Crítica:CRÍTICAS
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El psicoanálisis y sus trampas

Director-guionista que viene del terreno del cine independiente (por aquí le recordamos un filme inicial no despreciable, El informador, sobre el mundo de la bolsa en los noventa), Ben Younger cambia por completo de registro para proponer, en una comedia con momentos particularmente brillantes, una hipótesis considerablemente embarazosa para cualquier psicoanalista, amante del método freudiano y aledaños: qué pasa cuando una analista, judía, un poco mandona pero decididamente inteligente (Meryl Streep, bien, como es norma), descubre que una experiencia que alentó en una paciente (Uma Thurman, muy a gusto con un personaje construido a su medida) la toca no ya de cerca, sino en carne viva.

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Dirección: Ben Younger. Intérpretes: Uma Thurman, Meryl Streep, Bryan Greenberg, Jon Abrahams. Género: comedia, EE.UU., 2005. Duración: 105 minutos.

Este punto de partida, en una película hecha para públicos casi en la cuarentena, llena de golpes de efecto y con detalles particularmente logrados (ese portero negro, esa familia judía en plena acción) da muy buen juego durante buena parte del metraje de un filme. Pero no es lo que más importa, por lo demás, en una película que se ordena según el más bien rancio esquema de chica encuentra chico / lo seduce / se van a vivir juntos / la cosa no funciona / nuevo encuentro; o sea, lo de siempre. Pero como es bien sabido, la chicha de películas como éstas radica justamente no en su esquema base, sino en las modificaciones que éste propone.

Aquí hay varias: una, la relación Thurman / Streep, uno de los puntos fuertes de la función, que dos gatas viejas como ellas aprovechan al máximo. Otra es el cambio del, digamos, agente activo, aquí una mujer en la treintena larga, pija y con gustos muy poco de clase media, que se enamora de un chico con talento, pero con todos los problemas de un veinteañero que ni siquiera tiene casa propia: él es más bien el objeto que el sujeto del amor, con lo que supone de cambio con respecto al canon histórico del género. Y otra, en fin, la exploración en busca de la cotidianidad del amor, cualquier cosa menos confortable.

Con todo eso, Younger construye una comedia inteligente, más que llevadera, con personajes muy bien construidos y especialmente creíbles (¿quién renunciaría al amor de una mujer tan bella y contundente como Thurman, aunque las diferencias con el amante sean culturalmente abismales y vitalmente muy importantes?), aunque con un talón de Aquiles más que notable: agradecerá el lector que este crítico no le destripe la resolución de una historia en la que, por supuesto, también tiene mucho que ver la edad biológica de la protagonista, sus deseos de maternidad y todo lo que se puede colegir de ello.

Pero justamente en un final en el que el filme se juega toda su credibilidad, uno de sus personajes es castigado con la renuncia, una vuelta al esquema patriarcal que parecía, a lo largo del filme, un escollo fácilmente salvable por un guión que, por una vez, brillaba con sus toques de humor, sus retruécanos inteligentes y las más que ajustadas reacciones de sus personajes. Y es que, frente al deseo de los personajes, vuelve a erigirse el lugar común de la censura social... una lástima para una película hasta entonces llevada con mano segura y con unos actores sencillamente inmejorables.

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Bryan Greenberg y Uma Thurman, en <i>Secretos compartidos.</i>
Bryan Greenberg y Uma Thurman, en <i>Secretos compartidos.</i>

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