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'La vida de nadie' y 'Guantanamera'

EL PAÍS presenta mañana, jueves, por 2,95 euros, la primera película de Eduard Cortés, y el viernes, por 5,95 euros, la última de Tomás Gutiérrez Alea

En la colección Cine en español coinciden esta semana la ópera prima del realizador catalán Eduard Cortés y la última película dirigida por el cubano Tomás Gutiérrez Alea. La vida de nadie fue el brillante principio de una carrera prometedora, mientras que Guantanamera supuso el epílogo de uno los más importantes realizadores cubanos. La vida de nadie (2002) es un drama basado en hechos reales sobre las mentiras de un apacible burgués, mientras que Guantanamera (1995) es una delirante y negra comedia de costumbres, que se ríe de disparates y corruptelas de la sociedad cubana.

El debutante Eduard Cortés eligió para su primera película la historia de la tragedia real de un médico francés que había asesinado a sus hijos, su mujer y sus padres al desvelarse que en realidad no era médico ni tenía ocupación alguna. Cortés ambientó la historia en España y eliminó sus partes truculentas, "de un modo limpio, claro, incluso aséptico, tremendamente lejos del dramatismo que late en la historia", según María Casanova en Cinemanía, lo que Mirito Torreiro en Fotogramas consideró que se consiguió gracias a "un guión eficaz y a unos actores estupendos de los que Eduard Cortés saca probablemente lo mejor que éstos pueden dar". Ángel Fernández-Santos lo corroboraba en EL PAÍS: "Es esencial el tacto y la sabiduría con que Cortés sitúa a José Coronado en el centro de una trama que le permite irradiar ganchos identificadores y convertir el vidrioso asunto de fondo en un suceso vivible y manejable desde las leyes de la cordura. Hace un gran trabajo Coronado, pero, frente a él, Adriana Ozores esculpe una réplica exacta, magistral, en el personaje de la esposa estafada y atrapada por la tela de araña de la locura de su marido. Y el gran dúo, escoltado por la magnífica Marta Etura, Roberto Álvarez y un reparto bien trabado, da consistencia a un filme que roza la blandura pero que la elude con ingenio y soltura". El jurado del festival de Valladolid premió la labor de Adriana Ozores, y el de Toulouse entregó su galardón a Marta Etura, "un descubrimiento", en opinión de Manolo Marinero en El Mundo. Para este crítico, La vida de nadie "es un trabajo inspirado y notable en el que la narración sostiene el ritmo hasta el conmovedor final".

Guantamanera, coproducción hispano-cubana dirigida al alimón por Tomás Gutiérrez Alea, fallecido poco después, y su ayudante Juan Carlos Tabío,y protagonizada por Carlos Cruz, Mirta Ibarra y Jorge Perugorría, obtuvo premios en Sundance, Gramado, España y Cuba, y logró un buen éxito de taquilla. "Cine fresco, inteligente, sutil, diáfano, humano, mesurado y simpático, que da una lección a todos aquellos que manejan grandes presupuestos para encubrir su falta de talento", según Kilian Cruz Dunne en Alerta. Para César Santos Fontenla, en Abc, Guantanamera es "una tan sugestiva como original road movie, que es a la vez una sátira sociopolítica tan implacable como ausente de cualquier veleidad de didactismo y, sobre todo, una declaración de fe en que el amor todo lo puede. [...] Una obra extraordinariamente imaginativa y divertida, a la par que patética y, en algún momento, atroz, que sus guionistas y realizadores han sabido tratar en clave de un peculiar humor negro que bordea lo macabro sin caer en ello y la crítica sin caer en el panfleto".

Tras el éxito internacional de Fresa y chocolate, Gutiérrez Alea y Tabío realizaron en Guantanamera "una comedia, incluso un sainete, pero también más que eso. Es un melodrama (con pinceladas de culebrón), una farsa (con pinceladas de gran guiñol) y un documento de viaje con fondos, personajes e imágenes de paso que despiden una fortísima sensación de verdad", según Fernández-Santos en EL PAÍS. Para Carlos Boyero en El Mundo, en Guantanamera "hay esperpento de primera clase, bondadosa y cordial mala hostia, fluidez narrativa, alegría de vivir y de sentir, gags de comicidad devastadora, música y musicalidad, y actores maravillosos en los que se percibe su complicidad con el director. [...] Es una película que deja buen sabor de boca y sonrisa radiante".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de marzo de 2006