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Editorial:

Detenidos y captores

En esta sórdida historia de la contundente paliza que cuatro mossos d'esquadra propinan a un detenido en el interior de la comisaría barcelonesa de Les Corts hay una novedad de gran relieve. Y es que fue filmada por una cámara oculta, pero instalada por orden de la superioridad del cuerpo policial, ante las continuas denuncias de detenidos por presuntos malos tratos cometidos en esa dependencia oficial. La filmación, aunque resulte en algunos momentos poco precisa, ayudará a depurar las responsabilidades oportunas. Pero además sensibiliza a la ciudadanía sobre el tratamiento que a veces se dispensa a los detenidos, y alerta a los propios agentes sobre la necesidad de no olvidar jamás el principio de proporcionalidad cuando ejercen sus funciones: sólo es justificable el uso de la fuerza si es adecuado para los fines legítimos perseguidos. Y en la medida en que sea imprescindible.

La inédita iniciativa inspectora del departamento de la Generalitat que dirige Joan Saura sobre sus propios agentes es una aportación a la transparencia y a la garantía de los derechos humanos, y es de esperar que no acabe resultando una concesión al populismo. En un Estado democrático, los detenidos, pese a su condición, siguen ostentando la mayoría de sus derechos individuales. Y si eso es así, ¿por qué no generalizar y oficializar la medida? ¿por qué no instalar cámaras en todas las dependencias policiales (salvaguardando el derecho a la intimidad del detenido), ya no de forma discreta, sino conocida por todos? Esta medida disuadiría a los policías de la tentación de cometer excesos, incluso en momentos de gran tensión.

Las imágenes del caso han impresionado a los ciudadanos que las han visto. Por su contundencia, pues los agentes siguen golpeando al detenido incluso después de haberlo doblado, aunque cejan tras volver a esposarlo. Así, a tenor de la filmación, no parece que la respuesta policial al gesto (probablemente una bofetada) del preso a uno de los agentes haya sido mesurada. Pero esto deberán dirimirlo los tribunales, tras analizar cada uno de los datos, cada una de las actuaciones, todos los precedentes y todas las explicaciones. Al objetivo primordial, la ausencia de malos tratos en las comisarías, debe llegarse también por los procedimientos adecuados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de abril de 2007