere existir, quiere desaparecerse en los demás.

"Arruinarse era uno de los peores miedos de Andy. Eso y tener cáncer", dijo uno de sus amigos. El 14 de febrero de 1987, Warhol acudió al médico para hacerse uno de sus tratamientos de colágeno. Se quejaba de dolores. El 20 de febrero ingresó en el hospital, le extirparon la vesícula y parecía que se recobraba bien de la operación, pero cuatro días después, murió. Dejó inmumerables colecciones, muchos relojes, desde Rolex hasta baratijas de plástico, una gran casa en la calle 67 de Manhattan deonde dormía en una cama con dosel, lleno de antiguallas, fotos de su madre y un cruficijo. Andy murió ayer. Nunca dejará de sorprendernos, dijo como epitafio su amigo Glenn O'Brien.

Warhol sobre Warhol puede verse, desde el día 23 hasta el 20 de enero en la Casa Encendida, obra social de Caja Madrid, Ronda de Valencia, 2. Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de noviembre de 2007