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Crítica:

El mechero del hotelero

Cada semana la crítica cinematográfica se encarga de intentar reflexionar sobre la supuesta calidad de productos finalmente certificados como más o menos buenos, regulares o malos, ya sea para el arte, para el espectáculo o para el simple negocio. Pero hay días en los que al cronista se le acaban los adjetivos y las argumentaciones porque las palabras normalmente aplicadas a los picos por abajo le vienen enormes a películas que, más allá de ser deficientes, habitan en el estrato de lo inconcebible, tanto formal como narrativamente.

Es el caso de la coproducción, aunque con mayoría de capital español, Hotel Tívoli, que pretende ser un retrato sociológico sobre el estado del amor en pareja en medio mundo, narrado a través de la acumulación de una docena de historias de poco más de cinco minutos cada una.

HOTEL TÍVOLI

Dirección: Antón Reixa. Intervienen: Nancho Novo, José Ángel Egido, Julieta Venegas, Valeria Bertuccelli. Género: comedia dramática. España, Argentina, Dinamarca, Portugal, 2007. Duración: 100 minutos.

Penosamente filmada (los flash backs son tan innecesarios como involuntariamente cómicos, y la introducción visual de la narradora se acerca más a la aparición angelical que al apoyo narrativo), y aún peor escrita (hablar de clichés sería regalarle un piropo), la película está dirigida y coescrita por Antón Reixa, el autor de la nefasta adaptación de la novela de Manuel Rivas El lápiz del carpintero, o cómo un lapicero va recolectando historias a medida que pasa de mano en mano. En su segunda película, Hotel Tívoli, Reixa une sus relatos gracias a un mechero con publicidad del establecimiento del título, que va de bolsillo en bolsillo.

La imaginación y la originalidad, al poder.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de mayo de 2007