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Reportaje:60º Festival de Cannes

Cosecha excelente, pronóstico incierto

El germano-turco Fatih Akin aparece como favorito en una espléndida edición

Alguien tiene que ganar y muchos perderán. El sentido común indica que esta noche Auf der anderen seite (El otro lado), la película del germano-turco Fatih Akin, debiera ser coronada con la Palma de oro. Sería una decisión que haría justicia al filme y de la que el festival sería el gran beneficiario. Cannes necesita que las cintas ganadoras tengan un alto nivel artístico, una carga política o polémica importante, pero también le conviene y mucho que sean obras con un potencial comercial importante. Las obras de los hermanos Dardenne, de Gus Van Sant, de Ken Loach o de Shohei Imamura que ganaron los últimos 10 años no tuvieron luego el eco popular que una Palma de oro quisiera garantizar y que sin duda está al alcance de Auf der anderen seite.

Pero las cosas no tienen porque ser sencillas y razonables. De entrada porque la edición 2007 de Cannes ha sido de un gran nivel y la sección a concurso incluía muchas obras interesantes y merecedoras de reconocimiento. Por ejemplo, Zodiac, de David Fincher, es un muy brillante ejercicio narrativo, accesible para un público amplio pero de gran exigencia en su planteamiento y cuenta con dos interpretaciones masculinas de mérito -las de Jake Gyllenhahaal y Robert Downey Jr-. No country for old men, de los hermanos Coen, tiene en su contra un final que, siendo muy bello, ha sido concebido como un anticlímax. Javier Bardem está impresionante como hombre que mata todo los que se mueve, pero el suyo es un papel de composición. Paranoid Park, de Gus Van Sant, es un magnífico filme menor de un director que Cannes premió hace solo 4 años. Una opción sólida pero arriesgada sería preferir Alexandra, de Alexander Sokurov, que es un ejemplo de maestría y pudor, una obra que sugiere mil cosas sin decirlas. En la balanza negativa de Sokurov ha de jugar la posición política de la obra, que sitúa la acción en el frente checheno y evita cuidadosamente significarse sobre el sentido de esa guerra.

El jurado podría sorprender la tradición y seguir siendo justo si pensase que Persepolis es la Palma de este año. Una cinta de animación, en blanco y negro, de carácter autobiográfico, destinada sobre todo a un público adulto, hecha con mucho humor y talento. Y, aunque eso no esté en el corazón del proyecto, es un filme político que ha irritado al régimen iraní.

Olvidar la rumana 4 luni, 3 saptamini si 2 zile sería una lástima pero puede repararse reconociendo la estupenda interpretación de la protagonista, Anamaria Marinca. Ésa podría ser también la vía para no marginar a Miryang, del coreano Lee Chang-dong, que también cuenta con un recital interpretativo femenino a cargo de Do-Yeon Jeon, como también ocurre con la coreana Sum, de Kim Ki-duk.

Hay más películas excelentes pero con menos consenso que la de Akin. Es el caso de la impresionante Izgnanie, de la contemplativa y emocionante Mogari no mori en la que Naomi Kawase aborda cómo reconciliarse con la vida tras la pérdida de un ser querido; o de Le scaphandre et le papillon, de Julian Schnabel, que resuelve con pericia la transposición de un texto literario que parecía imposible llevar a la pantalla.

Más sorprendente sería que el jurado se dejase seducir por el brillante pero excesivo ego de Carlos Reygadas y su Stellet licht, por la pirotecnia narrativa de Emir Kusturica o la voluntad de provocación de Ulrico Seidl con Import Export.

Sea cual sea el palmarés, riguroso o complaciente, volcado a favor de un tipo de cine o conciliador, la edición 2007 de Cannes pasa a la historia como una excelente cosecha con apenas dos o tres productos averiados. La mejor manera de celebrar los 60 años de festival.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de mayo de 2007