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Obras rigurosamente vigiladas

63 obras Edvard Munch se exhiben en Mallorca rodeadas de fuertes controles

Sesenta y tres obras del pintor noruego Edvard Munch (1863- 1944) se muestran desde anoche en la fundación La Caixa de Palma en un montaje envolvente, con ámbitos casi en penumbra, blindado por un refuerzo notable de medidas de seguridad y controles disimulados. La figura de Munch cabalgó siempre sobre la fama de sus cuadros más célebres, El grito y Madonna, y actualmente su dimensión se eleva con una sobrecarga de notoriedad por la reciente recuperación de ambas telas, que habían sido sustraídas en 2004 del museo que lleva su nombre en Oslo.

Las obras del pintor noruego viajaron a Palma, separados en dos aviones, en sendos vuelos directos Oslo-Palma, para mitigar el riesgo de una eventual catástrofe, robo o accidente en los traslados. Se barajó incluso la posibilidad de transportar la valiosa colección en una ruta por carretera, en una caravana de furgones blindados y embarcarlos hasta Mallorca, pero se desestimó hacerlo dado que era una aventura demasiado compleja.

Ninguna de las exposiciones organizadas por La Caixa en España ha requerido tantos esfuerzos y medidas de seguridad como ésta. Se ha colocado una puerta de entrada y cierre complementaria y cada cuadro tiene un sensor de alarma individual. Los circuitos de vigilancia electrónica y de cámaras se han reforzado. Las rutas internas de los agentes de seguridad para controlar a los visitantes también se han incrementado notablemente.

La exposición El espíritu sublime, integrada por 20 pinturas y 43 dibujos y grabados, procedentes del citado museo de Oslo, al que el pintor donó al morir 1.000 telas, 15.000 ejemplares de obra gráfica y 4.500 acuarelas y notas, estará abierta en el rebautizado Caixaforum, el Gran Hotel de Palma, hasta el 7 de enero y no se trasladará a otra capital de España.

En la instalación, en lugar destacado, al final de un túnel de portales simulados, figura, solo, otro munch estelar, Rojo y blanco, de 1894, su cuadro de las dos mujeres enfrentadas, misteriosas apenas perfiladas. Al otro extremo de esta galería recreada, en un diálogo meditado, también en soledad, se exhibe el contrapunto, un grabado mortuorio, lúgubre y bello, una de las madonnas, de 1895-1902.

"No pinto lo que veo sino aquello que vi", anotó Munch, que se centró en "las personas vivas que respiran y sienten, padecen y aman". Estas máximas se plasman en las paredes del color de la piel de las berenjenas que albergan sus creaciones sin orden cronológico. El biógrafo del alma, le llaman al autor que llegó a ser longevo, contra los pronósticos y su época, porque superó dramas históricos y la gripe española de 1919, que mató a más gente en Europa que la primera gran Guerra Mundial.

Josep de Conrado, director general de la fundación y de la Obra Social de La Caixa, reseñó ayer por la tarde que Munch "supo ver el mundo a través de una cortina de lágrimas" y que creó algunos de "los verdaderos iconos de modernidad". El filósofo Rafael Argullol, en un largo estudio que aparece en el catálogo, escribe que Edvard Munch labró "una fisiología del alma", con especial fijación en "los instantes en los que el gesto o la expresión contienen comprimida toda la carga de la pasión humana".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006