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Crítica:

Armario postizo

La misma frase de inicio de la crítica de Tocar el cielo podría servir para lanzar la primera aseveración acerca de Solos: en los últimos años, el cine argentino ha cosechado tales éxitos de público en España que hemos pasado de que se estrenen las buenas a que se estrenen las buenas y las regulares, y ahora a que se estrenen también las malas. Pero el cine argentino es tan plural, desconcertante e irregular como el de cualquier país, y no es oro todo lo que reluce. Solos acumula los peores tics del cine del país (excesivamente relamida y discursiva), y a ello se une una puesta en escena de una alarmante pobreza.

Se supone que la historia debería contar el proceso de encariñamiento mutuo de un par de amigos que parten de una férrea amistad y que se ven abocados a vivir juntos tras una debacle al alimón en sus relaciones heterosexuales.

SOLOS

Dirección: José Glusman. Intérpretes: Adrián Navarro, Sergio Boris, Andrea Pietra, Ximena Fassi. Género: comedia. Argentina, 2005. Duración: 86 minutos.

En la primera parte se narra el cliché de los diversos pasos que sigue el enamorado no correspondido para salir del bache: decaimiento extremo, relativa recuperación, presunto salvavidas en forma de agenda, pago monetario al oficio más viejo del mundo y fracaso total. Un proceso narrado con relativa claridad y algún esporádico diálogo con cierta gracia. Pero a partir de ahí, la película cae en picado.

El proceso de salida del armario conjunto no es que sea increíble o que esté narrado de una forma absurda. Es que resulta patético cuando no debería serlo. Su zafiedad y su cortedad de miras se resumen en el plano general de los amigos luciendo tienda de campaña por debajo de sus pantalones tras una buena dosis de Viagra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de septiembre de 2007