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Análisis:VESTIDOS DE LUCES | Feria de San Isidro

Ceret de Toros

Ceret es un pequeño pueblo de la Cataluña francesa. Ceret, en su diminuta plaza de toros, coloca en lo más alto la senyera catalana. Ceret es un bastión catalán y, sobre todo, taurino. Su pequeña feria es un canto grande a los toros, a Cataluña. Mientras Nimes, las mitológicas arenas romanas, abren su pasillo con las notas de El toreador de la ópera Carmen, la de Merimée, Ceret abre con sardanas. El 14 de julio, fiesta nacional francesa, ondea la senyera y se escucha en pie Els Segadors.

Luis Francisco Esplá, el torero más inteligente, un ilustrado, es, en Ceret, maestro de ceremonias. Esplá, el maestro alicantino, fue autor del cartel de la feria de hace unos años. Un viejo tiovivo, caballos de picar, señores picadores a la monta. Dibujo con precisión histórica aquellos viejos caballos de tiovivo que tanto emocionaron a Pío Baroja -ilustre antitaurino- para meterlos en la taurina pintura de su maestro Miguel Barceló. La cultura mediterránea. Ceret no acaba aquí. Los aficionados catalanes de la Asociación de Aficionados Ceretanos recorren cada año los más recónditos rincones de España y Portugal en busca de un toro distinto. Un toro diferente. Una raza, un encaste casi, casi, desaparecidos. De Portugal rescató ADAC el antiquísimo encaste de Palha conservado por don Fernando Palha.

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Aún más, llevaron a Ceret los toros de la raza primigenia portuguesa, propiedad de Vaz Monteiro, un bovino de caracteres casi desaparecidos. En Ceret se han lidiado oficialmente, en los últimos años, toros de casta navarro-aragonesa, y de lo poco que queda de Vázquez; sólo les falta de la raza "negra andaluza de las campiñas" que pastan en Almodóvar del Río, provincia de Córdoba.

A estos señores catalanes de Francia no se les hubiera ido el lince ibérico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de mayo de 2007