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Amélie Nothomb describe en 'Biografía del hambre' su ávido apetito de "todo"

"Soy excesiva", afirmó Amélie Nothomb (Japón, 1967) hace unos días en Barcelona, en la presentación de su libro La biografía del hambre (Anagrama, en castellano, y Empúries, en catalán), un hilarante y sincero autorretrato literario en el que repasa sus insaciables y variopintos apetitos. Amélie Nothomb, hija de un diplomático belga, pasó la infancia viajando. China, Nueva York y la India fueron algunos de los destinos de su padre y escenarios de la niñez de la escritora. No obstante, dice haberse sentido siempre una nipona vocacional. "Todo lo que relato en este libro es cierto, pero no sé si supone una autobiografía verdadera, porque no es exhaustiva", dijo la autora, quien califica al hambre de "motor de la humanidad".

No sólo avidez de alimentos y sed de agua, que bebía por litros hasta que se le hinchaba el estómago, sino también de libros, amores, sensaciones y, en definitiva, de "todo lo que existe". "Soy la campeona de todas las categorías del hambre. Pronto me di cuenta de que tenía más hambre que los demás. Al final, resultó ser una ventaja, porque era la que obtenía más placer", se felicitó Nothomb, que, según cuenta, de pequeña cogía unas borracheras impresionantes. "Tenía un pacto con mis padres. Nos daban libertad absoluta mientras sacáramos buenas notas en el colegio. Fue un pacto muy peligroso", bromeó en referencia a su alcoholismo precoz.

Fetichista del chocolate

El libro arranca con un ejercicio de perplejidad. Nothomb reseña la existencia de Vanatu, un idílico archipiélago oceánico en el que sus habitantes están bien saciados por la generosidad de la naturaleza que les rodea. Lo que parece un don, es visto por aquellos isleños como una desgracia. La escritora no puede encajar la presencia de un lugar en el que no se pasa hambre. Ella confiesa tenerla siempre, especialmente de dulces. En la obra describe sus atiborramientos de chocolate como una experiencia sublime. "Soy una gran fetichista del chocolate y puedo comer cantidades monstruosas. Ni siquiera hace falta que sea bueno", admitió la autora sin ambages.

Paradójicamente, tanto su hermana como la propia escritora padecieron anorexia siendo adolescentes. "Mi hermana tenía 16 años y yo 13 cuando las dos dejamos de comer al mismo tiempo. Yo me curé. Ella, no. Empecé a salir de la anorexia a los 17 años gracias a la escritura. Al menos, eso creo ahora", comentó. Como si se tratara de un banquete, Amélie Nothomb se entregó sin medida a la literatura. "Estoy acabando mi libro número 58. Escribo unos tres al año. Los guardo en cajas, porque no todos se publican", concluyó la autora, que compareció ante los periodistas tocada con un espectacular sombrero negro y frotándose las manos por la comilona que le esperaba tras finalizar su intervención.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de febrero de 2006