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Reportaje:

Los árboles del Prado seguirán intactos

Los arquitectos culminan la reforma definitiva del paseo madrileño tras meses de polémica

El equipo de arquitectos encargado de transformar el corazón cultural de Madrid -el eje Prado-Recoletos- ha redactado ya el último proyecto. Según la información obtenida por este periódico, el plan reduce el tráfico sólo a dos carriles frente al Museo Thyssen; amplía de 2,5 a 10 metros sus aceras, y evita talar un solo árbol. El equipo, con Álvaro Siza a la cabeza, ganó el concurso en 2002, pero la polémica de la tala de árboles retrasó la ejecución de la obra. El proyecto original generó protestas entre algunos colectivos y las quejas de la baronesa Carmen Thyssen, que el pasado año se encadenó a un plátano del paseo y amenazó con repetirlo cuantas veces fuera necesario si se talaba algún árbol.

Se han reconocido dos objetivos: recuperar para los peatones el paseo del Prado y que no se talará ni un solo árbol. Y un tercero no oficial: que la baronesa Carmen Cervera, vicepresidenta de la Fundación Thyssen, acabe con su protesta y acepte la reforma. Para lograrlo han sido necesarias tres reformas por parte de los redactores del proyecto de transformación del eje Prado-Recoletos, a petición del Ayuntamiento. Este periódico ha tenido acceso al documento que transformará una de las avenidas más importantes de la capital por su papel como arteria decisiva y por los edificios de su trazado.

Lo primero que ha hecho el equipo redactor, dirigido por el arquitecto Álvaro Siza, ha sido coger la goma de borrar. El proyecto que ganó el concurso de ideas en 2002 planteó cinco carriles para el tráfico frente al Museo Thyssen lo que obligaba a cortar unos 900 árboles. Y empezaron las protestas. Entonces, los carriles se redujeron a cuatro. Dos en cada sentido. Pero las quejas no desaparecieron. Pedían que se respetasen los árboles plantados.

Más goma de borrar: en el último proyecto, ahora terminado, sólo quedan dos carriles para los coches, más un tercero -ya entre árboles- para autobuses y taxis. El segundo plan de reforma que se redactó -de cuatro carriles- fue sometido a información pública en 2004 y se presentaron unas 600 alegaciones -ninguna de la Fundación Thyssen-, pero nunca fue ratificado por el pleno municipal. Las protestas ciudadanas ya habían arraigado. Comenzaron entonces a aparecer diversas alternativas no oficiales al proyecto. Propugnaban una modificación sustancial: entre ellas, la construcción de un túnel frente a los museos Thyssen y El Prado para eliminar el tráfico. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, dijo que no.

Decenas de reuniones

Decenas de reuniones se sucedieron entonces entre la concejal de Urbanismo, Pilar Martínez; los redactores del proyecto, la fundación Thyssen y el Ministerio de Cultura. Cuando parecía que iba a llegar un acuerdo, siempre fallaba algo: una firma, un ultimísimo sí, los matices. Y más protestas. Como en el horizonte aparecían cada vez más cercanas las elecciones municipales y autonómicas de 2007, todo el trabajo se volvió discreto, ajeno al escaparate público. Pero los arquitectos siguieron trabajando en la sombra.

Hace unos meses, concluyeron la nueva modificación. El Ayuntamiento repartió la parte que le concernía a cada uno de los afectados: museos, hoteles, ministerios, instituciones... El Museo Thyssen -tiene 1.000 metros cuadrados, de los cuales 220 son propiedad de la Carmen Cervera y los pretende el Estado- ganaba la partida: sólo dos carriles frente a su museo (dejarlo en uno es imposible, porque un vehículo averiado o el giro de un camión para entrar por el portón de carga del museo paralizaría el tráfico) y multiplicar por cinco la anchura de su acera: de 2 metros a 10. Fuentes municipales aseguran que el patronato de la Fundación Thyssen se mostró en su última reunión de acuerdo con el proyecto, pero la baronesa lo volvió a paralizar in extremis. Desde la fundación indican que lo han estudiado y necesitan más aclaraciones.

¿Y los árboles de la discordia? Al introducir el carril-bus entre el arbolado del bulevar no se serrará ni uno. Tampoco se dañarán sus raíces con la obra. "Lo elevaremos medio metro para no afectar a ninguna", dicen fuentes relacionadas con el proyecto.

El Museo del Prado, por su parte, estará presidido por una gran alfombra vegetal y la estatua de Velázquez que se moverá unos metros y girará 180º grados para despedir de frente a los visitantes. ¿Hay diferencia de trato con el Thyssen? "Son distintos. El Prado y el paseo nacieron juntos, son parte de la misma idea", responden las fuentes. "Y el Thyssen está en una esquina. Pero se llenará el borde de su acera de plátanos y quedará separado del tráfico. Sólo dos carriles, a 10 metros de su puerta".

El nuevo proyecto queda ahora a expensas del resultado de los comicios que se celebran hoy. Ruiz-Gallardón quiere sacar el proyecto a información pública en unos meses, en caso de salir reelegido. La Fundación Thyssen, con Carmen Cervera al frente, sí presentará alegaciones esta vez. Se sabrá entonces su opinión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de mayo de 2007