Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Relevo en Cuba

El exilio tranquilo está en España

Representantes de dos generaciones diferentes de cubanos residentes en Madrid debaten el futuro de una isla sin Fidel

Cuando la televisión cubana difundió el pasado 1 de agosto la proclama de Fidel Castro en la que delegaba el cargo en su hermano Raúl, los exiliados en Miami lo festejaron como si fuera el fin del castrismo. En España no hubo celebraciones, al menos públicas. Los exiliados cubanos en este país no tienen el mismo perfil exaltado que los habitantes de a llamada Pequeña Habana de Miami. Ni los que llegaron en los años sesenta por razones políticas, ni los que han venido a trabajar hace unos meses. Es un exilio tranquilo.

La mayoría de los miles que fueron llegando a España, huyendo de la Cuba castrista, tuvieron una buena acogida en nuestro país, donde tenían lazos familiares históricos que les sirvieron para su adaptación residencial y profesional. Y los cubanos que se quedaron fueron formando parte del tejido social, económico y profesional del conjunto de los españoles. Nombres cubanos son frecuentes en el mundo profesional de la medicina, la banca, la cultura, la hostelería y la empresa. Y uno de los grandes capitanes de empresa de España es de origen y formación cubana: Leopoldo Fernández Pujals, fundador de la cadena Tele Pizza y actual presidente y mayor accionista de Jazztel.

"No esperamos nada de Raúl, es como si Fidel estuviera de vacaciones", dice Dailine González

Fernando Fernández espera que paguen quienes tengan las manos "manchadas de sangre"

El Centro Cubano en España, en la madrileña calle de Claudio Coello, es un punto de encuentro para los exiliados políticos de la isla. Allí se celebran habitualmente reuniones y conferencias, además de festejar con los más de 320 miembros las fiestas patrióticas anteriores a la Revolución castrista. No hay ningún recuerdo en sus paredes sobre la revolución, pero sí para los iconos del exilio, como Gloria Estefan y Andy García.

En una de las mesas, Fernando Fernández, propietario del centro, acaba de terminar un fricasé de pollo (guiso de patatas y pollo). Fernández abandonó la isla en 1967 y no guarda rencor hacia el comandante: "No le deseo la muerte a nadie, soy cristiano". A sus 74 años no piensa regresar a su ciudad natal de Bayamo, al sur de la isla. "Yo no quiero volver, pero sí quiero tener la libertar de poder ir y que mis nietos vean dónde nacimos", dice tranquilo. Lo que sí le gustaría en caso de una caída del régimen es "que los que tengan las manos manchadas de sangre paguen por ello".

Antonio Peláez, de 70 años, tampoco quiere volver: "El trauma de ver destrozado todo lo que dejé en 1960 sería muy duro". Peláez, ex presidente del Centro Cubano en España, no cree que pueda haber diferencias entre los exiliados y los habitantes de la isla: "Entre los cubanos no nos peleamos". Si se produce un cambio político espera que "se ajusten cuentas según la Constitución de 1940". La opinión de Peláez sobre los hermanos Castro no es precisamente de afecto. Pero el exilio veterano en España no tiene un líder al que apoyar en caso de una transición en Cuba. Desde la muerte de Jorge Mas Canosa, en 1997, se han quedado sin una cabeza visible. Fernández fue el director en Madrid de la Fundación Cubano Americana de Mas Canosa: "No hay nadie como Jorge".

Emilio García, de 41 años, pertenece a otra generación. Llegó hace dos años y su salida de Cuba no fue por motivos políticos. Es uno de los más de 60.000 cubanos que viven en España. "Aquí la adaptación es fácil para nosotros", dice García, que identifica así los problemas del régimen: "No han sabido evolucionar, no han rectificado los errores y Raúl no tiene el carisma de Fidel". García, natural de Banes, al este de la isla, cree que la transición será lenta pero que "la solución la tienen que tomar desde dentro. Los de fuera [Miami] tendrán mucho que demostrar. Todos tendremos que ceder un poco para poder completar el cambio, EE UU incluido".

Parecido argumento es el de Eduardo Fernández. "En Miami están como locos y supongo que muchos querrán volver, porque como en casa no se está en ningún sitio", comenta mientras trabaja en la reforma de su bar en el madrileño barrio de Chueca. Fernández, de 40 años, no espera una transición pacífica. "Sin lucha no hay cambios", dice, pero no guarda resentimiento hacia el régimen: "El rencor está en la Pequeña Habana". En el mismo barrio, Yulien, de 27 años, prefiere no entrar en detalles. Sigue con el complejo de que "siempre hay alguien que te espía". Con temor afirma: "Esperamos cambios, pero que no le pase nada malo a la gente de dentro".

En un local que pretende reflejar el típico restaurante cubano trabaja Dailine González. Lleva ocho meses en Madrid. Dailine conoce bien a la oposición interna. Su hermano colabora con el Proyecto Varela, del opositor Oswaldo Payá. "Hay gente muy contenta", dice. Cuando llamó a su marido a Santiago de Cuba no comentaron mucho por el miedo a las escuchas, pero él le dijo: "La papa está caliente". Dailine habla de una alegría contenida, pero advierte: "De Raúl no esperamos nada, es como si Fidel estuviera de vacaciones. Los americanos se acabarán metiendo pero los cubanos no están enfrentados". Por lo que ha podido hablar con el resto de cubanos en España, la gente está esperando pero nadie sabe qué puede pasar.

Joaquín Mulen no tiene dudas sobre el futuro inmediato de la isla: "Habrá continuidad en todas las cosas". Mulen, de 37 años, trabaja como presentador de programas culturales en la televisión cubana y se encuentra en Madrid estudiando un posgrado, antes de regresar a La Habana en 2007. "Lo lógico y coherente es que siga la revolución y la batalla de las ideas". De esa batalla hablaba el primer comunicado leído por Carlos Valenciaga cuando anunció la enfermedad de Fidel. Valenciaga es uno de los hombres que podrían renovar la dirección del partido, en opinión de Mulen: "Él y Randy Alonso son jóvenes muy válidos y de los más veteranos me quedo con Carlos Lage".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006