Reportaje:JUAN CARLOS RULFO | Director de 'En el hoyo'

"Soy como soy porque mataron a mi abuelo"

"A todo se acostumbra uno, menos al trabajo", dice un personaje de En el hoyo, documental de Juan Carlos Rulfo (México, 1964) proyectado en la sección oficial del 44º Festival Internacional de Cine de Gijón. "No es una película sobre la lucha de clases", afirma el director de esta obra que centra su mirada (y, sobre todo, su oído) en los obreros que participan en la ampliación de la avenida Periférico Sur de Ciudad de México. "Ese discurso propio del cine social del 'Pueblo unido jamás será vencido' ya ha caducado. Los personajes de mi película denuncian cosas siendo como son, demostrando que su vida cotidiana tiene un valor por sí misma", añade.

Merecedor del Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance y de los premios al mejor documental en Karlovy Vary y a la mejor película internacional en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, En el hoyo, también nominado a un Goya, construye un complejo enjambre de voces e historias que, en palabras de Rulfo, desvela "un oasis de tranquilidad en medio del caos, en el que la gente es capaz de vivir trabajando". El cineasta, empeñado en "sacarle vida al cemento", invirtió seis meses retratando ese microuniverso con vida propia, poblado de "campesinos que han migrado a la ciudad, trayéndose consigo su tiempo y su memoria". Desde las alturas de su torre en construcción, los fierreros (los trabajadores del metal) se asemejan a "piratas aferrados a sus mástiles, desafiando el peligro" y, a pie de calle, una vigilante aporta la nota sobrenatural, afirmando que la obra podría ser el resultado de un pacto con el diablo, que exigió, a cambio, las almas de los obreros caídos en el ejercicio de su labor. "Este misticismo es muy mexicano. En las zonas rurales, cuando muere un bebé, los familiares intentan buscar una obra en construcción para enterrarlo en los cimientos, porque consideran que el alma de ese bebé va a estar en ese puente para protegernos a todos", señala Rulfo.

Hijo del escritor Juan Rulfo, el autor de En el hoyo tardó en consumar su vocación de cineasta porque la industria de su país se le antojaba un mundo "oscuro, tahúr y mafioso, poblado de gente que tiene la cámara en la mano y no la suelta". La memoria familiar le ayudó a encontrar su camino: "Soy como soy porque mataron a mi abuelo. No me sentía un contador de historias hasta que murió mi padre. Es algo que no le deseo a nadie, pero me dio tema. Me fui al sur del Estado de Jalisco para entrevistar a gente que pudiera contarme historias de mi padre. Los viejos del lugar me hablaron en un español muy sintético, viejo y expresivo y allí se impuso otra historia: el relato de cómo mataron a mi abuelo Cheno. Fue un hecho determinante para mi familia: mi padre se quedó huérfano, mi abuela quedó sumida en la tristeza...". Esa tragedia familiar fue la base de su primer trabajo cinematográfico, el corto Mi abuelo Cheno y otras historias (1995): "Conocí al nieto del hombre que había matado a mi abuelo, en los tiempos de la Guerra Cristera, y se sintió muy sorprendido de que no le odiara, de que no tuviese cuentas pendientes con él". En las páginas de El llano en llamas, Juan Rulfo convirtió la memoria de esa muerte paterna en el relato 'Diles que no me maten'.

Del olvido al no me acuerdo (1999), primer largometraje de Juan Carlos Rulfo, nació como homenaje a ese padre ausente que le había enseñado "a escuchar, a querer el lenguaje y que, con su obra, quiso capturar el inconsciente y los valores emotivos de México". Y, de nuevo, fue otra historia la que se impuso. "Nadie me contaba nada sobre mi padre, porque decían que se les había olvidado. Y entonces me di cuenta de que el tema de mi trabajo tenía que ser algo tan tarkovskiano como el olvido, ese estado en el que las cosas están, pero no están. La memoria es el gran pretexto para hablar de lo que te dé la gana".

Juan Carlos Rulfo no sabe cómo habría valorado su padre la actual crispación política de su país, pero él la está viviendo "como una película maravillosa. La narrativa es tan rápida que no te da tiempo a procesar lo que está pasando. La doble presidencia es un plan de presión muy importante, que obligará a la derecha a darse cuenta de que siempre va a tener a alguien diciéndole lo que no está bien. México no es el país que la derecha está viendo. México se parece más a lo que aparece en mi película"."México no es el país que la derecha está viendo. México se parece más a lo que aparece en mi película"

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 28 de noviembre de 2006.

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