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Crítica:

Machos en celo

Las páginas de sucesos de los periódicos están plagadas de intrigas criminales a pie de calle que, más allá de sus interrogantes judiciales, conllevan una idea de la situación del país, de su educación, de su idiosincrasia, de sus prejuicios, de su herencia. En su séptima película, la más lograda sin duda, el barcelonés Antonio Chavarrías ha indagado en estos aspectos para componer una historia social envuelta en una especie de thriller policial que destaca por el gran retrato de la vida de barrio, de gélida cocina chapada de dolor, de adolescencia perdida entre las brumas del iPod y la penosa pedagogía familiar, de verbena hasta la madrugada en la que se mezclan jóvenes con adultos para, auspiciados por el alcohol y el desconsuelo personal, acabar en noches de tragedia.

LAS VIDAS DE CELIA

Dirección: Antonio Chavarrías. Intérpretes: Najwa Nimri, Luis Tosar, Daniel Giménez Cacho, Aída Folch, Álex Casanovas. Género: intriga dramática. España, 2006. Duración: 105 minutos.

Chavarrías cuenta su historia a través de una alambicada estructura con continuos saltos (casi a la manera de Alejandro G. Iñárritu-Guillermo Arriaga), en la que los cambios de la tonalidad fotográfica van marcando los tiempos. Con una realización ágil, nerviosa y muy buenas interpretaciones (sobre todo los excelentes Luis Tosar y Daniel Giménez Cacho), Las vidas de Celia muestra un desolador panorama masculino en el que quizá resulte algo exagerado que todos (no se salva ni uno) los hombres de la película traten a las mujeres poco más que como escoria. Al tiempo, la intriga criminal avanza con interés y con muy buena cadencia hasta una resolución final que se distingue por su capacidad de sorpresa, pero que es posible que no entronque demasiado bien con el retrato de personajes narrado hasta entonces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de enero de 2007