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Crónica:LA CRÓNICA

Fue en julio

Fue en el mes de julio cuando salió de Burdeos con el espíritu derrotado y la esperanza puesta en la otra orilla. Qué prisa tenía por llegar y dejar en el pasado su estancia en el campo de concentración, aquella guerra devastadora y esa desolación que no cedía.

A bordo del barco Mexique, zarpó el 14 de julio de 1939 rumbo a Veracruz con el traje que llevaba puesto, una muda de ropa interior, el dentífrico y una navaja de afeitar. Entonces Manuel Gaya i Canalda era el joven que a los 22 años obtuvo el grado de capitán en el Ejército republicano. Hoy, a sus 91 años de edad, presume de ser el único superviviente del exilio catalán en México que luchó en combate.

De figura robusta y voz enérgica que deja escuchar un fuerte acento catalán, don Manuel dice con orgullo: "Pertenecí a la 31ª División, 134ª Brigada Mixta del 2º Batallón. Era capitán de la compañía de ametralladoras y estuve en varias batallas".

"La última batalla en la que participé fue defendiendo tierra catalana en Os de Balaguer en febrero de 1939"

Sus nietos han escuchado una y otra vez las historias de la guerra. Cómo olvidar que fue en julio de 1937 cuando el campo de batalla se tiñó de rojo en Brunete. Cómo no mostrar la cicatriz que le causaron las balas cuando combatió en la cabeza de puente de Serós, Lleida; mérito que le valió el grado de capitán. Cómo silenciar que en Teruel tuvo que armarse de valor para aguantar la contraofensiva franquista y el terrible frío de diciembre. Cómo sobreponerse a la derrota cuando en 1939 el enemigo los embistió en el río Segre, precediendo el final.

"La última batalla en la que participé fue defendiendo tierra catalana en Os de Balaguer en el mes de febrero de1939. Nos derrotaron y cruzamos a Francia el 7 de febrero de ese año, que si mal no recuerdo, fue un día antes de que cerraran las fronteras", recuerda Gaya.

Llegó a Argelès-sur-Mer, donde formó una compañía de trabajo para hacer fortificaciones en la frontera con Italia y, al igual que otros, su destino fue el campo de concentración que aún pesa en la memoria: "Recuerdo la cerca metálica junto al mar. Hacía un frío espantoso, pasamos días terribles porque los franceses nos tiraban panes, luego nos dieron mantas, paja y madera para hacernos unas barracas donde nos acomodábamos como podíamos. Sólo nos daban de comer lentejas y más lentejas. A pesar de la desesperación que sentíamos no queríamos regresar por ningún motivo a España".

A los pocos meses, Manuel Gaya se embarcaba en el Mexique en esa desconocida y anhelada travesía.

-¿Qué pasaba por su mente en esos momentos?

-Me sentí liberado. Iba yo con la esperanza de iniciar una nueva vida, aunque también triste porque mi madre y mis hermanos no lograron cruzar la frontera y se quedaron en Cataluña. Después encontramos la manera de vernos en Andorra durante los años del franquismo, pues a Barcelona no regresé hasta 1976.

Los 15 días en la mar fueron testigos de historias compartidas y encuentros amistosos como el que Manuel Gaya tuvo con Antonio Haro Oliva, quien fuera agregado militar de México en Francia: "Él y su esposa, la actriz Nadia Haro Oliva, venían en el mismo barco y nos enseñaron a todos el himno mexicano. Cuando llegamos a Veracruz, los que veníamos a bordo cantábamos la primera estrofa y abajo en el muelle la gente cantaba la segunda parte. Nos recibieron en medio de una tempestad de aplausos y vivas que gritaban: '¡Bienvenidos, hermanos republicanos!' y '¡Viva la República!'. Con ese recibimiento pisamos tierra llenos de alegría".

Manuel Gaya i Canalda rápidamente se integró al programa impulsado por el general Lázaro Cárdenas para enseñar técnicas de agronomía en Michoacán, pues antes de enrolarse en las filas del ejército republicano estudió para perito agrónomo. Después fue buscándose la vida hasta convertirse en prominente empresario.

Sin complejos, Gaya reconoce: "Yo no soy nadie famoso. No soy de los intelectuales exiliados, sin embargo, estoy satisfecho con mi vida. Si la guerra no hubiera sucedido, estaría en Lleida a cargo de la finca agrícola de mis padres, pero en México yo me construí a mí mismo, una prueba de que ser inmigrante es una oportunidad de vida", comenta Gaya mientras enseña los honores que ha recibido, entre ellos el de comandante de infantería retirado y el de Soci al Mèrit otorgado por el Orfeó Català de Mèxic, como reconocimiento a su labor en la promoción de la cultura catalana en el país de acogida.

-¿Cómo ve ahora España?

-Me parece que aún hay mucho fascismo incubado. El acoso del PP a los socialistas en el Parlamento parece una guerra sin cuartel muy a la española. Cuando visito mi país, tengo la impresión de que se avinagró el carácter de la gente. Me da pena que los mayores estén olvidados por sus familias. Yo aquí estoy rodeado de mis hijos y mis 14 nietos, a los que he enseñado el catalán y he transmitido el amor por Cataluña. Soy muy catalán, en la formalidad, en la puntualidad; vaya, en el carácter, pero tengo del mexicano su alegría y ganas de vivir.

Qué lejos está Lleida, la tierra donde nació, y cuán cerca las memorias que tercamente regresan en este mes, porque no puede olvidar que fue en julio cuando se hizo a la mar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de julio de 2007