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Crítica:

Los colores del nacionalismo español

Dos libros indagan muy oportunamente en el siempre polémico nacionalismo español. Núñez Seixas investiga el impacto del mismo durante la Guerra Civil y su repercusión en los nacionalismos periféricos, mientras que Sebastián Balfour y Alejandro Quiroga avanzan en el tiempo hasta abordar la cuestión nacional española a lo largo de la transición y llegan hasta el momento actual.

Han aparecido recientemente dos estudios en torno al nacionalismo español. El primero, el de X. M. Núñez Seixas, sobre el impacto del mismo en nuestra Guerra Civil. El segundo, el de Sebastián Balfour y Alejandro Quiroga, sobre el peso de nuestra cuestión nacional desde la transición al momento actual. Se trata de dos libros importantes, que cubren coyunturas temporales deficientemente estudiadas hasta ahora y sumamente significativas en el estudio global del problema. Porque la Guerra Civil y su permanencia en la memoria de los españoles y el paso del franquismo a la democracia son seguramente, junto a la crisis de 1898, los momentos más difíciles de la cuestión nacional en España.

¡FUERA EL INVASOR! (Nacionalismos y movilización bélica durante la Guerra Civil Española. 1936-1939)

Xosé M. Núñez Seixas

Marcial Pons. Madrid, 2006

477 páginas. 32 eurosSebastián Balfour y

Alejandro Quiroga

Península. Barcelona, 2007

415 páginas. 24 euros

ESPAÑA REINVENTADA. Nación e identidad desde la transición

Sebastián Balfour y Alejandro Quiroga

Península. Barcelona, 2007

415 páginas. 24 euros

El estudio de X. Núñez Seixas constituye el trabajo más detallado de que actualmente disponemos sobre la visión nacional en la Guerra Civil de 1936-1939. La obra estudia las tres movilizaciones nacionales que se registran en la vida española de estos años: la republicana, la franquista y la llevada a cabo por los nacionalismos periféricos.

Los interesados en la cues

tión nacional saben de la importancia de las coyunturas bélicas en el desarrollo y afianzamiento de las conciencias nacionales. La España contemporánea no resulta una excepción a esta circunstancia. Los grandes conflictos bélicos del siglo XIX llevan implícita esta movilización. Ocurre con la guerra de Independencia, se produce en la guerra de África de la segunda mitad del siglo, tiene particular significado en la segunda guerra carlista, está presente en la guerra de Cuba y, en alguna medida, se genera con las guerras coloniales de principios del siglo XX en Marruecos. Hay que esperar, sin embargo, a la Guerra Civil de 1936, vivida en suelo español y tras la experiencia de una dilatada revolución liberal, para constatar el impacto que la contienda va a tener en la movilización nacional de los españoles.

Desde un primer momento, los dirigentes de la España republicana se enfrentaron a la Guerra Civil con una notable movilización nacionalista. La defensa de la independencia de España, de la soberanía nacional amenazada por ejércitos extranjeros con la colaboración de un puñado de traidores, se convirtió en bandera con la que movilizar a la España que había quedado dentro del territorio republicano. Los sublevados tuvieron muy claro desde un primer momento que las razones nacionales, antecediendo incluso a la movilización religiosa, habrían de ser su gran argumento en la guerra que se avecinaba como consecuencia del fracaso del golpe militar. Republicanos y "nacionales" coincidirán incluso en los temas de esta movilización, aunque respetando unas líneas de especialización que responden a la tradición liberal y a la tradición conservadora del siglo XIX.

Esta coincidencia en el significado de la nación a lo largo de la Guerra Civil reabre el tema, y de ello es muy consciente el autor, del significado histórico del nacionalismo español. Una movilización nacionalista como la que llevan a cabo republicanos y franquistas hubiera sido inimaginable sin la existencia de una conciencia nacional compartida por el grueso de la sociedad española. La movilización nacional es posible porque los temas a los que la misma apela son conocidos y sentidos por la gran mayoría de los españoles a la altura de los años treinta del siglo XX. Se recurre a ellos porque los dirigentes de la España republicana y franquista son conscientes de la mayor fuerza movilizadora de esta sensibilidad nacional sobre otras conciencias políticas e ideológicas. La sociedad sin clases, la utopía socialista, de un lado, el restablecimiento del orden y la defensa de la propiedad, del otro, ceden ante la fuerza de un discurso patriótico como argumento especialmente receptivo por parte de combatientes y retaguardia.

Por supuesto, la movilización nacional no oculta el significado de otras movilizaciones ideológicas. La defensa de la República y de la revolución, el aludido significado de la cruzada religiosa en el bando franquista, comparten con la defensa de la nación la búsqueda de legitimidad para uno y otro bando. Especialmente en zona republicana, el avance del movimiento obrero hace que la causa de la revolución rivalice eficazmente con la causa de la patria amenazada. Pero en términos generales, España aceptará el grito de ¡fuera invasores! como argumento especialmente sentido para soportar el agotador esfuerzo de una guerra de tres años.

Sentado el interés de ambos

bandos contendientes en la cuestión nacional, el autor se plantea la reacción ante la Guerra Civil por parte de los nacionalismos periféricos. Registra a este respecto, especialmente en los casos catalán y gallego, el surgimiento de una doble lealtad nacional: un sentimiento de lealtad a la nación cívica, identificada con la República, y un sentimiento de fidelidad a la nación cultural, en este caso la realidad catalana o gallega. Aunque esta actitud es también visible en algunos sectores de la sociedad vasca dentro de la zona republicana, Núñez Seixas subraya la reacción más radical del nacionalismo vasco. Un nacionalismo que reserva toda su lealtad nacional para una Euskadi aparentemente sometida a un proceso de invasión por parte de los nacionalistas españoles. Esta visión de la Guerra Civil como un enfrentamiento entre Euskadi y España viene desmentida por el dato evidente que supone la alineación de la sociedad vasca ante el conflicto civil. Una situación que se corresponde también con el caso gallego, pero que no será obstáculo para la cristalización de esta particular mirada de la guerra por parte de nuestros nacionalismos periféricos.

X. Núñez Seixas realiza en este libro un despliegue de investigación histórica a través del abundante manejo de fuentes primarias y secundarias. El resultado es una espléndida visión de un momento particularmente relevante de la evolución histórica de la conciencia nacional española.

El libro de Sebastián Balfour,

un distinguido hispanista, y de Alejandro Quiroga, un joven profesor español, constituye un elegante ensayo académico sobre la cuestión nacional española a lo largo de la transición, ensayo que se prolonga hasta el momento actual. Manteniendo siempre un tono ponderado, desde una cierta distancia del acontecer español, los autores hacen alarde de un manifiesto buen sentido y una excelente información para abordar una cuestión clave de nuestro proceso de transición. El punto de partida del ensayo es la confianza en la solidez de una conciencia nacional española, fundamentada tanto en los datos de los estudios de opinión como en la hondura de un proceso de construcción del orden liberal a lo largo del siglo XIX y el primer tercio del XX. Tras la consideración del proceso de construcción de la nación a partir de los inicios de nuestra revolución liberal, los autores prestan particular atención al debate constitucional en torno a la cuestión del que emergerá la fórmula presente en la constitución de 1978 para el tratamiento del problema; consiste la misma en el reconocimiento de una nación española en cuyo seno es posible la existencia de nacionalidades y regiones y la afirmación de unos valores básicos para hacer posible la convivencia armoniosa de aquella nación y estas nacionalidades: lealtades compartidas, pluralismo político y cultural y tolerancia.

Abordan después la visión del tema en las izquierdas y las derechas españolas. Tras el tacticismo inicial de las primeras, reconocen los autores la emergencia de una nueva visión de la nación española que, en el caso del PSOE, conectaría con una larga historia ligada en su visión del problema a las posiciones dominantes sobre la cuestión nacional en la II Internacional. En el caso de las derechas, Balfour y Quiroga están de acuerdo en reconocer al Partido Popular su conexión con una tradición liberal en la materia que le permite despegarse definitivamente del influjo franquista. Igualmente, subrayan la creciente importancia de la defensa de la constitución de 1978 y la definición de una idea de patriotismo constitucional, surgida inicialmente al calor del PSOE.

Estudian después la visión

de la cuestión en nuestros nacionalismos periféricos, destacando la visión más propicia al entendimiento por parte de un nacionalismo catalán que se mantiene siempre leal a los componentes regeneracionistas de alcance español presentes en su formulación decimonónica. El libro se cierra con una interesante indagación sobre la proyección internacional de España, una proyección que permite albergar un moderado optimismo sobre el triunfo final de la fórmula de 1978 como expediente capaz de solventar el principal contencioso político de la España contemporánea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007

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