Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Agonía del fin de semana

La familia de una anciana denuncia que el hospital de Alcalá retrasa al lunes el tratamiento de una grave úlcera detectada un viernes

Keti Ayuso ya no puede más. A sus 58 años, dice, no está preparada para ver morir a su madre, Pilar Tomico. Ella tiene 85 años y los médicos han dicho que "no hay nada que hacer". Desde el pasado 6 de julio, Pilar agoniza en el hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares y la voz de Keti cada día pierde más fuerza. "Lo mejor que puede pasar es que sea cuanto antes", solloza Keti, que espera en su casa la llamada inminente. El fin de su madre.

El caso de Pilar no es sólo ley de vida. Sus familiares reconocen que sí, que "la abuela tiene 85 años", que es ya mayor. Pero lo que les consume es "la dejadez del hospital". Según denuncian, la mujer fue desatendida durante un fin de semana, mientras su estómago se iba encharcando de sangre y su cara cambiaba paulatinamente de color. Pilar ingresó un viernes con "un fuerte dolor de tripa". Tenía una úlcera.

"Estaba encharcada en sangre. Me dijeron que el lunes ya lo mirarían", dice la hija

Una portavoz del hospital asegura que "la paciente estuvo controlada los días 6, 7 y 8". Y que fue el lunes, día 9, cuando "empeoró" y operó. Sin embargo, la versión de Keti (corroborada por su hija Irene) estremece. No creen que ese empeoramiento sobreviniera el lunes a las ocho de la mañana, casualmente cuando se inicia el turno semanal. "El viernes un médico nos dijo que tenía una úlcera de caballo. También nos explicó que le habían cauterizado la herida pero que ya le mirarían el lunes", asegura. El sábado, Pilar tenía mucha sangre en el pañal. Keti se preocupó. "Las enfermeras me respondieron que no sabía lo que era una hemorragia", recuerda. "El lunes", otra vez, en el horizonte, fue la excusa.

El domingo amaneció malo para Pilar. "Ay, ay, ay, que me hago pis", dijo. "Pero no era pis. Era un montón de sangre", explica su hija. Entonces, un médico decidió ponerle dos bolsas de sangre. "Meter sangre que luego va a terminar saliendo por otro lado me parece un parche inútil", señala Carmen Flores, portavoz del Defensor del Paciente. "Una señora así tendría que haber sido operada de urgencia", zanja.

Y llegó el lunes. Y con él... las prisas. A las ocho de la mañana, la enfermera del primer turno le midió la tensión a Pilar. "Seis tres", dijo. Luego una doctora: "Rápido, rápido. Tiene el estómago encharcado en sangre". Y por último el cirujano: "Tres de hemoglobina, hay que operar ya".

Pilar salió de quirófano y lleva casi dos semanas sin enterarse casi de nada. Está intubada y ha cogido un virus en el hospital. Su familia, mientras, trata de luchar y piensan denunciar. Porque además de que creen que Pilar no fue bien atendida, el centro sanitario se ha negado a darles ningún informe sobre la paciente. "No se les puede dar hasta que no acabe el proceso", asegura una portavoz del Príncipe de Asturias. "No lo hacen pero deberían. Si la familia lo solicita deben darlo, aunque sea incompleto y luego se dé el definitivo", afirma Flores.

"Lo peor ha sido el trato prepotente. En ningún momento del fin de semana una enfermera se acercó a levantar la sábana a mi madre para ver si sangraba", se quejaba ayer Keti. Ya no le quedan esperanzas. Sólo una enorme tristeza. "¿Tú tienes madre? Pues cuídala mucho", se despide.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de julio de 2007