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Reportaje:

Adiós al divo

Políticos, músicos y amigos despiden a Luciano Pavarotti en Módena en un solemne funeral

Aplausos. Lágrimas. Y música. Decenas de miles de admiradores de Luciano Pavarotti despidieron así, ayer en Módena, al tenor italiano fallecido la madrugada del pasado jueves: como si de un último gran espectáculo se tratara. Los funerales reunieron, a partir de las 15.00, en la abarrotada catedral románica de su ciudad natal, a políticos, allegados y personalidades del mundo de la cultura. El presidente del Gobierno italiano, Romano Prodi, el vicepresidente, Francesco Rutelli, algunos ministros, el ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan, el cineasta Franco Zeffirelli, Bono Vox, cantante de U2, acompañado por el guitarrista The Edge. Autoridades públicas pero, sobre todo, amigos. Porque Pavarotti, como recordó el arzobispo de Módena, Benito Cocchi, durante la homilía, compartía con las personas cercanas un "profundo sentido de la amistad... El culto a la amistad". Junto a sus compañeros de profesión organizó los conciertos de beneficencia Pavarotti & friends, y de los amigos recibió ayer el homenaje más intenso.

Romano Prodi recordó que el tenor hizo de la música un instrumento a favor de la paz

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Hasta el papa, Joseph Ratzinger, y la Secretaría de Estado del Vaticano quisieron estar cerca de los familiares y enviaron un comunicado de condolencia que el arzobispo de Módena leyó al principio de una ceremonia dominada por la música y el bel canto. A partir de las primeras filas, donde un consternado Bono, sentado cerca de los familiares y de la última esposa del tenor, Nicoletta Mantovani, entonaba en voz baja oraciones y salmos. Detrás del altar, en cambio, la soprano Raina Kabaivaska dio inicio a la misa interpretando el Ave María de la ópera Otello, de Giuseppe Verdi, mientras que el canto de entrada fue un fragmento del Réquiem de Luigi Cherubini. Después, el flautista Andrea Griminelli ejecutó La danza de los espíritus beatos, pieza de Orfeo y Eurídice del compositor alemán Christoph Willibald Gluck.

En una especie de crescendo dramático, la ceremonia llegó a su cumbre durante el ritual de la comunión. Después de que el tenor Andrea Bocelli entonara el Ave Verum Corpus, de Mozart, los presentes recibieron con un larguísimo aplauso una grabación realizada en 2001, en la que Pavarotti cantaba con su padre, Fernando, el aria Panis Angelicus, de Cesar Frank. Entonces el tenor celebraba en el teatro municipal de su ciudad sus 40 años de actividad como cantante de ópera, el oficio que lo convirtió en un embajador de la cultura italiana en el mundo.

Así lo recordó también ayer el presidente del Consejo de Ministros, Prodi, quien antes de la despedida tomó la palabra para dirigirse a los miles de seguidores de Big Luciano, que abarrotaban las plazas y las calles lindantes con la catedral. "En esta catedral sólo hay una parte de la emoción que le acompaña detrás del telón", apuntó. Una emoción que los aficionados a la música de medio mundo le dedican porque "hizo de la música un instrumento a favor de la paz y contra la guerra (...). Italia debe estar orgullosa de él. Desde aquí le doy las gracias", añadió Prodi entre aplausos, minutos antes de que el ataúd abandonara la iglesia con destino el cementerio de Montale Rangone.

El féretro de Pavarotti salió de la catedral de Módena, una construcción de estilo románico del siglo XI, a las 16.30. Fue acogida por un larguísimo aplauso por unas 50.000 personas, al tiempo que sonaban las notas de Vincerò, uno de sus agudos más populares, al final del aria Nessun dorma, de Turandot. Mientras el ataúd en acre blanco atravesaba la plaza, los aviones de las flechas tricolores, cruzaron dos veces el cielo, al estilo de los funerales de Estado.

La ciudad de Módena, un gran pueblo de 175.000 habitantes, acogió los funerales de su ciudadano más ilustre como si fuera el último gran concierto de despedida del tenor. Una organización impecable pudo dar acogida a las miles de personas que desde todo el mundo quisieron dar su último saludo al maestro. El Ayuntamiento de la ciudad se ocupó del tráfico, organizó aparcamientos, movilizó a unos 2.000 agentes de policía, 200 empleados estatales y unos 200 voluntarios de la protección civil. Con unos 450 periodistas acreditados, el evento fue seguido en directo en el mundo entero.

En el curso de la ceremonia, las calles estrechas que rodean la catedral estuvieron completamente atascadas. Unos encargados distribuían gratuitamente botellas de agua para evitar desmayos a causa del calor y de la falta de aire. Sin embargo, los ciudadanos reaccionaron con sobriedad, y el funeral se siguió desde la calle sin problemas.

Los modeneses preferían ayer recordar a su compatriota en su dimensión más cercana. Lejos del evento mediático, en los bares y en las tabernas, las anécdotas de la vida del tenor, con sus cualidades y sus defectos, protagonizaban las charlas de quienes se habían cruzado alguna vez en su camino. En La Taverna dei Servi, un restaurante típico, un cronista local, que había seguido al tenor en varias ocasiones, contaba historias acerca de la proverbial voracidad del tenor. Según dijo, Pavarotti sentía debilidad por la Nutella, que se la fabricaban en enormes tarros de cinco kilos.

Canal + 2 ofrece hoy a las 18.30 el recital protagonizado por Pavarotti, Carreras y Domingo en las termas de Caracalla el 7 de julio de 1990.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007