_
_
_
_
El conflicto de Oriente Próximo

Hamás proclama la "liberación" de Gaza

Al Fatah se atrinchera en Cisjordania y responde con la detención de decenas de integristas

Con besos en el suelo y gritos de "¡Alá es grande!", los miembros del brazo armado de Hamás irrumpían en el principal feudo de Al Fatah en Gaza, la sede de la Seguridad Preventiva. "Es un día histórico, comparable a la huida de los israelíes de nuestras tierras en 2005", decía uno de los encapuchados, más abrumado por las cámaras de televisión que por la resistencia de los agentes del presidente palestino, Mahmud Abbas, que ayer en Ramala (Cisjordania), ordenó, por primera vez y en un intento desesperado, "aplastar el golpe de Estado en Gaza y perseguir a los milicianos".

Tras 24 horas de tiroteos, centenares de proyectiles, 25 muertos y 80 heridos, Hamás se apoderó de la sede de la Seguridad Preventiva, cuyo jefe era su enemigo acérrimo, el jefe de Al Fatah en Gaza, Mohamed Dahlan. "Es la segunda liberación de Gaza. La primera vez fue de los colonos y hoy echamos a los colaboracionistas", gritaba exultante el dirigente de Hamás Sami Abu Zhuri.

Abbas disuelve el Gobierno de unidad y decreta el estado de emergencia en la franja
Más información
La última partición de Palestina

Como toda contienda bélica que se precie, ésta también tiene su símbolo, la ocupación de este cuartel, que desde 1994 es fuente de humillación para los milicianos integristas, muchos de los cuales fueron interrogados y torturados por los agentes de Dahlan. "Aquí me encerraron y me cortaron la barba hace 13 años. Hoy ha llegado la venganza", decía un veterano miembro de Hamás, antes de subir al tejado para rezar.

Rezar y anunciar, a través de la radio del grupo fundamentalista, "el inicio de la era islámica en Gaza". Rezar y estudiar los miles de documentos secretos que ayer confiscaron de los servicios secretos palestinos. Según una fuente de inteligencia occidental, "hay muchos papeles que describen acciones y tácticas de la CIA y los servicios secretos israelíes".

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

El ataque contra el cuartel ofreció también una de las imágenes que refleja con mayor exactitud lo que ocurre estos días en Gaza: la humillante salida de decenas de efectivos de Al Fatah, con las manos en alto, muchos en calzoncillos y el torso descubierto, conducidos por encapuchados con fusiles y lanzagranadas al hombro. Yihad Abu Iyad, que estaba cerca de los combates, explicó: "He visto cómo han matado a muchos policías. A uno le han disparado en la cabeza". Hamás sólo reconoció ayer haber dado muerte a Samir Mudhan, dirigente del brazo armado de Al Fatah.

Mientras el brazo armado de Hamás iba arrancando de cuajo los últimos resortes de poder de Al Fatah, como la ciudad de Rafah, Abbas se reunía en Ramala con la plana mayor de su movimiento para ordenar a sus hombres que respondan con dureza. Sus consignas se cumplieron sólo en Cisjordania, donde sus fuerzas leales arrestaron a decenas de militantes de Hamás. Los detenidos suponen un elemento poderoso para una eventual negociación.

"No permitiré el golpe de Estado de Hamás", dijo Abbas a sus compañeros de partido, entre ellos Dahlan, que tras ser operado en Egipto ha vuelto a la escena palestina, quizá demasiado tarde para él y su grupo en Gaza. A última hora de la tarde, Abbas disolvió el Gobierno de unidad, decretó el estado de emergencia en Gaza y pidió el despliegue de una fuerza multinacional. Hamás calificó de "decisión peligrosa" la disolución del Gobierno y advirtió que considerará como "ocupante" cualquier fuerza de interposición.

En Ramala son conscientes del fin del Gobierno de unidad y de la desconexión entre Cisjordania de Gaza. La llamada "visión para Oriente Próximo" del presidente de EE UU, George W. Bush, basada en "dos Estados para dos pueblos" (Israel y Palestina) quizá se cumpla pero sólo para los palestinos: un Estado en Cisjordania y el otro en la franja de Gaza.

El control de una Gaza en llamas por parte de Hamás -en Israel ya se le conoce como Hamastán- es la primera asignatura con la que deberá lidiar el nuevo ministro israelí de Defensa, el laborista Ehud Barak. "Hemos de evitar que en este territorio vecino Hamás construya un poder militar y político similar al que tenía el grupo chií Hezbolá en el sur de Líbano", es la consigna escuchada en el despacho del primer ministro, Ehud Olmert.

Un miliciano de Hamás irrumpe en la sede de la Seguridad en Gaza.
Un miliciano de Hamás irrumpe en la sede de la Seguridad en Gaza.REUTERS

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_