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Sarkozy propone gravar los productos de los países que no cumplan Kioto

El presidente francés lanza la idea de un "plan Marshall para el planeta"

Francia se propone introducir el "coste medioambiental" como un elemento determinante de todas sus decisiones políticas y económicas. El presidente Nicolas Sarkozy anunció su ambicioso proyecto ecológico, que incluye una revisión de la fiscalidad para que penalice las emisiones de gases de efecto invernadero; un impuesto a los productos importados por la Unión Europea que no cumplen los requisitos del Protocolo de Kioto; la reducción a la mitad del uso de pesticidas en la agricultura en los próximos 15 años; una moratoria sobre los Organismos Modificados Genéticamente (OGM), y una tasa para los camiones que utilicen la red viaria francesa.

París invertirá 1.000 millones en cuatro años en investigar energías alternativas

"Francia ha dado un golpe de acelerador a la lucha contra el calentamiento global", manifestó ayer en el palacio del Elíseo el premio Nobel de la Paz y ex vicepresidente estadounidense Al Gore, que fue invitado, junto al presidente de la Comisión Europea, José Miguel Durão Barroso, a la presentación de las conclusiones del plan medioambiental. Este foro de discusión, compuesto por miembros del Gobierno, de las principales asociaciones ecologistas, sindicatos, patronal, representantes de los agricultores y de las administraciones locales, ha trabajado durante los últimos cuatro meses, bajo la dirección del ministro de Ecología, Jean-Louis Borloo.

"Todas las decisiones públicas serán tomadas integrando el coste en emisiones de carbono", señaló Sarkozy. "Cambiaremos la carga de la prueba; serán los proyectos los que deban demostrar que no contaminan y aplicaremos este principio a la política del transporte, a la gestión de los residuos y a toda la actividad económica". Para el presidente francés, "nuestro modelo de crecimiento está condenado y la paz en el mundo no será posible si seguimos igual".

Sin embargo, la medida más esperada, la tasa sobre los combustibles fósiles, que según la mayoría de los expertos marcaría un cambio radical en la gestión del problema del calentamiento global, ha quedado en suspenso. La patronal se oponía y el presidente no la ha rechazado, pero tampoco la ha introducido. Sarkozy considera que no debe haber un incremento general de la fiscalidad; un impuesto que grave el consumo de energía debería ser compensado por una reducción de las cargas sobre el trabajo. "Un producto limpio debe ser más barato que uno contaminante", dijo, y sugirió la creación de un IVA reducido para los productos "que respeten el clima y la biodiversidad".

Francia no renuncia a la energía nuclear, porque por el momento "no tiene alternativa", pero si se consigue mejorar en un 20% la eficiencia energética de aquí a 2020 y la proporción de energías renovables aumenta hasta un 20% del total, "no será necesario construir más centrales nucleares en el futuro". Para conseguir este objetivo, Sarkozy anunció una inversión de 1.000 millones de euros durante los próximos cuatro años para investigación en el campo de las energías alternativas.

Sarkozy quiere lanzar un "gran programa nacional para el desarrollo sostenible; un plan Marshall para Francia y para el planeta" y también "inversiones masivas" en los transportes, concretamente en construir 2.000 kilómetros de vías férreas de alta velocidad, con el objetivo de "retirar los camiones de las carreteras". En el campo de la vivienda, se trata de desarrollar nuevos tipos de construcciones de bajo consumo para conseguir reducir un 40% el gasto energético de los hogares en 10 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de octubre de 2007