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Tribuna:

Un maestro del realismo

Naguib Mahfuz es a El Cairo lo que Benito Pérez Galdós a Madrid. Pero también ha sido a la sociedad egipcia del siglo XX lo que Balzac y Zola fueron a la francesa del XIX, y no acaba ahí la cosa, porque logró condensar en su producción literaria movimientos estéticos que en Europa se sucedieron durante décadas. Entre 1939 y la revolución egipcia de 1952 Mahfuz publicó 11 novelas, muchas por entregas, y casi todas en la tradición realista del siglo XIX. Entre las más logradas se encuentran Tras la celosía (1946) y El callejón de los milagros (1947).

Tras la independencia de Egipto en julio de 1952, Mahfuz dejó de escribir durante algunos años. El silencio que mantuvo entre 1952 y 1959 se debió a su convicción de que la literatura servía necesariamente para denunciar un orden político, social y sobre todo económico, indeseable. Si no había necesidad, entonces tampoco hacía falta literatura. En 1956, sin embargo, apareció la Trilogía de El Cairo, tal vez su obra más famosa. Compuesta por Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera, Mahfuz la había escrito antes de la revolución de julio de 1952, pero no se había decidido a publicarla. La historia de una familia cairota desde comienzos del siglo XX hasta los años cuarenta, con algunos elementos autobiográficos, le convirtió en una celebridad literaria en todo el mundo árabe.

Al observar la complacencia que se instalaba en la sociedad bajo el régimen de Nasser, Mahfuz volvió a escribir, ahora con mayor empleo de claves simbólicas. En Hijos de nuestro barrio (1959) noveló la historia de las religiones. Bajo los cinco personajes que habitan sucesivamente un mismo barrio, Mahfuz retrató a Adán, Moisés, Jesucristo, Mahoma y un último engendro: el del pensamiento científico, tal vez encarnado en Newton. Las versiones de las historias de los personajes anteriores van consolidándose y convirtiéndose en mitos para las siguientes, de manera que se compone un mapa de la mitificación del hombre por el hombre, desde la expulsión del paraíso hasta la adoración de la tecnología.

Miramar (1966), en la misma línea, se publicó por entregas en el periódico Al-Ahram. Aquí Mahfuz abandonó El Cairo y también la voz narrativa en tercera persona, y los sustituyó por Alejandría y por los monólogos interiores de cuatro personajes. Con esta novela llena de desencanto anticipó la depresión nacional que sufrió Egipto después de la Guerra de los Seis Días en 1967. A partir de entonces comenzó una fase más heterogénea. En algunas obras, como Amor bajo la lluvia (1970), volvió al realismo de sus primeras obras, mientras que en Charlas de mañana y tarde (1987) recorrió 200 años de la historia de su país mediante un curioso catálogo de personajes. El Premio Nobel de literatura no le frenó, ni tampoco la puñalada que le asestó un fanático en la puerta de su casa junto al Nilo, en El Cairo. Naguib Mahfuz, casi ciego del todo y prácticamente sordo, siguió escribiendo hasta al final.

Fernando Castanedo es escritor y crítico literario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de agosto de 2006