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Reportaje:GENTE

Woody Allen pasa el ecuador

Rodaje blindado y tumultuoso de su película sobre Barcelona, en medio de fuertes medidas de seguridad contra curiosos

El rodaje de su nueva película en tierras españolas está dando al realizador neoyorquino Woody Allen la oportunidad de ratificar que la fama es un arma de doble filo. Nada más aterrizar en Barcelona, varias semanas antes de poner en marcha el motor de la cámara, el cineasta y su familia empezaron a percibir la presión de los medios de comunicación y el acoso de los fans, extensivos ambos a Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson, los protagonistas de un filme que el director define como "una carta de amor a Barcelona".

Para hacer frente a las intromisiones indeseadas, se ha optado por una respuesta contundente: un séquito de guardaespaldas custodia a las estrellas del equipo de la película, y las medidas de seguridad pasan incluso por la vigilancia policial, con un celo que días atrás estuvo a punto de tener consecuencias nefastas. Un mosso d'esquadra tuvo un accidente mientras escoltaba a Johansson tras una de las sesiones de filmación. El agente tuvo que ser hospitalizado, presumiblemente víctima de su propia imprudencia, porque al parecer se saltó un semáforo.

Allen ha superado ya el ecuador del rodaje, que según los planes debe concluir a finales de agosto. El último "¡Corten!" llegará en Barcelona, aunque con un paréntesis en Oviedo, donde se rodará esta semana. Su nueva película es un triángulo amoroso propiciado por una turista americana de visita en Barcelona. Y en buena lógica, como hacen los miles de visitantes que a diario toman las calles de la ciudad, en su periplo la chica recorre sus principales monumentos y los enclaves más típicos. La Pedrera, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, la Rambla, el parque de atracciones del Tibidabo (en donde el pasado viernes tuvieron que ver cómo unos figurantes del parque les parodiaban) y el popular barrio del Borne (en uno de cuyos áticos, por cierto, Bardem ha establecido su cuartel general), han sido hasta ahora algunos de los escenarios de la filmación.

Así que cualquier paseante ha tenido múltiples oportunidades para toparse con el rodaje. Si a esto se le añade la legión de seguidores que Allen tiene en la ciudad, se comprenden las aglomeraciones y tumultos con que ha tenido que lidiar, en especial durante los primeros días de trabajo. Aparte de la eficacia de los fornidos escoltas, las medidas para librar de los curiosos a Bardem, Johansson y compañía pasan por detalles como los traslados en monovolúmenes de lunas tintadas. De la actriz estadounidense se cuenta que ha mandado tapar con lonas las ventanas de su casa en una urbanización en Sitges para impedir intromisiones.

En todo caso, las molestias quedan paliadas por las facilidades, molestos cortes de tráfico incluidos, recibidas para desarrollar el filme por parte de unas instituciones entusiasmadas por la promoción extraordinaria que, confían, recibirá la ciudad gracias a la cinta. Aunque sea a costa de una tormenta política en el seno del Ayuntamiento de Barcelona como la que saludó el inicio del rodaje. Entonces, la oposición calificó de provinciano al equipo de gobierno al entender que estaba haciendo un espectáculo de la presencia de Allen. Hasta aquí el balance de la mitad del rodaje. Queda un mes para descubrir cómo continúa la aventura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de julio de 2007