Reportaje:El gran escaparate de Internet

El videoclub del universo se llama Youtube

Un sitio de Internet se convierte en sólo un año en un escaparate global donde cada día más de seis millones de personas ven 100 millones de vídeos profesionales y caseros

La embarazada Paula, residente en Pensilvania (Estados Unidos), cuelga sus ecografías para que las vea su familia en Chile; el estudiante Álex, antes de que el papamóvil saliera de Valencia, publicó un vídeo musical de Benedicto XVI; el profesor Leo filma y difunde las sentadas contra la carestía de la vivienda. La embarazada, el estudiante y el profesor tienen una cosa en común: publican sus imágenes en youtube.com. Cada día seis millones de personas ven 100 millones de vídeos en esta página. Las redes sociales de comunicación están cambiando las reglas del juego. En apenas un año, Youtube se ha convertido en la videoteca universal.

Todo empezó con una fiesta. La de Chad Hurley y Steve Chen en febrero de 2005, que acabó mal. O bien, según se mire. Su vídeo de la farra era demasiado largo para enviarlo por correo electrónico a sus amigos. De su frustración surgió la idea: un sitio muy grande donde cualquiera pudiera enviar y ver cualquier vídeo. Eso era en 2005; hoy se cuelgan 65.000 vídeos nuevos al día, gracias, fundamentalmente, a la popularización de la banda ancha en los hogares.

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Youtube es fácil de usar y, además, gratuito. Para ver los vídeos o enviarlos a otras personas por correo electrónico no hay siquiera que registrarse, aunque sí para colocarlos en la página. En pocos minutos el vídeo está en la Red listo para ser visto por cualquiera y cuando quiera. Duran de cinco segundos a más de veinte minutos, y su temática es variada: vídeos domésticos, cortes de informativos, remezclas de filmes, parodias, cortos, anuncios... Todo lo imaginable, para lo bueno, para lo malo y para lo intrascendente.

Antes de que Materazzi aterrizara en Roma con la Copa del Mundo de fútbol, en Youtube se podía ver un juego con Zidane dando cabezazos a los que se acercaran; los mejores hachazos del italiano o las otras expulsiones del francés. En Youtube se encuentra de todo; es lo mismo que se decía de Google, pero en imágenes.

Los visitantes del servicio, aparte de mirar, pueden colocar sus creaciones, votar las de los demás y comentar o enlazar los archivos a otras páginas y hasta enviarlos desde un teléfono móvil para compartirlos con sus allegados o con el resto del mundo. En España es el undécimo sitio más visitado y el decimonoveno en el mundo, según el medidor de audiencias Nielsen NetRatings. Youtube no tiene fronteras idiomáticas: para ver imágenes no hace falta saber leer.

A las once de la mañana, Álex Barros salió de su casa con la cámara al hombro. Regresó a la hora de comer. Se pasó media hora editando el vídeo y 20 minutos después estaba en Youtube. Este estudiante de 17 años narra la visita del Papa a Valencia. "Quería mostrar, sin opinar, lo que vi cuando llegó Benedicto XVI". En cinco días recibió 400 visitas. Barros, que quiere estudiar informática y realización cuando termine bachillerato, dirige sus cortos, como un audiovisual sobre una joven paralítica cerebral que recorrió el Camino de Santiago, comercializado por La Tierra Hoy. Gracias a Youtube puede difundir sus creaciones.

Youtube también sirve de escaparate promocional. El único vídeo español entre los 100 más vistos es Opá, yo viazé un corrá. Ha recibido 3,6 millones de visitas en tres meses. El Koala, autor de la canción y protagonista del vídeo, no sabía "querá ezó der Yutú". Un desconocido lo vio en una web y lo puso en Youtube. Gracias a este internauta anónimo, El Koala ha vendido más de 40.000 copias. Hay otros ejemplos. Como la campaña de la MTV Amo a Laura o el episodio piloto de la serie Nobody's watching, que fue cancelado por la NBC antes de su estreno. Año y medio después el piloto apareció en Youtube y recibió 300.000 visitas en 15 días. Ahora se la disputan varias cadenas, incluida la NBC.

"A los medios de comunicación les ha salido un feroz competidor, una sociedad que produce y consume sus propias imágenes, que no está dispuesta a ser homogeneizada por el poder. En los sesenta empezó la lucha social para reapropiarse de las tecnologías de comunicación. Hoy, esa lucha se ha hecho adulta", opina Leónidas Martín, profesor de vídeo en Bellas Artes (Barcelona) y autor de estudios sobre la evolución de los usos sociales de la tecnología.

El fulgurante crecimiento de Youtube aún no se ha transformado en un beneficio económico, aunque a la empresa de Chen y Hurley no le faltan novias. Otros grandes le han copiado, como Google y Yahoo! Desde hace un año, en Europa funciona DailyMotion, un intento francés para no hacer más anglosajón Internet. Acaba de estrenar un servicio que muestra directamente los contenidos del país desde el que se accede.

Pero Internet nació para saltarse el localismo. Alfredo Salazar, ingeniero chileno de 34 años, vive y trabaja en Pensilvania (EE UU). Su mujer se ha quedado embarazada, pero el resto de la familia reside en Chile. Youtube fue la solución para que su gente viera las ecografías de la gestación. Ahora, Paula se ha marchado dos meses a Chile. Ella colgará las imágenes y será Alfredo el que siga la evolución de su hijo/a por Internet. La familia Salazar emplea Youtube como medio de comunicación.

Bodas, bautizos, comuniones pueblan Youtube, y cualquier cosa que ocurra, universal o local. Desde mayo centenares de personas se han manifestado en las ciudades españolas para protestar por el precio de la vivienda. Las sentadas, convocadas por SMS y e-mail, tienen capítulo propio en el sitio. El profesor Leónidas Martín es también el autor del vídeo que, bajo la canción de Jaume Sisa Qualsevol nit pot sortir el sol (Cualquier noche puede salir el sol) se proyectó al terminar la última manifestación de Barcelona. Martín recogió testimonios de los participantes desde treintañeros mileuristas hasta parejas mayores que emplean más de un sueldo a pagar el alquiler. "Creo que refleja la diversidad del problema. No sólo son jóvenes", explica este profesor registrado en Youtube desde el principio, "cuando sólo había 150 personas". Para Martín, Youtube es su megáfono reivindicativo.

A estas alturas, Jesucristo pasea en pañales por Los Ángeles. Va cantando I will survive mientras los peatones le miran con caras de decir ¡Jesús, Jesús! En un cruce, un autobús chafa a Jesucristo. I will survive ha recibido más de un millón y medio de visitas, además de los cientos de veces que ha circulado, en un boca oreja digital, por correo electrónico. Javier Prato, argentino de 29 años afincado en Los Ángeles, y tres amigos lo rodaron en un día. Como en el caso de El Koala, tampoco ellos lo colgaron en Youtube. "Fue la gente que admira nuestro trabajo", dice Prato. Este realizador empezó filmando a su familia. Ahora edita y produce anuncios y vídeos musicales, y la fama le ha llegado a través de una gigantesca sala cinematográfica que, hasta hace un año, no existía. youtube.com, se ha convertido en la videoteca universal.

Enséñame el dinero

Los dueños de Youtube serían multibillonarios si cobraran un céntimo por visita; pero no cobran ni eso. Tampoco tienen mucha publicidad. ¿Dónde está el negocio? El éxito ha llegado tan rápido que no estaban preparados para conseguir ingresos. De momento, la firma inversora Sequoia (la misma que respaldó a Yahoo! y Google) les financia con 9 millones de euros, a cambio de un trozo de la empresa. Pero ver 100 millones de vídeos al día significa una gran banda ancha de transmisión que, según la industria, le cuesta a Youtube 315.000 euros al mes.

Youtube tiene lo importante: las visitas; ahora faltan los ingresos. Poco a poco van saliendo; desde el más tradicional (anuncio de películas, como Los Piratas del Caribe) a otros adaptados a esta página: la cadena NBC tendrá un canal en Youtube para promocionar sus series, después de haberles demandado por violar los derechos de autor. El fenómeno ha pillado a todos por sorpresa, pero la forma de hacer dinero es uno de los problemas que quedan por resolver.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de julio de 2006.

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