Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:64ª Mostra de Venecia

Nada más que tres rarezas

Wes Anderson, Jiang Wen y Abdellatif Kechiche presentan sus nuevos filmes a concurso

Apostar entraña un riesgo. Pero, se gane o se pierda, resulta estimulante. Ayer fue día de apuestas en la Mostra de Venecia. The Darjeeling Limited, de Wes Anderson (Los Tenembaum); El sol sale todavía, de Jiang Wen, y La Graine et le mulet, de Abdellatif Kechiche, las tres películas proyectadas dentro de concurso, representaban opciones extremadamente lejanas entre sí y lejanas del término medio. Cosas complicadas, apuestas a número fijo. Tres absolutas rarezas. En los tres casos ganó la banca.

The Darjeeling Limited es una gansada, un disparate que puede divertir o irritar, según los gustos y los estados de ánimo. Anderson siempre ha requerido la complicidad del espectador, pero en este caso le pide más que eso. Para apreciar esta película hacen falta benevolencia, buen humor y renuncia temporal a las funciones mentales básicas, condiciones que no están al alcance de cualquiera. The Darjeeling Limited es como Help sin los Beatles, o incluso como la muy pretérita serie americana Los Monkees sin los tales Monkees. Exige devoción previa y un ánimo despreocupado. Contiene, probablemente, una ironía psicotrópica, apta sólo para iniciados.

La intención de Shepard es combinar acción, humor negro y denuncia política. El fracaso es triple

Las cejas de Brody son como un aviso: ojo, todo esto va en broma. Bastarían para excusar cualquier exceso

Tres hermanos (interpretados por Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman) viajan por la India a bordo de un tren (el llamado Darjeeling) en busca de su madre y de una relación fraternal perdida desde siempre. Esa rail movie permite un encadenamiento de gags surrealistas, humoradas oblicuas e insensateces más o menos simpáticas, aderezadas con música (extraordinaria banda sonora) y cameos de amiguetes de Anderson, como Bill Murray y Anjelica Huston.

Las cejas de Brody son como un aviso: ojo, todo esto va en broma. Bastarían para excusar cualquier exceso de esta travesura colorista, propia de hippies golfos y más bien pijos, si la película no traspasara ciertos límites. El guión utiliza como recurso la muerte de un joven indio, y eso no está bien. Las gansadas son gansadas, y deben quedarse al margen de las cosas serias. En Help (o, por apelar a la gansada más inteligente de todos los tiempos, El guateque) eso no habría ocurrido.

A El sol sale todavía es mejor llamarla Taiyang zhaochang shengqi, el título original, porque da una idea más precisa de su contenido. La discusión sobre el cine en prosa y el cine poético es ya antigua; Jian Wen, actor y director, uno de los más reputados cineastas chinos, la desborda por la izquierda con un abrumador torrente de imágenes bellas, poderosas, encadenadas en una sucesión de cuatro historias voluntariamente ininteligibles. Las reflexiones que provoca Taiyang no son muy distintas de las que suscitó, en su momento, Inland Empire, el disparate más barroco y prolijo de David Lynch. ¿Tiene sentido la belleza? No siempre. Pasar dos horas ante la propuesta de Jian Wen es como pasar dos horas ante un cuadro de Pollock: puede hacerse, y puede tener, quizá, consecuencias mágicas. Por alguna u otra razón, la gente no suele hacerlo.

La Graine et le mulet tampoco parece destinado a un éxito comercial clamoroso. Su director y guionista, Abdellatif Kechiche, aborda las dificultades de una familia magrebí en Francia y, a través de ellas, cuestiones globales como las relaciones familiares, la ambición y el sentimiento de éxito o fracaso. Podría discutirse alguna cuestión formal, relacionada con las diferencias entre la vida y el arte. En la vida, como en los debates televisivos, todo el mundo habla al mismo tiempo, y no pasa nada. En el cine, la superposición de voces es simple cacofonía. Tampoco simplifica la vida del espectador otra decisión de Kechiche: el uso de una cámara subjetiva en escenas con muchos participantes. Cuando el punto de vista brinca de esta forma, se pierden el punto y la vista.

Fuera de concurso se proyectó The hunting party (traducible como Partida de caza), de Richard Shepard, con Richard Gere como actor principal. Sinopsis: tres periodistas (el reportero brillante caído en desgracia, obviamente Gere; el cámara de éxito, y el novato enchufado por papá) viajan a las montañas montenegrinas en busca de Radovan Karadzic, antiguo jefe de los serbios de Bosnia y célebre criminal de guerra. La intención explícita de Shepard consiste en combinar acción, humor negro y denuncia política. El fracaso es triple. Son cosas que suceden con las apuestas de alto riesgo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de septiembre de 2007