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Alan García apuesta por aliarse con Chile, Brasil y EE UU

El presidente electo de Perú asegura que no quiere ser el "anti-Chávez" de América Latina

La integración comercial con Brasil, Chile y EE UU y la puesta en marcha de programas para paliar la pobreza son las dos líneas básicas sobre las que el presidente electo de Perú, el socialdemócrata Alan García, iniciará su mandato el 28 de julio, según explicó ayer en Lima. El líder del Partido Aprista Peruano, que reiteró que es partidario de la pena de muerte para violadores y asesinos de niños, rechazó convertirse en el "anti-Chávez continental".

El líder socialdemócrata defiende la pena de muerte para violadores y asesinos de niños

En una reunión con varios enviados especiales extranjeros, celebrada ayer en la capital peruana, el vencedor de las elecciones presidenciales del pasado domingo se mostró más conciliador que en ocasiones anteriores con su homólogo venezolano Hugo Chávez, aunque subrayó que las relaciones entre ambos países serán buenas en la medida en que no haya injerencia venezolana. "Si alguien me declara la guerra, yo le declaro la paz". A continuación, García trazó las líneas maestras de lo que será la política exterior peruana de los próximos cinco años, que estará marcada por la economía.

"Quiero firmar un Tratado de Libre Comercio con Brasil", subrayó el futuro mandatario peruano, quien apostó por el eje transoceánico Atlántico-Pacífico como foco de integración regional con especial atención en Chile y apuntó a la necesidad de que Suramérica adopte una moneda común. García confirmó que pretende introducir modificaciones en el tratado comercial firmado por el presidente saliente, Alejandro Toledo, pero que todavía debe ser ratificado por el Congreso.

Sobre sus relaciones con Washington, García negó cualquier tipo de ayuda de EE UU a su candidatura, "entre otras cosas, porque si hubiera recibido su apoyo habría perdido las elecciones". García negó haber recibido la felicitación telefónica de George W. Bush y confirmó haber conversado con el rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Es en el área interior donde el líder socialista ha anunciado los mayores cambios, tanto en lo político como en lo social. García se reunirá hoy con representantes del Gobierno japonés para reactivar créditos congelados que permitan llevar agua potable -uno de los pilares de su campaña- a poblaciones del interior del país. Además, y a imitación de modelo chileno, el Estado abrirá una línea de microcréditos para pequeñas y medianas empresas.

Mención aparte merece la ratificación del presidente electo peruano de que debe aplicarse la pena de muerte a los violadores y asesinos de menores. En la actualidad, sólo rige para los delitos de terrorismo y traición a la patria. "Estamos viendo hechos terribles y delitos dolorosos. Yo soy abogado y socialista. El 90% de la población pide la pena de muerte para la violación y asesinato de niños y no creo que sea atentar contra la humanidad ni la civilización", dijo.

García quiere además que el presidente pueda disolver el Congreso -"digámoslo en positivo: que convoque al pueblo a las urnas"- para que la Cámara se renueve a mitad del mandato presidencial y no, como sucede ahora, coincidiendo con el final de los cinco años del periodo presidencial. Aunque el líder socialista asegura que la medida pretende hacer que los votantes participen más, lo cierto es que su partido, el PAP, es la segunda fuerza en un Congreso muy fraccionado, donde el principal grupo es la nacionalista Unión Por el Perú del ex militar golpista Ollanta Humala.

García no pudo dar detalles de cómo tratará de lidiar con un Congreso que puede obstaculizar su mandato, y se limitó a decir que es habitual que los congresistas cambien de bando a menudo durante una legislatura. Con Humala se mostró contemporizador: "No creo que quiera desestabilizar. Las elecciones han sido un buen comienzo en su carrera política".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de junio de 2006