El silencio de un tenor portentosoColumna
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Luciano corazón de oro

Luciano Pavarotti ha sido para mí el amigo y compañero de tantas noches inolvidables en los escenarios de ópera. Y el amigo y compañero de otras tantas grabaciones discográficas que compartimos. Hablar de su voz ahora es inútil; todo el mundo conoce este torrente de belleza y facilidad que poseía y siempre ha sido una fiesta para mí cantar con él en los escenarios de ópera. Su voz está ahí y nos queda para siempre, preservada en sus numerosas grabaciones.

Pero lo que deseo expresar en estas breves líneas es la gran generosidad de Luciano, ese corazón de oro que él deseaba esconder en todas las acciones humanitarias alrededor del mundo que llevó a cabo. Siempre me decía: hay que hacerlas, pero sin la foto. Esto hizo que mi admiración por él como ser humano fuera aún mayor.

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Si inmensa ha sido su conquista para atraer a los jóvenes al mundo de la ópera, más lo ha sido su aportación humanitaria hacia los necesitados, ofreciéndoles su ayuda llena de amor para obtener medicinas, prótesis y techos. Éste es el Luciano que yo he conocido y que siempre llevaré en mi corazón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 06 de septiembre de 2007.

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