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Cerca de 100.000 alumnos de ESO pegan alguna vez a sus compañeros

Las víctimas de agresiones físicas bajan del 4,8% al 3,9% de los estudiantes en siete años

Unos 97.000 alumnos de educación secundaria obligatorias (ESO, de 13 a 16 años) pegan alguna vez a otros 72.000 tomando el alumnado del curso pasado y los porcentajes de agresores (5,3%) y de víctimas (3,9%) que recoge el Informe sobre violencia escolar del Defensor del Pueblo y Unicef. Ambas cifras, no obstante, son menores que las recogidas en el anterior estudio de las mismas características publicado en 2000. Entonces un 4,8% recibía patadas o puñetazos. La conducta de exclusión social de ignorar a un compañero es más común en los centros privados que en los públicos.

En general, todos los supuestos de violencia recogidos en el informe, como pegar, amenazar, robar, ignorar (véase gráfico) han disminuido en los últimos seis años, aunque se han reducido más en el caso de los comportamientos considerados, con muchas precauciones, menos graves. Y, en algunos casos, ha subido ligeramente el porcentaje de estudiantes que dice sufrirlos en muchas ocasiones.

La violencia en las escuelas, que no se debe confundir con la indisciplina, preocupa más que nunca a la sociedad española, y este informe, aunque con datos mucho menos exagerados que otros aparecidos en los últimos meses, confirma que es un problema que persiste en las aulas. Este segundo informe sobre violencia escolar del Defensor del Pueblo, que se presenta hoy, se ha hecho a través de cuestionarios que completaron el año pasado 3.000 alumnos de ESO de 300 institutos públicos, concertados y privados de toda España. Además, el jefe de estudios de cada centro también rellenó un cuestionario.

Entre los resultados, cabe destacar que casi la mitad de los estudiantes admite observar a veces que algunos alumnos se meten (insultos, enfrentamientos verbales) con el profesorado, mientras que un 18,1% dice observarlo en muchos casos. A su vez, un 43% responde haber visto a veces en su centro que algún profesor hace lo mismo con un alumno, y un 6,6% lo ha visto en muchos casos.

Insultos al profesor

Desde la perspectiva de los jefes de estudio, teniendo en cuenta que por ellos pasa la resolución de los conflictos en los institutos, en el 74% de los centros un alumno ha insultado alguna vez a un docente, como ya recoge el periódico Magisterio, y en un 43%, algún profesor ha hecho lo mismo con un estudiante. El profesorado también sufre algún destrozo de enseres o intimidación con amenazas en un 53% y un 40% de los institutos, respectivamente. Pero también admiten los jefes de estudio que en casi la mitad de los centros hay algún profesor que tiene manía o ridiculiza a algún escolar. Sin embargo, estos docentes colocan en el cuarto lugar de importancia el problema de los conflictos (23%), por detrás de la falta de participación de las familias (37%), los problemas de aprendizaje (36%) y la escasez de recursos (29%).

Por su parte, la percepción de los chicos y chicas sobre el ambiente en los centros es buena. La gran mayoría del alumnado afirma que se lleva bien con sus compañeros. Siete de cada 10 dicen tener muchos amigos, aunque el 5,4% se queja de relaciones sociales pobres. Además, es muy significativo que, según los chicos y chicas se van haciendo mayores, se va reduciendo la violencia. Así lo indica el menor porcentaje de víctimas, respecto a los cursos anteriores, en 4º, el último de la ESO. Sólo un 1,1% de los estudiantes de este grado declara que le pegan. Aunque hay alguna excepción: hablar mal de los demás a sus espaldas lo sufre un 33% de alumnos de 4º, siendo la media para toda la ESO del 31%.

El lugar donde se encuentre el centro (tipo de barrio, tamaño de la ciudad, comunidad autónoma) no varía la incidencia del maltrato desde el punto de vista de los agresores: "el ejercicio del maltrato es igualmente frecuente". Sin embargo, en cuanto a conductas como ignorar o criticar a otro a sus espaldas, hay más alumnos que se declaran agresores en la enseñanza concertada (privada sostenida con fondos públicos) que en la pública. En la primera, un 37,6% ignora a algún compañero, y un 41,5% lo critica a sus espaldas, mientras en la pública lo hace un 29,9% y un 32,1%, respectivamente. En el caso de hablar mal de alguien cuando no está, la privada se lleva la palma: un 69,6%.

El intento de exclusión social que significa ser ignorado lo sufren en una proporción mayor los alumnos inmigrantes. Casi el 20% de este alumnado dice haberlo padecido, cifra que duplica el porcentaje entre los estudiantes autóctonos.

En cualquier caso, estas conductas en principio menos graves, aunque las consecuencias psicológicas para las víctimas pueden ser también profundas, se ha reducido en general significativamente, destacando el descenso de los insultos, algo que solía recibir el 39% del alumnado y ahora, el 27%. El descenso en los casos más graves, como pegar, robar u obligar a hacer algo valiéndose de amenazas, ha sido menos pronunciado, pero también es cierto que los porcentajes ya eran pequeños.

Un fenómeno que también preocupa, tanto a los padres como a la sociedad en general, es el de las bandas juveniles. Más de la mitad de los escolares afirma que hay bandas de alumnos que molestan a algún compañero, de los cuales el 43,1% dice que ocurre a veces y el 11,2%, frecuentemente. En una proporción menor, los encuestados aseguran que las bandas se meten con grupos de alumnos (41,2%) o con otras bandas (28%).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de febrero de 2007