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Valencia se prepara para recibir al Papa

Hileras de inodoros portátiles que ocupan avenidas enteras, miles de fuentes provisionales conectadas a la red de agua potable, estructuras metálicas para soportar pantallas de vídeo y altavoces, un espectacular escenario en plena Ciudad de las Artes y las Ciencias, adornos en balcones, farolas... Cualquier persona que visite estos días Valencia ha de esforzarse mucho para no darse cuenta de los preparativos con vistas a la llegada del papa Benedicto XVI.

A los valencianos no hace falta que nadie se lo recuerde. Especialmente a los que desde hace dos meses acceden o salen a la ciudad por el Sur. En esta zona está el puente de Monteolivete, que separa el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe y el planetario de L'Hemisfèric. Sobre esta vía que conecta los dos márgenes del antiguo cauce del Turia se ha levantado la imponente estructura que soportará el altar y los espacios reservados para autoridades. El puente es una vía muy transitada que lleva cortada al tráfico desde el 6 de mayo.

Los conductores han ido buscando itinerarios alternativos, aunque los atascos se mantienen pese al continuo despliegue de policía municipal en los alrededores. Lo peor, sin embargo, se prevé para el próximo fin de semana, cuando se cerrarán a la circulación unos cinco kilómetros cuadrados y cinco estaciones de metro. Las administraciones valencianas han echado el resto para la ocasión. La consigna que ha trasladado tanto la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, como el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y el de la Diputación, Fernando Giner, es que se gastará "lo que haga falta" para garantizar el éxito.

Toda esta entrega no ha sido generalizada. Aunque las voces críticas son minoritarias, se han dejado sentir. Los más comedidos han sido grupos cristianos de base. Más ruidosos han sido los colectivos ciudadanos como Jo no t'espere, el grupo que ha promovido una campaña de apostasía. La plataforma Laïcitat en acció, por su parte, ha solicitado al Síndico de Cuentas y al de Agravios en la Comunidad Valenciana el coste en fondos públicos de todo el encuentro. Otro grupo, mucho más silencioso, es el integrado por los miles de valencianos que abandonarán la ciudad hasta que puedan recuperar la rutina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de julio de 2006