Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
La interminable lista de espera diagnóstica

Mamografías con un año de retraso

La sanidad pública tiene demoras que superan el medio año para las pruebas diagnósticas más comunes

Más de 60.000 madrileños disfrutan hoy de su descanso dominical con una fecha fijada en un rincón de su cerebro: el día en que deben acudir al hospital para someterse a una prueba diagnóstica. Una situación, para muchos, "peor que saber que tienen que ser operados". "Cuando uno asume que será operado, ya conoce qué dolencia sufre y que se repondrá", explica Marciano Sánchez Bayle, presidente de la Asociación en Defensa de la Sanidad Pública. "Antes de la prueba diagnóstica, en cambio, existe la inquietud del qué tendré, de si será grave...", sigue Sánchez Bayle.

Pese a sus reducidas dimensiones geográficas, la Comunidad de Madrid es todo un mundo en lo que se refiere a las esperas para pruebas diagnósticas. Casi no existen dos casos iguales: cada área sanitaria, cada distrito, cada hospital e, incluso, cada servicio médico tiene su propia lista, con demoras muy distintas entre sí.

Aguirre ha prometido reducir a 40 días el examen de mamas para prevenir el cáncer

La región es todo un mundo en las esperas para pruebas médicas

La Consejería de Sanidad hace un año y medio que no informa públicamente de los datos de espera diagnóstica. Elabora regularmente un informe que resume la situación (la ley le obliga a ello) y que remite al Ministerio de Sanidad, pero no lo hace público porque no lo considera "fiable". "Los datos actuales, a la espera de la aplicación de nuevas medidas de gestión, no ofrecen una imagen real de la situación de las listas", repite Sanidad desde hace un año.

Ante las reiteradas demandas de la oposición de que hiciera público este informe, el consejero de Sanidad, Manuel Lamela, contestó con un gesto que sus compañeros del PP en la Asamblea de Madrid jalearon y sus oponentes del PSOE e IU calificaron de "numerito prepotente y denigrante con los pacientes": enviar a la Cámara regional una furgoneta con 50.000 folios conteniendo cientos de miles de datos en bruto de cada registro (preservando la identidad del paciente) de la sanidad pública.

EL PAÍS ha estudiado los últimos documentos enviados por Sanidad (en las últimas ocasiones, ya en soporte informático) para obtener una imagen cercana a la realidad. Los datos (ver cuadro) corresponden al segundo semestre de 2005. Han sido estudiadas las esperas media y máxima de la mayoría de los hospitales públicos de la región correspondiente a diciembre (en algunos casos, al haber datos incompletos, éstos se refieren a octubre o noviembre).

Las pruebas diagnósticas seleccionadas han sido las cuatro más habituales de las siete incluidas en la Lista de Espera de Consultas Externas y Pruebas y Técnicas Diagnósticas (LECYT), que es el sistema de contabilización que el Ministerio de Sanidad obliga a utilizar a todas las comunidades.

Los resultados reflejan esperas muy largas y muy dispares entre todos los hospitales y pruebas. Las mamografías, al igual que hace un año, siguen siendo las pruebas con mayor demora -por encima de los 200 días de media en tres hospitales- y demoras máximas que superan con creces el año. Le siguen las ecografías, los TAC y las resonancias magnéticas. No es posible hacer una relación por hospitales, excepto que el Doce de Octubre y La Princesa copan los primeros lugares en las cuatro listas.

"Nuestra experiencia también indica que hay una gran disparidad en las esperas según donde viva el paciente", afirma Sánchez Bayle. La organización que preside realiza desde hace una década un estudio similar mediante el sistema de pedir cita a distintos centros sanitarios. "Lo que hemos visto es que no hay avances significativos en ninguna prueba. Hay pruebas que mejoran en algunas zonas y otras empeoran, pero la situación se mantiene", añade.

La situación de las listas no cambia, pero el último año y medio ha sido intenso el debate político y las promesas para mejorar la situación. El inicio del debate lo marcó el propio Gobierno regional, que admitió que "las esperas diagnósticas son una de las asignaturas pendientes de la sanidad pública", según dijo Lamela poco después de acceder al cargo. En junio de 2004, la Asamblea creó una comisión de estudio sobre la materia, que terminó su labor hace cinco semanas, tras la comparecencia de 41 expertos, calificando las esperas como "social y médicamente inaceptables".

La presidenta regional, Esperanza Aguirre, también ha entrado en el debate con una promesa: reducir a 40 días, antes del verano, la espera máxima para una mamografía. Su Gobierno presupuestó 15 millones para acortar los plazos de ésta y otras pruebas. Sanidad también prepara un nuevo sistema de gestión que permita una reducción paulatina de las esperas.

El diputado Eduardo Sánchez Gatell, del PSOE, duda de la eficacia de estas medidas. "Aguirre y Lamela carecen de voluntad real de solucionar el problema de fondo, que es la eternización del proceso asistencial en su conjunto", dice.

"Hay que ver el recorrido del paciente desde que acude al médico de cabecera, al especialista, a la prueba diagnóstica y al quirófano como un proceso único, que se prolonga durante mucho más que un año. Lo que están haciendo Aguirre y Lamela es trocear el proceso para acortarlo en puntos muy concretos y presumir de unos resultados falsos. Lo que ocurre en realidad es que lo que se gana en una parte se pierde en la otra si no se ponen más medios", concluye.

Ajenos al debate político, miles de pacientes transitan cada día por los servicios de atención al paciente de los hospitales buscando un atajo a las largas esperas. "A veces parecemos los Reyes Magos", bromea una trabajadora de uno de ellos. "La gente llega angustiada, con meses y meses por delante hasta la cita que les han dado para la prueba. A veces parece como si desde la propia consejería no hubiera mucho interés en acortar los plazos, pensando que así se filtra a muchos pacientes, que se acaban yendo a la privada", sugiere.

"Nadie quiere darse cuenta de los efectos negativos que tiene esto para el conjunto de la sanidad pública: muchos pacientes acaban acudiendo a urgencias para que les hagan las pruebas más rápido, contribuyendo a su saturación. Otros, los que pueden, tiran de amigos o enchufes en los hospitales y los demás vienen cada día hasta que les colocamos en algún hueco. Al final no prima la eficiencia de la gestión, sino la forma en que cada uno se busca la vida", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de abril de 2006