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57º Festival de Berlín

Paul Schrader ajusta cuentas con Bush en 'The walker'

Si la película The walker hubiera estado en competición, probablemente hubiese figurado en el palmarés final. Aunque, claro está, a condición de que su director, Paul Schrader (American gigolo, Posibilidad de escape, Aflicción...), no fuera en este caso el presidente del jurado, ni que interviniera en la película, aunque en un breve papel, el actor Willem Dafoe, componente del jurado. Puede que su intérprete principal, Woody Harrelson, hubiese figurado con justicia entre los premiados, y hasta Lauren Bacall, por su personaje episódico lleno de humor, con el que hace alguna humorada sobre sí misma. Sin embargo, nada de ello es posible y The walker quedará como una de las películas más interesantes, al menos hasta el momento, de la sección oficial. Y punto.

La acción se desarrolla en el Washington de nuestros días, entre vicepresidentes, senadores, hombres de negocios, policías... y un personaje peculiar, el joven afeminado y rico interpretado por Harrelson, que se dedica a acompañar a esposas de hombres importantes a restaurantes, teatros y recepciones: un walker. Elegante y frívolo, mordaz en sus comentarios ("Estoy decepcionado; yo creía que en este país al presidente lo elegían los ciudadanos"), displicente, caprichoso y novio de un fotógrafo que está realizando un trabajo sobre las torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. El asesinato del amante de una de sus amigas (Kristin Scott Thomas) coloca al walker en una situación espinosa y acaba siendo sospechoso del crimen, por su empeño en ser cortés con las señoras. Hasta ahí el argumento del thriller.

Corrupción

Pero lo que caracteriza la película de Schrader es la incorrección de su posición política, en la que indirectamente el Gobierno de Bush acaba en la picota: las ironías del protagonista sobre cuanto ocurre y la corrupción de algunos políticos y policías que se van desvelando a lo largo del filme coloca The walker en la nueva cronología de películas pos-Bush, a quien el cine norteamericano, por lo que se deduce, va a ajustarle cuentas.

Por otro lado, The walker subraya que nadie se escapa de los intereses corruptos; el superficial protagonista que borda Woody Harrelson acabará pagando un alto precio, que en su inconsciencia no había imaginado. A todos pilla el desastre.

Está siendo ésta una edición de buenas interpretaciones. Incluso se han programado en la 57ª Berlinale algunas películas muy flojas sólo por el placer de ver a sus artistas en carne y hueso. No es el caso de los filmes proyectados ayer, ni especialmente el de The walker, donde todo su reparto brilla a gran altura. Lástima que no compita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de febrero de 2007