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Rusia logra un acuerdo para asegurarse el control del suministro de gas a Europa

El pacto con dos países asiáticos supone un revés para Occidente, que busca rutas alternativas

Rusia seguirá canalizando el transporte de gas de Asia Central hacia los mercados europeos también en el futuro, si se llevan a cabo los planes respaldados ayer por el presidente Vladímir Putin y sus colegas Gurbangulí Berdimujammé-dov, de Turkmenistán, y Nursultán Nazarbáyev, de Kazajistán. En la ciudad de Turkmenbashí, el principal puerto turcomano del Caspio, los tres líderes firmaron una declaración conjunta para construir un gasoducto que discurrirá por la ribera de ese mar que incrementará el volumen de gas que va hacia Rusia y de ahí, a otros destinos internacionales.

El nuevo gasoducto tendrá un tendido paralelo a la red (Asia Central-Centro) de origen soviético, que es operada por Gazprom, el monopolio del gas ruso. Putin anunció que las obras del nuevo gasoducto y de modernización del existente comenzarán a mediados de 2008 y que no habrá otros participantes en el proyecto. "Tres países son suficientes", dijo el líder ruso, según el cual el acuerdo trilateral alcanzado "significará el aumento de los suministros de recursos energéticos a los mercados de Europa y del mundo", lo que es "muy positivo para todos".

El gasoducto ribereño supondrá el incremento de la capacidad de un sistema que data de 1967 y que no puede absorber la creciente producción de los países del Caspio y Asia Central. Turkmenistán, el quinto productor de gas del mundo, planea obtener 80.000 millones de metros cúbicos este año y Kazajistán prevé llegar a los 80.000 millones en 2012.

Si se lleva a cabo, la construcción del gasoducto ribereño del Caspio supondrá un triunfo para Gazprom, el monopolista del transporte de gas centroasiático hacia Europa, y un revés para la política occidental de diversificación energética, que apuesta por vías alternativas a Rusia. Las nuevas capacidades de transporte pueden ayudar a Gazprom a mantener sus niveles de exportación en un momento de incertidumbre sobre sus posibilidades de satisfacer la demanda de gas, tanto en el interior de Rusia como fuera. Con el fin de obtener una mejor posición a la hora de negociar precios con el socio ruso, los países centroasiáticos se han planteado vías paralelas de exportación, entre ellas un gasoducto por el fondo del Caspio que llevaría el gas hasta Bakú, la capital de Azerbaiyán, y de allí, hasta Turquía. Esta ruta alternativa ha sido apoyada tanto por la UE como por EE UU. Sin embargo, la ruta por el fondo del Caspio se enfrenta con problemas políticos, económicos y ecológicos. El estatus internacional del mar no está definido y el gasoducto es difícil de imaginar sin el apoyo de todos los países ribereños, incluidos Rusia e Irán.

Los líderes de Rusia, Turkmenistán y Kazajistán dieron ayer orden a sus gobiernos para que antes del 1 de septiembre preparen y firmen el acuerdo de cooperación para construir el gasoducto ribereño.

Los dirigentes rusos no ocultaban ayer su esperanza de que el gasoducto ribereño trilateral ponga punto final al proyecto apoyado por Occidente. "El proyecto por el fondo del Caspio no existe, es una intención, declarada por varios Estados, que se encuentran muy lejos de aquí, y que lo ven como un método para resolver los problemas relacionados con las rutas alternativas", afirmó ayer el ministro ruso de Energía. "El gas irá hacia el norte, al sistema ruso, lo que exige la ampliación de nuestro sistema de transporte de gas", señaló el ministro. Según sus palabras, el proyecto avalado por Occidente "no es rentable".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de mayo de 2007