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Reportaje:

En busca de Ítaca

El escritor Félix Grande y el director Francisco Suárez estrenan en el Festival de Mérida una versión surrealista del viaje homérico

Fusión de fusiones con tendencia a lo excesivo. Era lo que se desprendía del espectáculo Ítaca, que el jueves se estrenó en el 52º Festival de Teatro Clásico de Mérida con dirección de Francisco Suárez y versión del escritor Félix Grande. El público, que acogió muy bien el espectáculo, pudo ver cómo por el escenario transitaban de la mano surrealismo y Odisea homérica, nazis y gitanos, baile y cante flamenco con música melódica, cabaré y estética hindú, el Tío Sam y estética kantoriana, distanciamiento brechtiano y revista populachera. Era un montaje planteado a base de binomios fantásticos que en más de una ocasión funcionaban, y el Teatro Romano se llenaba de magia y esa sensibilidad tan especial que las gentes del teatro reconocen en Suárez; pero también los hubo absurdos, y en muchas ocasiones innecesarios, porque el espectáculo duraba mucho más de lo deseable (casi tres horas), y abusaba el director de bailables y cantábiles.

Parece ser que el mal tiempo de noches anteriores impidió que Suárez, quien ha estrenado cinco veces en Mérida, hiciera los ensayos previstos. Él reconoció que lo visto no era el espectáculo final ni el que llegará al Teatro Español de Madrid en noviembre.

El montaje es la segunda parte de un trilogía en la que está embarcado el director. Primero fue el Romancero gitano lorquiano, en el que trataba la situación de este pueblo en la Guerra Civil española. Ahora, Suárez ha puesto la mirada en el sufrimiento del holocausto gitano en la II Guerra Mundial. Luego quiere abordar Pigmalión, de Bernard Show, donde se habla de clases sociales "en una sociedad en la que los gitanos tenemos poca cabida", dice Suárez.

"Ítaca es un testimonio emocionado a mi gitanidad siempre señalada, a todos los que luchan por regresar a su tierra, y también es una rabiosa reacción contra el imperio de la ignorancia y el terror de los que invaden países pisoteando los derechos más sagrados", afirmó ayer el director en presencia del poeta Félix Grande, siempre comprometido con la causa gitana y denunciando que sólo exista un libro dedicado al genocidio gitano.

La acción se centra en Ítaca en una estación a la que ha llegado una familia que va a ser deportada al campo de concentración. Allí, el jefe de estación, llamado Homero, les lee la Odisea y todos se identifican con los personajes del libro por el mismo e imperativo deseo que tuvo Ulises de ir a su hogar.

El montaje cuenta con un buen reparto, marcado también por fusiones insólitas, en el que destacaron Guillermo Montesinos, Miguel Molina, Antonio Medina, Alicia Agut, la bailaora Alegría Suárez, la gran Viky Lagos, Macarena Vargas con su fuerza gestual y una deliciosa Esperanza Roy convertida en un trasunto de Marilyn Monroe que actuó con su perro Lolo en brazos: "Ha trabajado más veces y va teniendo un buen currículo". Con todos ellos, el compositor y cantaor Juan de Pura al frente de 16 músicos y cantantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de julio de 2006