Reportaje:

El juego literario del Apocalipsis

Los escritores analizan el valor literario del último libro de la Biblia coincidiendo con el estreno de una versión nueva de 'La profecía'

Vade retro a las supersticiones que envuelven al 666 como el número del Anticristo, según el Apocalipsis. Vade retro a los prejuicios que envuelven la lectura con la que se cierra la Biblia. Y para conjurar esos miedos, tres escritores dan claves del valor y las aportaciones literarias del último libro del libro de los libros. Para empezar, dice Jesús Ferrero, "hay que recordar que el Apocalipsis junto con los cuatro evangelios son libros que llegaron hasta nosotros en griego, y en rigor conforman un capítulo más de la literatura griega y occidental".

Es una escritura oracular que revela un número maldito cuya cifra coincide hoy en el calendario: 6 del 6 del 06. Algo que ocurre una vez al siglo, pero que tiene tantas interpretaciones como la misma cifra. Combinación que ha sido aprovechada por la industria cinematográfica para estrenar en todo el mundo La profecía, de John Moore, nueva versión de aquella película ya clásica de Richard Donner de hace 30 años.

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6-6-6, el día del 'Anticristo'

Texto sagrado, canto épico, drama sinfónico, delirios y alucinaciones de un loco, pirotecnia verbal, surrealismo adelantado a los tiempos. Son algunas de sus definiciones. Y Ferrero da más argumentos para que sea leído como literatura: "Aunque la escenografía resulta tan babilónica como griega, la puesta en escena parece más bien griega, con coros incluidos". El libro representa uno de los géneros más antiguos de la humanidad: el registro mántico, del género profético, agrega Ferrero, cuya novela El secreto de los dioses está inspirada en el mito apocalíptico escrito por san Juan en la isla griega de Patmos. "Visto en términos modernos, casi parece una pieza de música serial, que va repitiendo, una y otra vez, las frases más sangrantes y presuntamente reveladoras de todos los libros de la Biblia", escribió Ferrero en el prólogo de una edición del Apocalipsis que editó Muchnik en la colección La Biblia laica.

"Pocos libros, del género que sean, contienen un compendio tan completo como elocuente de lo que es y debe ser un libro", asegura el escritor, teólogo y sacerdote Pablo d'Ors. Aclara que comprende que "por su estilo tan barroco como ajeno a la sensibilidad contemporánea sean muchos los lectores que lo abandonen o encuentren siquiera reticencias para acercarse a el". O que se sientan expulsados por los símbolos y las imágenes y, a cambio, recomienda soñar con lo que suscitan.

Tenebrismo, alegorías y símbolos que anidan en 22 capítulos, cuyo clímax terrorífico emerge en el capítulo 13: "Vi subir del mar un monstruo que tenía 7 cabezas y 10 cuernos". Y tras apariciones de dragones, adoraciones, blasfemias, señales de fuego y un duelo entre monstruos, el vencedor ordena la colocación de una marca que tanto ha desvelado y nutrido la fantasía durante centurias: "Esto requiere sabiduría: el que entienda, descifre el número, que es número de hombre. Ese número es el 666". Hasta la llegada del Juicio Final.

Una historia ilegible si no se considera la tradición que le precede, advierte Alejandro Gándara, autor de Las primeras palabras de la creación (premio Anagrama de Ensayo 1998). Esa tradición, añade, "arranca del libro del Génesis y recorre toda la literatura veterotestamentaria. Fuera de este contexto, y en tiempos de ignorancia, el libro puede ser tenido por esotérico, pero no es más que una culminación simbólica y emblemática del submundo que late bajo lo creado".

Una de las virtudes más notables, según Ferrero, es que "a pesar de ser un texto saturado de citas es al mismo tiempo canto épico, con argumento, con personajes y con sentido. Personajes que se mueven en el drama apocalíptico, casi ahogado en su propia pirotecnia". Para d'Ors, "es el último libro de la Biblia pero el primero para empezar a vivir".

Seamus Davey-Fitzpatrick, en una imagen de <i>La profecía,</i> de John Moore.
Seamus Davey-Fitzpatrick, en una imagen de <i>La profecía,</i> de John Moore.

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