Reportaje:EL PAÍS | MOZART

Ópera y serenatas

EL PAÍS presenta el lunes y el martes 'Las bodas de Fígaro', y el miércoles, 'Las serenatas', por 2,95 euros cada entrega

Han pasado ya 50 años (exactamente en junio de 1955) desde la grabación en Viena de Las bodas de Fígaro, de Mozart, con Erich Kleiber al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena, y aún se mantiene como una de las primeras opciones discográficas (para mí la primera) de esta obra maestra de la música lírico-teatral. EL PAÍS la ofrece en dos partes, el lunes y martes próximos, al precio de 2,95 euros cada una, distribuyéndose, como es habitual, con el ejemplar del diario.

El contenido del lunes corresponde a los dos primeros actos y el del martes a los dos siguientes, con una versión concentrada, suprimiendo recitativos, que Santiago Salaverri ayuda a seguir gracias a una elaborada y precisa sinopsis argumental incorporada en el disco-libro del lunes. Estamos ante un acontecimiento, una referencia histórica, una de las joyas de la corona de esta colección que rinde homenaje a Mozart desde EL PAÍS, y a la que se incorporan el 27 de enero Le Monde, en la edición traducida al francés, y dos de los principales periódicos de Lisboa y Oporto en la edición portuguesa.

Es además la primera ópera que edita este periódico en sus colecciones dedicadas al universo de la música clásica. La elección no puede ser más acertada, no solamente por su importancia musical objetiva en el conjunto de las 22 óperas mozartianas, sino por las ventanas de aire fresco que aportaba al género lírico con sus reivindicaciones sociales y políticas, incorporadas a través de la incisiva utilización en el libreto de Lorenzo da Ponte del texto de Beaumarchais que servía de partida para la composición por iniciativa del propio Mozart. Lo cierto es que, como escribe Rémy Stricker, en Realidad y ficción en las óperas de Mozart, "la obra de Mozart es más inofensiva que la de Beaumarchais, pero también es mucho más sensible". Y al final los dos autores se realimentaron en su prestigio, y ahí siguen, tan frescos como una lechuga. Es importante resaltar asimismo que se trata de la primera colaboración de Mozart con el libretista Lorenzo da Ponte. Fruto de ella surgió una trilogía operística magistral con la creación de Don Giovanni y Così fan tutte. En próximas semanas las dos se incorporarán a esta colección, que culmina con otra ópera mozartiana, La flauta mágica, reuniendo así las, para muchos, mejores cuatro óperas del autor salzburgués, aunque la prudencia hace extensible la distinción también a Idomeneo, El rapto en el serrallo y La clemencia de Tito.

"¿Qué tiene esta ópera que no tienen las demás?", es el tentador título de un artículo de Santiago Martín Bermúdez en el volumen del martes. No voy a revelar pistas, para no privarles del placer del descubrimiento, pero las razones y sinrazones de esta fascinación se encuentran con más facilidad si la interpretación es de primer nivel artístico. Es el caso de la que se comenta, con un elenco de cantantes en el que están, entre otros, Lisa della Casa como Condesa de Almaviva, Cesare Siepi como Fígaro, Hilde Gueden como Susana, Suzanne Danco como Cherubino, Alfred Poell como Conde de Almaviva o Fernando Corena como Don Bartolo. Y el gran Erich Kleiber en uno de sus testimonios imperecederos, sacando de la Filarmónica de Viena y de los cantantes una lectura vitalista, maravillosamente fraseada y acentuada, expresiva a la vez que melancólica, clasicista en el más puro estilo, percibiendo con lucidez y ternura la fusión entre la música y la vida, con sus juegos de aspiraciones y realidades. La grabación procede del prestigioso sello Testament, toda una garantía en la recuperación de interpretaciones históricas.

Con el entusiasmo puesto en Las bodas de Fígaro cabe el peligro de someter al olvido, o como mínimo a un segundo plano, el disco-libro de serenatas del miércoles con dos títulos tan emblemáticos y populares como son la Pequeña música nocturna k525 o la Haffner k250. Sería un error esta relegación, porque las lecturas de ambas poseen hermosura a raudales.

La Orquesta de cámara checa hace gala de una elegancia en el fraseo tan serena en la primera como la Orquesta de cámara de Praga despliega un empuje contagioso en la Haffner. Y es muy adecuado y lúcido el texto sobre las obras del comentarista sevillano Pablo del Pozo, que acompaña al séptimo capítulo biográfico mozartiano firmado por el historiador Robbins Landon.

El director de orquesta Erich Kleiber.
El director de orquesta Erich Kleiber.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de enero de 2006.

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