Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Más y con más empleo

La economía española viene creciendo muy por encima de la media europea con dos fundamentos claros, que son la construcción y el consumo. Si hubiera que resumir en una sola causa la elevada tasa de crecimiento económico, bastaría con mencionar el bajo coste del dinero en la Unión Económica y Monetaria, que favorece el endeudamiento de las familias para la adquisición de vivienda o para la compra de otros bienes de consumo. El Banco de España calcula que la tasa de crecimiento del PIB en el primer trimestre del año ha sido del 3,5%, una información que, si bien todavía responde a datos incompletos, avanza ya que seguimos manteniendo un ritmo elevado. Se trata de un crecimiento, como se puede comprobar cuando se examina la Encuesta de Población Activa, que mantiene el dinamismo en la creación de empleo. Pero -y ésta sería la novedad- ahora aparece en el horizonte inmediato la amenaza del precio del petróleo como factor de desaceleración de la economía.

El riesgo de que el precio del petróleo acabe afectando al crecimiento no debe ser minimizado, sobre todo si durante los próximos meses se mantiene por encima de los 65 dólares por barril. El daño se trasladará en primer lugar al aumento del coste del transporte; pero la cadena de efectos indirectos se puede prolongar fácilmente hasta los servicios y la agricultura. De ahí que en momentos de fuerte tensión de precios se eche de menos la ausencia de una política de aumento de la eficiencia energética -disminuir el consumo de energía por cada unidad producida- y haya que lamentar al mismo tiempo la inoperancia de los planes de ahorro energético aprobados por sucesivos gobiernos, incluido el muy voluntarista y anodino del Ejecutivo actual.

El mercado laboral, en cambio, responde de forma espléndida al empuje del crecimiento económico. Más allá de las tasas de paro momentáneas, que reflejan subidas o bajadas de décimas en función de motivos estacionales o causas circunstanciales, el hecho es que la tasa de desempleo está aproximadamente en el 9%, cuando en 1997 alcanzaba el 20%; y esta reducción del paro se ha conseguido a pesar del fuerte crecimiento de la tasa de actividad, es decir de la población en edad de trabajar.

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La tasa de creación de empleo se mantiene en ritmos del 5%, inalcanzable para cualquier economía desarrollada. Si además la reforma laboral firmada por el Gobierno y los agentes sociales reduce el lado oscuro del mercado, que es la elevadísima temporalidad -un tercio de la población ocupada- se habrá resuelto seguramente uno de los factores que amenaza la estabilidad de crecimiento. Porque se trata de eso: de crecer más y con mejor empleo.

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