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Florida y California suspenden las muertes con inyección letal

El gobernador Jeb Bush aplaza las ejecuciones tras tardar un preso 34 minutos en morir

El mismo hombre que firma el día en que un preso es condenado a morir se ha visto obligado a suspender todas las ejecuciones. Las circunstancias han empujado al gobernador de Florida, Jeb Bush, a declarar un aplazamiento en la aplicación de la inyección letal después de que un preso tardase el pasado miércoles más de 34 minutos en morir. Al otro lado del país, horas más tarde, Jeremy Fogel, el juez de California que a principios de año impuso una moratoria a las ejecuciones, declaraba ayer inconstitucional la aplicación de la inyección letal por ser un método demasiado cruel.

"Mi tío sufrió una muerte terrible", relató en conversación telefónica con este periódico Sol Otero, sobrina de Ángel Nieves Díaz. "Se movía agitado, apretaba la mandíbula, respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba; fue una muerte muy cruel". Ángel Nieves Díaz, de 55 años, puertorriqueño, llevaba 20 años en el corredor de la muerte por el asesinato en 1979 de Joseph Nagy, dueño de un club de strip-tease en Miami. Como dice Nina Nieves, su hermano tardó en morir "20 años y 34 minutos", el tiempo que Díaz llevaba recluido a la espera de ser asesinado legalmente.

Las escenas de dolor a la puerta de la penitenciaría estatal de Florida en Starke fueron recogidas por la prensa. Ninguno de los familiares podía hablar. Cuando llamaron a esta redactora para informar de que su tío "ya estaba con Dios", la voz se les quebraba y la serenidad que habían mantenido hasta minutos antes de la seis de la tarde, hora fijada para la ejecución, había desaparecido por completo.

El viernes por la tarde, William Hamilton, el médico que ha llevado a cabo la autopsia de Díaz, aseguró que los carceleros se equivocaron al inyectar el cóctel de medicamentos mortal y, en lugar de penetrar en las venas, donde hubiera fluido con rapidez hasta acabar con su vida en unos pocos minutos, se le pinchó en la carne, cerca de los codos. Hamilton manifestó que encontró quemaduras debido a los venenos químicos inyectados de aproximadamente 25 centímetros en cada uno de los brazos del condenado.

Según el Gobierno de Florida, el Departamento de Prisiones cumplió a rajatabla el procedimiento. Pero el condenado sufría "un problema médico preexistente que fue la razón por la que tardó tanto en morir". Según Prisiones, Díaz estaba siendo tratado del hígado y ese tratamiento no permitió que el cóctel mortal de drogas le hiciera efecto. Además, había sido un drogodependiente. Hubo que inyectarle dos veces hasta que murió.

Las ejecuciones en Florida han quedado paralizadas hasta el próximo 1 de marzo, día en que la comisión investigadora designada por Jeb Bush -hermano del presidente- deberá determinar si la inyección letal viola la octava enmienda de la Constitución americana que prohíbe cualquier castigo cruel. Aunque Jeb Bush ya ha adelantado que no ve razón para dejar de usar la inyección letal. "Cada vez que se presenta una apelación, un miembro de la familia de la víctima que fue asesinada brutalmente sufre de nuevo", declaró el gobernador.

A la familia Nieves Díaz todavía no le han entregado el cadáver. La autopsia no está acabada. Un total de 374 personas esperan en el corredor de la muerte de Florida a que el Estado acabe con su vida. Vida que salvó Michael Morales en California en el último momento, atado a la camilla, cuando su ejecución se aplazó porque los anestesistas que debían asistirle para minimizar el sufrimiento que provoca la dosis letal de medicamentos se negaron a supervisarla por "motivos éticos". Esto sucedía el 21 de febrero de este año. Ayer, Fogel canceló de manera indefinida el uso de la inyección letal porque puede causar grandes dolores antes de que la mezcla mortal alcance el corazón del reo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de diciembre de 2006