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Entrevista:Víctor Yúshchenko | Presidente de Ucrania

"Hay que abrir Chernóbil a quien quiera verlo"

Víctor Yúshchenko repite la palabra "triste" al evocar el accidente nuclear de Chernóbil, hace 20 años, en una entrevista con EL PAÍS en plena negociación para resucitar una coalición naranja. El presidente se reafirma a favor de la OTAN y por la lengua ucrania como única estatal, pese a que el ruso es el idioma de la mayoría en el Este y del 30% de la población

Una imagen de la Virgen María y un tapiz representando a un grupo de líderes cosacos cuelgan de las paredes en el atiborrado despacho de Víctor Yúshchenko, donde los objetos, ya sean libros antiguos o estatuas, parecen ser culturalmente significativos y a veces tienen un aire folklórico y hasta casero, como una manta peluda sobre el diván. Yúshchenko bebe una infusión en una de esas jarras que se venden como recuerdo de la revolución de la que fue coprotagonista. En las elecciones parlamentarias del pasado marzo, su partido, Nuestra Ucrania, (13,95%), quedó detrás del bloque de Yulia Timoshenko (22,29%) y del rival común de ambos, Víctor Yanukóvich, cuya lista (Regiones) alcanzó un 32,14%.

"Ucrania será un socio permanente de la UE como país de tránsito de energía desde Rusia y de otros territorios alternativos"

"La sensación de tragedia pasa y hay un deseo de mirar de otra forma lo que es Chernóbil y como puede adaptarse a la vida"

"Estamos preparados para un nuevo papel en los suministros de gas de Asia Central a Europa, a través del Caspio o del Cáucaso, vía Ucrania"

"Habrá una coalición 'naranja', pero será una coalición delicada, porque tenemos 243 diputados y cualquier desvío la puede desintegrar"

"Ucrania posee unos yacimientos de uranio únicos y puede cooperar en la elaboración del combustible nuclear"

"Yulia Timoshenko es muy sensata, productiva e interesante, pero puede causar muchos problemas si su actividad no se racionaliza"

"Experimentamos con éxito parautilizar un combustible de tecnología occidentalen nuestras centrales nucleares"

"La esencia de Ucrania pasa por la lengua ucrania; ese es uno de los fundamentos sobre los que se construye Ucrania"

Pregunta. Usted ha pedido a los países de la OTAN que aprueben ya un plan de acción para que Ucrania pueda ser miembro de la Alianza en 2008. ¿Influye el resultado de las parlamentarias o la política energética rusa en el ritmo de integración?

Respuesta. Si hablamos de la influencia de Rusia en el proceso de integración de Ucrania en la OTAN, yo preferiría que Rusia se expresara más abiertamente para que nuestra integración sea indolora y no perjudique a nuestras relaciones bilaterales. Entiendo que hay temas, que se refieren a la ubicación de las tropas, armamento y otras circunstancias, que pueden incrementar o hacer disminuir la tensión entre nosotros. Nuestra estrategia de seguridad nacional contempla la integración en la Alianza Atlántica y fue aprobada en el Parlamento, así que la decisión política está tomada, pero paralelamente hay otros mecanismos que pueden acelerar o frenar estos procesos. La iniciativa a la que usted alude refleja el calendario que Ucrania desearía.

P. Sin embargo, el partido Regiones no es partidario de integrarse en la OTAN.

R. El resultado electoral no conlleva cambios sustanciales en el rumbo de política exterior. Pueden surgir matices, pero nadie se plantea hoy la revisión del rumbo en función de los comicios. Si iniciamos un debate sobre defensa y seguridad, creo que las fuerzas que se incorporan al Parlamento comprenderán muy deprisa cuán delicada y complicada es la política de Ucrania en estos campos y la necesidad de integrarla en las concepciones europeas. En cuanto a la política energética de Rusia, ciertas tendencias allí pueden influir en nuestra economía y, en parte, en nuestra política, pero no en las decisiones básicas.

P. ¿Cómo valora la política energética de la UE hacia Rusia y Ucrania?

R. Europa ha sacado conclusiones de los incidentes de principios de año entre nosotros. Estas conclusiones obligan a los miembros de la UE a reexaminar su concepción del mercado. Ucrania será un socio permanente de la UE como país de tránsito de energía desde Rusia y de otros territorios alternativos. Queremos que nuestras redes de transporte de energía se adapten más a las concepciones del mercado energético europeo y por eso hemos intensificado nuestras consultas con la UE. Todos los países que experimentan el monopolio de suministros aspiran a la diversificación.

Por otra parte, creo que la oferta de servicios energéticos a Europa se vería reforzada si Rusia y Ucrania lograran regular sus relaciones mercantiles en el campo energético. Y estamos preparados para desempeñar un nuevo papel en los suministros de gas de Asia Central al mercado europeo, a través del Caspio o del Caúcaso, vía Ucrania.

P. Usted y su colega ruso, Vladímir Putin, trataron sobre la reintegración de la energía nuclear de ambos países. ¿Acaso no es esto cambiar una dependencia por otra?

R. Hablamos de otra cosa, de que Ucrania debe abordar de otro modo las posibilidades de su propio complejo nuclear, ya que posee unos yacimientos de uranio únicos y puede cooperar en la elaboración del combustible nuclear. No se trata de establecer una nueva forma de dependencia, sino de emplear combustibles que diversifiquen el mercado. Hemos hecho propuestas a los franceses para prolongar la vida de nuestros reactores. También hemos indagado sobre la posibilidad de abastecimiento de combustible nuclear en EE UU. Experimentamos con éxito para utilizar un combustible de tecnología occidental en nuestras centrales. En los campos que responden a sus intereses, Ucrania también puede colaborar racionalmente con Rusia.

P. ¿Cuáles son sus recuerdos personales sobre el accidente de Chernóbil, veinte años después?

R. El primero de mayo de 1986, paseaba con mi hija por las colinas de Kiev. Confeccionábamos ramilletes de flores sin saber que la atmósfera era radioactiva desde hacia más de cuatro días. En el centro de la ciudad nos quedamos a mirar una carrera ciclista. Por entonces, yo vivía sólo en Kiev y mi familia en el Este de Ucrania. El 27 de abril [un día después del accidente nuclear en la central] cuando iba a recogerla para que viniera a pasar las fiestas conmigo, vi a miles de automóviles y camiones que circulaban con escolta por la carretera. En aquella época, yo era jefe de departamento del banco republicano de Ucrania y a las familias de los dirigentes les prohibieron abandonar la capital para evitar el pánico. Yo no tenía mi propio hogar y ocupaba una habitación en un piso de 120 metros cuadrados en el norte de Kiev, donde residían tres familias. Era triste. Había polvo por todas partes y nadie sabía lo que pasaba. Por la mañana, cuando iba a tomar el autobús hacia el trabajo, los vecinos me decían: "Vitia [diminutivo de Víctor], ten cuidado, porque el polvo radioactivo es lo más peligroso y puedes enfermar". Había que ir a Prípiat [en la zona de Chernóbil], donde mi banco tenía una filial, a recoger el dinero. Yo quería ir pero, como responsable de los créditos, no era el especialista adecuado, porque a la zona radioactiva había que enviar un contable al frente de una brigada para retirar el efectivo y destruirlo. Ahora que ha pasado el tiempo, aquella historia resulta triste y lo más triste de todo es cómo se ignoraron los intereses de los ciudadanos de a pie. Podrían no haberse enterado del accidente durante semanas.

P. ¿Cuál es la principal conclusión que puede sacarse hoy sobre aquel accidente nuclear?

R. Chernóbil no debe contemplarse como algo del pasado, sino como un hecho de la realidad ucraniana actual. No es algo fatal. Eso ya pasó. Posiblemente lo más importante hoy es cómo volver Chernóbil a la vida, tal vez de forma científica o experimental, al principio, o tal vez mediante proyectos de fácil aplicación, cómo abrir Chernóbil a los que simplemente desean ver cómo está aquello después de la avería. Las autoridades deben cambiar de política y mostrar que el peligro de Chernóbil, pese a que continúa, no es tan fatal, y que se puede trabajar con él de forma racional y planificada, sin sentir un temor animal. Desearía que Chernóbil, tal como es, y tal vez Prípiat y esos pueblos abandonados y muertos que se encuentran por la carretera sean visitados por cuanta más gente mejor, porque verlos nos permitirá pensar de forma más consciente y moderna sobre lo que pasó. Además, hay tareas técnicas pendientes, como garantizar la seguridad de la central, guardar el combustible, ocuparse del bosque, construir el sarcófago; y hay que empezar ese trabajo cuanto antes. La sensación de tragedia pasa y hay un deseo de mirar de otra forma -más abierta, más consciente, más responsable-, lo qué es Chernóbil y cómo puede adaptarse a la vida.

P. Ucrania, a diferencia de Rusia, parecía un refugio para los perseguidos de las dictaduras postsoviéticas. Sin embargo, ustedes han deportado a una decena de uzbekos, acosados por el régimen de Tashkent.

R. La decisión de los jueces de deportarlos se basó en que esas personas no tenían estatus de refugiado ni permiso de residencia, pero no en un acuerdo con un determinado régimen político. Lo lamentable es que la opinión pública internacional y nuestros amigos occidentales ven la acción judicial de forma distinta. No ponemos en cuestión el principio democrático de la permanencia de refugiados en Ucrania, pero sucedió que esas personas, que de jure no tenían ese estatus, por circunstancias de la legislación nacional, fueron objeto de una decisión judicial, que no protestaron. Se juntaron varios episodios que abocaron en este final tan desagradable.

R. Alguien ha comparado a Yulia Timoshenko, su ex primer ministra hasta septiembre de 2005, con el uranio de una central nuclear, cuya energía debe ser encauzada de forma constructiva.

R. Estoy de acuerdo. Timoshenko es muy sensata, productiva e interesante, pero puede causar muchos problemas si su actividad no se racionaliza. Como con su decisión de suprimir 24 zonas económicas especiales, que nos hizo perder a muchos socios comerciales. Fue un ejemplo de lo que no hay que hacer. Y hay otros, como el intento de regular los precios administrativamente.

P. Cualquiera que sea el color del futuro gobierno, usted parece destinado a vivir a caballo entre los naranja y la oposición, representada por Víctor Yanukóvich, su antiguo rival.

R. Como dijo De Gaulle, la oposición es incómoda, pero también lo es Francia. Habrá una coalición naranja, claro que sí, pero será una coalición delicada, porque tenemos 243 diputados [para formar mayoría en una cámara de 450] y basta cualquier desvío para que se desintegre de nuevo. Para que eso no ocurra, debemos elaborar un contrato así [indica un grosor de varios centímetros con los dedos] que diga cómo avanzar hacia la UE, cómo integrarse en la OTAN, cómo privatizar la tierra y si reprivatizamos las empresas ya privatizadas. Debemos elaborar un documento que diga cuál es nuestra actitud ante el mercado económico con Rusia y sobre la compra del gas. Hay que enumerar los riesgos y dar respuesta a cada uno de ellos, sin apresurarse.

En lo que se refiere a la oposición, creo que aquí se necesita mi papel como presidente. Antes, en Ucrania, estar en la oposición significaba que eras invisible, que no te daban la palabra y que no tenías influencia. Yo quiero una oposición eficaz y no acorralada, que tenga oportunidad de influir en la calidad del trabajo de la Administración. Por eso, queremos una ley que establezca sus derechos. Demos a la oposición comités parlamentarios, como el de presupuesto, el de medios de comunicación, el de la lucha contra la corrupción, para que nos critiquen y nos corrijan.

P. Usted quiere ser presidente de toda Ucrania, pero hay muchas ucranias, y entre ellas una que habla ruso, ¿por qué deja que Rusia tenga el monopolio de esa lengua?

R. En Ucrania no existe una fuerza política que pueda hacer aprobar en el Parlamento la decisión de dar el estatus de segunda lengua estatal al ruso. Lo que tenemos es una demagogia electoral sobre la política lingüística. Otra cosa son los matices sobre el uso de las lenguas de las minorías en una u otra región. En este tema, actuamos según la Carta Europea (para las lenguas regionales o minoritarias). No menoscabamos los derechos lingüísticos de nadie. Es más, tenemos una política estatal de apoyo al desarrollo del medio lingüístico de las minorías, desde la frontera con Hungría, donde la lengua regional es el húngaro. En Crimea se especula mucho sobre el ruso, pero como presidente no he recibido quejas sobre el menoscabo de los derechos a emplear el ruso allí. En la constitución de Crimea se regula el uso del ruso como lengua regional, desde el preescolar hasta la educación superior y el problema allí es más bien el de la lengua ucrania, porque nosotros tenemos siete escuelas, los tártaros tienen catorce, y el resto, son en ruso.

P. Así que no ve la lengua rusa como segunda lengua estatal.

R. Esto no responde al estado de ánimo de la sociedad.

P. ¿Y en las regiones del Este, tampoco?

R. Mediante la política regional damos respuesta al empleo de cualquier lengua de las minorías, judía o griega, o la que sea.

P. Es decir, que la esencia de Ucrania pasa por la lengua ucrania.

R. Absolutamente. Ese es uno de los fundamentos sobre la que se construye Ucrania. La lengua ucrania es una de sus señas de identidad.

Para una versión ampliada de esta entrevista, ver www.elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de abril de 2006